De 300 a 500 cabezas cada 60 días: la recría intensiva que transformó un campo correntino
No fue solo más pasto ni más hacienda: hubo un cambio en la alimentación que aceleró los tiempos y multiplicó la producción.
Los productores Enrique Cristaldo, su hijo Enrique y Fernando Albornoz transformaron su establecimiento Luna del Caldén, en Mburucuyá, con un modelo de recría intensiva que multiplicó la producción y acortó los plazos de entrega. En pocos meses, pasaron de entregar unos 300 animales cada cuatro meses a cerca de 500 cada 60 días, con unas 600 cabezas en encierre total.
El cambio se basó en más infraestructura, alimentación diferenciada, manejo sanitario intensivo, tecnología y un esquema de financiamiento mediante ventas a término. Hoy, el establecimiento se convirtió en una referencia para el Gobierno provincial y en un ejemplo del modelo que impulsa el Ministerio de la Producción para diversificar, ampliar la escala y proyectar la ganadería correntina hacia nuevos mercados.
Cómo trabajan
Cristaldo explicó que el establecimiento funciona con un esquema de trabajo conjunto con Albornoz y su familia, donde cada uno asumió responsabilidades específicas. Albornoz se encarga de la comercialización de la hacienda y aportó el conocimiento sobre las ventas a término realizadas mediante consignatarias.
Esa alternativa les permitió establecer compromisos de entrega futura y obtener financiamiento para sostener el proceso. Según Albornoz, tras analizar plazos y requerimientos nutricionales, determinaron que lo más conveniente era trabajar con entregas a cinco meses, estructuradas en cuotas, de modo que al momento de concretar la entrega todavía quedara una cuota pendiente para cubrir eventuales ajustes.
Más infraestructura
La transformación también se reflejó en la infraestructura. Luna del Caldén tiene 250 hectáreas de pasturas distribuidas en diez potreros y cuenta con instalaciones para alimentación ubicadas cada tres potreros. El sistema arrancó con una suplementación parcial y luego evolucionó hacia un encierre total, para acelerar la recría y alcanzar los kilos pactados en períodos más cortos. En ese encierre están actualmente cerca de 600 cabezas, que pasan por distintas etapas de clasificación y alimentación antes de llegar al peso de entrega.
Tres niveles de alimentación
El rodeo se organiza desde el ingreso de los animales, que se compran principalmente en la zona y se clasifican según peso y necesidades nutricionales. Cristaldo detalló que usan tres niveles de alimentación, con concentraciones de proteína del 22, 18 y 16 por ciento, según el tamaño y estado de cada animal. Los más livianos reciben la ración de mayor concentración y, a medida que aumentan de peso, pasan a esquemas de menor concentración. El objetivo es adecuar la alimentación a cada categoría y acompañar el crecimiento hasta alcanzar el peso pactado.
Fondos externos y capital propio
El sistema comenzó a implementarse durante el primer semestre del año pasado y, por los resultados, el establecimiento avanzó con nuevas operaciones. Albornoz señaló que, después de la primera experiencia, fueron incorporando más ventas a término y aumentando progresivamente el volumen comprometido. Actualmente, están próximos a concretar la sexta operación bajo este mecanismo. El financiamiento externo se complementa con capital propio y con la comercialización de animales disponibles, otra fuente de recursos para sostener el movimiento permanente de hacienda.
En líneas
Los animales ingresan con 140 a 160 kilos y se entregan con aproximadamente 200 a 215 kilos. El manejo sanitario incluye controles periódicos, vitaminas cada 30 días y vacunación contra distintas enfermedades. La estructura también dispone de balanza y lector de caravanas, y los productores proyectan incorporar un mixer y mayor equipamiento para acompañar el crecimiento.