De abogado en el Congreso a emprendedor en la Patagonia: el giro inesperado que cambió su vida para siempre
¿Puede una simple invitación cambiar por completo el rumbo de una vida? La historia del abogado que dejó todo en Buenos Aires para construir un imperio de negocios en la Patagonia y encontrar el amor en Barcelona.
Una audiencia judicial rutinaria desencadenó una cadena de eventos que llevó a un abogado porteño a abandonar su exitoso estudio frente al Congreso y reinventarse por completo en el sur argentino. Lo que empezó como un viaje ocasional terminó convirtiéndose en una nueva vida entre El Calafate y Barcelona, con una historia de amor de por medio.
Ignacio “Nacho” Alcántara llevaba una vida ordenada y exigente en Buenos Aires. Su estudio jurídico, ubicado en un piso frente a la Plaza Congreso, era el centro de jornadas laborales que se extendían desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche.
La estabilidad profesional que había construido con años de esfuerzo parecía inquebrantable. Sin embargo, un encuentro fortuito durante una audiencia en la Cámara de Trabajo marcaría el inicio de un cambio radical.
¿Cómo empezó todo?
Todo surgió de un accidente con un cliente en esa audiencia. “Él vivía en Calafate y nos hicimos muy simpáticos con una persona que pensábamos que era la secretaria del juzgado, pero terminó siendo la jueza”, recordó Alcántara en diálogo con TN. De esa anécdota nació una invitación para conocer la Patagonia.
Ese viaje, que decidió hacer junto a su hija, coincidió con su proceso de separación. La experiencia en El Calafate fue decisiva. “Cuando conocí El Calafate, me enamoré”, confesó. Lo que había comenzado como una visita ocasional se transformó en viajes periódicos para atender una creciente cartera de clientes en Santa Cruz.
El punto de quiebre y la mudanza definitiva
Las amistades que forjó y el volumen de trabajo hicieron cada vez más difícil mantener la dinámica entre la capital y el sur. La logística se volvió insostenible. Finalmente, en 2014, tomó la decisión de instalarse de manera permanente en El Calafate.
Alquiló una oficina en la inmobiliaria más antigua de la ciudad para su estudio jurídico. Solo seis meses después, el dueño del local le hizo una oferta inesperada: quedarse con el negocio. De la noche a la mañana, Alcántara se encontró administrando una cartera de más de 300 clientes inmobiliarios.
Este fue el primer paso en su transformación hacia el emprendedurismo multifacético. Dividió los espacios del local: mantuvo el estudio jurídico en uno, la inmobiliaria en otro y, como sobraba un tercer espacio, decidió abrir un bar. “Como sobraba un local, abrí un bar porque me gusta la gastronomía”, explicó.
Una cadena de negocios en el fin del mundo
Ese primer proyecto gastronómico evolucionó, tras la pandemia, en un restaurante. Pero no se detuvo allí. En paralelo, lanzó una agencia de turismo y, más recientemente, inauguró el café Nómade Cowork, un espacio pensado específicamente para los nómades digitales que eligen la Patagonia para trabajar de manera remota.
Hoy, su vida transcurre entre la Patagonia y España, gestionando este diversificado portfolio de negocios que incluye el estudio jurídico, la inmobiliaria, el restaurante, la agencia de turismo y el café cowork.
La historia de amor que nació en Barcelona
En medio de esta vorágine emprendedora, apareció también una historia personal que daría un nuevo rumbo a su vida. El vínculo surgió a través de Sebastián, un amigo de la infancia de su pueblo natal, Germania, en el noroeste bonaerense.
Reencontrados en Buenos Aires tras años sin contacto, este amigo lo invitó años después a Barcelona. Allí, comenzó a organizarle cenas para presentarle a su mejor amigo, un chef argentino llamado César, que curiosamente nunca asistía. “Todas las noches me organizaba cenas para presentarme a su mejor amigo, pero nunca llegaba”, recordó entre risas.
El encuentro finalmente ocurrió justo antes de su regreso a la Argentina. “Cuando ya me estaba por volver, apareció César”. La conexión fue inmediata. Con el tiempo formaron pareja y comenzaron a construir una vida a dos orillas del Atlántico, entre España y la Patagonia.
Negocios compartidos y nuevos horizontes
La sociedad con César también se trasladó al ámbito comercial. Juntos llegaron a tener cuatro pizzerías-cafeterías en Barcelona junto a un socio cordobés. Tras el fallecimiento de ese socio, cerraron los locales y ahora preparan un nuevo proyecto: una vinería con tapas típicas de Cataluña.
Alcántara, además, mantiene su actividad jurídica, actuando como un “puente” para argentinos con trámites en España y viceversa. A sus 51 años, asegura que no piensa en retirarse. Su próximo “bebé”, como lo llama, es la concesión para desarrollar turismo invernal en un cerro cercano al glaciar Perito Moreno, con un mirador privilegiado.
Entre sus planes también está escribir un libro con cuentos inspirados en su infancia en Germania y crear una organización para rescatar perros de la calle. Un giro inesperado en lo personal lo llevó a ser designado tutor legal de un niño de cuatro años, un rol que asume con profunda responsabilidad. “Siento que es el broche de oro para mi carrera”, afirmó.
Su reflexión final resume su filosofía: “El destino genera oportunidades para quienes saben crear cosas nuevas. Si me hubiera quedado en mi pueblo, no habría podido desarrollar nada de esto”.