De armar paquetes de galletitas a liderar una empresa que compite con el mundo
Perdió a su papá a los 8 años y arrancó armando paquetes de galletitas. Hoy, desde General Pico, su empresa fabrica 2.500 metros diarios de PVC y compite con gigantes del mundo. Cómo hizo para no irse del pueblo y dar trabajo a 70 familias.
Roberto Nicolás, fundador de Aisplac, pasó por el podcast Ya No Hay Acá y contó cómo pasó de ser un pibe que juntaba changas en General Pico a comandar una de las firmas de construcción en seco más grandes del país. La historia, sin vueltas, es un manual de resiliencia: a los 8 años perdió a su padre en un accidente de tránsito y quedó como hermano mayor de cuatro, sostenidos por su madre, René.
«Desde muy pibe me gustaba trabajar. En la esquina de mi casa estaba el supermercado de Guarido e iba a armar paquetes de galletitas en cajas de chapa a los 7 u 8 años. Lo hacía porque me gustaba estar con la gente», recordó.
Mientras cursaba la secundaria en el Colegio Industrial de General Pico, ya viajaba a Munro en tren para traer ropa y revenderla, o distribuía productos en despensas locales. La educación formal no le cerraba —de hecho, terminó el secundario recién hace unos años, como promesa a su madre— pero los negocios le salían solos.
El primer gran paso: los cielorrasos desmontables
El germen de Aisplac nació a los 17 años, cuando aprendió el oficio de la obra seca con un profesor del secundario y vio una oportunidad en los cielorrasos desmontables, un sistema casi desconocido en la región, donde reinaban el machimbre y el yeso.
Con los primeros cheques que le prestó su madre para comprar insumos en Buenos Aires, arrancó sus primeras obras en Ingeniero Luiggi, Realicó y Huinca Renancó. Después se sumaron sus hermanos mellizos, Francisco y Fernando.
La logística de esos años tenía su costado épico: «Compramos un colectivo 1114, le abrimos el portón, cargábamos la mercadería y nos íbamos a las obras. Un colectivo era más barato que una camioneta; nos servía de casa, de transporte y de todo», evocó entre risas.
De la colocación a la industria: fabricar en La Pampa
Con el tiempo, el volumen de obras creció y Roberto entendió que había que reconvertirse: pasó de la colocación intensiva a la distribución y fabricación masiva. El salto grande fue cuando decidió fabricar sus propios paneles de PVC en General Pico, dejando de depender de proveedores externos.
Importó su primera extrusora desde China —no sin dolores de cabeza hasta dar con la fórmula técnica adecuada— y la producción se multiplicó. Hoy Aisplac tiene cinco líneas de producción de última tecnología en la Zona Franca de General Pico, con capacidad para fabricar 2.500 metros diarios de PVC que se distribuyen de norte a sur del país, llegando a Misiones, Salta, Santiago del Estero y Entre Ríos.
La empresa cuenta con más de 12.000 m² de galpones, flota propia, presencia en Zona Franca, exportación e importación, y ya incursiona en energía solar y arquitectura modular.
Competir con el mundo sin irse de Pico
A pesar de repartir su tiempo entre Argentina y España, y de viajar seguido a Asia para incorporar tecnología, Roberto mantiene firme su compromiso con La Pampa: «A mí no me gustan las cosas fáciles. Hubiera sido mucho más sencillo irme a Buenos Aires, Rosario o Córdoba, pero quiero dar trabajo en Pico. ¿Cuántas empresas en la zona pueden sostener a 70 personas de forma directa más todo el empleo indirecto?».
Hoy la firma compite mano a mano con productos importados de China y Brasil, ofreciendo cortes a medida para evitar desperdicios y certificaciones como INTI y SENASA. Entre sus unidades más nuevas están los parques de energía solar para grandes empresas y cooperativas, y los módulos habitacionales y comerciales de vanguardia.
La historia de Aisplac demuestra que, con visión comercial, cultura de trabajo y persistencia, se puede construir un referente industrial de alcance nacional desde el corazón de La Pampa.