De 5 hectáreas a 4 millones de kilos: la historia de la familia que desafió al desierto y conquistó mercados

¿Cómo pasaron de una chacra de 5 hectáreas a mover 4 millones de kilos de fruta al año? La historia de los Stelzer, una familia que convirtió el trabajo en la Patagonia en un negocio exportador.

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De 5 hectáreas a 4 millones de kilos: la historia de la familia que desafió al desierto y conquistó mercados
De 5 hectáreas a 4 millones de kilos: la historia de la familia que desafió al desierto y conquistó mercados

En 1953, una pequeña parcela en Regina marcó el inicio de un imperio frutícola que hoy mueve casi 4 millones de kilos de fruta por año. Lo que comenzó como una chacra familiar se convirtió en una empresa integrada que produce, empaca y exporta a varios países. Pero, ¿cómo lograron semejante crecimiento?

La familia Stelzer tiene sus raíces en la Patagonia. Guido Stelzer, el abuelo de Marco, recibió en herencia una chacra de cinco hectáreas en la tercera zona de Regina. Esa oportunidad lo llevó a dejar su empleo en el Pozo 1 de Plaza Huincul y mudarse con toda su familia. Su hijo Arturo llegó a la ciudad con apenas ocho meses y se crió entre frutales.

Arturo trabajó desde joven en distintas chacras y en un galpón de empaque. En 1975 ingresó como portero en la Escuela Nº 85, pero nunca abandonó la producción. "El sueldo de la escuela nos daba estabilidad, pero la chacra era nuestro proyecto", recuerda.

El salto a la empresa

La empresa creció de forma gradual. Primero alquilaron chacras, luego en 2004 compraron el establecimiento actual de Frutas Stelzer y en 2011 inauguraron el galpón de empaque. Hoy trabajan 55 hectáreas en seis chacras: cuatro propias, una en comodato y otra de un hermano de Marco.

Allí producen alrededor de dos millones de kilos de fruta por año, pero el volumen procesado es mucho mayor. Junto a la producción de terceros, alcanzan casi cuatro millones de kilos anuales. Esto genera empleo para 22 personas de forma permanente, que durante la cosecha se elevan a 50.

Infraestructura y tecnología

La empresa cuenta con cinco cámaras frigoríficas con capacidad para 5400 bins, lo que les permite conservar la fruta y abastecer a sus clientes durante gran parte del año. "Antes vendíamos toda la fruta en cosecha. Después entendimos que guardar calidad y salir más adelante hacía la diferencia", afirma Arturo.

El riego es principalmente por manto, aunque dos chacras tienen aspersores para protección contra heladas. Aún no instalaron mallas antigranizo, pero proyectan hacerlo gradualmente para reducir el impacto climático.

Producción y exportación

Las peras representan el 60% del volumen y las manzanas el 40%. Alrededor de la mitad de las manzanas y entre el 60% y 70% de las peras se exportan. Parte de los envíos se realiza mediante una exportadora regional y llegan a Bolivia, y en temporadas anteriores también a Brasil y Perú.

"La exportación nos obliga a mejorar todos los años y eso termina beneficiando también al mercado interno", destaca Marco. En el mercado interno, la producción llega a Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba, además de abastecer Río Negro.

Innovación y nuevos proyectos

Santiago, el hijo menor de Arturo, aportó una nueva visión tras viajar a Europa. Allí conoció tecnologías de clasificación y empaque, pero sobre todo otra forma de pensar la fruticultura. "Te das cuenta de que siempre hay algo para mejorar. No podés quedarte con lo viejo", sostiene.

Esa experiencia los llevó a incorporar maquinaria y proyectar inversiones. Además, ya plantaron una hilera experimental de pistachos y proyectan con frutales de carozo. También participan en un proyecto de snacks de fruta y analizan turismo rural.

"Durante muchos años nos encerramos en la fruta fresca y nos olvidamos de todo lo que podía hacerse alrededor", reconoce Marco.

A pesar de los desafíos, Marco es optimista: "Es una actividad con mucha adrenalina. Hay días malos y días buenos, pero el trabajo de la tierra nunca se va a reemplazar. Lo importante es seguir innovando, porque el que entiende los cambios encuentra nuevas oportunidades".

La familia tiene un objetivo claro: "Queremos que la próxima generación encuentre una empresa mejor que la que recibimos nosotros", afirma Marco. Y aunque la escala cambió, la convicción sigue intacta: crecer sin perder el vínculo con la tierra.

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