De 15.000 a 120.000 plantas: la apuesta familiar que revoluciona la frutilla en Misiones
¿Sabías que un sistema de cultivo puede multiplicar la producción de frutillas en un 800%? Descubrí cómo una familia misionera revolucionó su campo y qué necesitás para empezar.
En plena pandemia, una familia de seis hermanos decidió volver al campo de sus padres y apostar por un sistema que hoy promete transformar la producción de frutillas en Misiones. La semihidroponía, que combina sustratos inertes, riego tecnificado y cultivo bajo cubierta, los llevó de 15.000 a 120.000 plantas en solo cinco años, y ahora buscan inspirar a más productores.
¿Qué es la semihidroponía y por qué cambia las reglas del juego?
A diferencia del cultivo tradicional, la semihidroponía no utiliza suelo agrícola. Las plantas crecen sobre sustratos inertes, reciben agua y nutrientes mediante un sistema de riego controlado y permanecen protegidas dentro de invernaderos. Esto permite trabajar en dos o tres niveles, multiplicando la cantidad de plantas por metro cuadrado y, en consecuencia, la producción.
“La principal diferencia es que aprovechás muchísimo mejor el espacio. Al tener las plantas elevadas podés trabajar en dos o tres niveles dentro del mismo invernadero. Eso significa más plantas por metro cuadrado y, por lo tanto, mucha más producción”, explicó Nicolás Rolón, uno de los impulsores del emprendimiento familiar.
Menos pérdidas por el clima y más comodidad laboral
En una provincia donde las lluvias intensas, el granizo y la humedad son enemigos constantes, el cultivo bajo cubierta ofrece una ventaja decisiva. “Las plantas están protegidas de las lluvias y del granizo. Además, es mucho más sencillo controlar la aparición de plagas y hongos porque el ambiente donde crecen está mucho más controlado”, afirmó Rolón.
Ese manejo preciso también reduce el uso de agroquímicos y mejora el estado sanitario de los cultivos. Pero hay otro beneficio que pocas veces se menciona: las condiciones laborales. Al estar las plantas a la altura de la cintura, los trabajadores no tienen que pasar el día agachados, lo que hace que el trabajo sea mucho más saludable.
¿Cuánto cuesta iniciarse en este sistema?
El principal desafío sigue siendo el costo inicial. Instalar un invernadero completamente equipado, de 14 por 50 metros, con unas 6.000 plantas y todo el sistema de riego, demanda una inversión cercana a los 10 millones de pesos. Sin embargo, Rolón asegura que el desembolso se amortiza con el tiempo: “Las estructuras duran muchos años, se necesita menos mano de obra y la producción aumenta considerablemente”.
Además, existen alternativas para abaratar costos. “Lo más caro es el hierro para los invernaderos, pero también se puede trabajar con madera. Nosotros incluso adaptamos plásticos de silobolsa para algunas canaletas y funcionó muy bien”, comentó.
Una misma planta puede producir durante varios años
Otra gran diferencia con el cultivo tradicional es la vida útil de las plantas. Mientras que en el suelo la frutilla suele producir una sola temporada, con la semihidroponía pueden extenderse hasta dos o tres años. “Nosotros renovamos las mismas plantas, las podamos, las volvemos a preparar y pueden producir durante dos o tres años”, explicó Rolón.
Esto les permite producir desde marzo hasta diciembre, aunque en verano prefieren parar porque la calidad de la fruta cambia con el calor.
Misiones aún depende de frutas importadas
A pesar del crecimiento, Misiones todavía no logra autoabastecerse. “Todavía entra muchísima fruta desde Corrientes. Misiones no logra autoabastecerse, así que necesitamos muchos más productores”, aseguró Rolón. Por eso considera que la semihidroponía puede ser una herramienta estratégica para reducir esa dependencia.
El próximo desafío: tomates cherry y morrones
Tras alcanzar las 120.000 plantas de frutillas, la familia Rolón decidió frenar la expansión para consolidar lo logrado. “El próximo paso será volver a producir tomates cherry y sumar morrones”, adelantó.
Finalmente, Rolón alentó a otros productores a animarse: “Los costos iniciales asustan, pero después todo son beneficios. Se utilizan menos productos, mejora la calidad, aumenta la producción y el consumidor recibe una fruta que dura mucho más. Vale la pena apostar por este sistema”.