De basural a pulmón verde: así resucitó el ex zoológico de San Antonio

¿Te acordás del viejo zoológico de San Antonio? Tras años de abandono, ahora es un parque botánico con estanque, huerta y hasta hoteles para insectos. Conocé cómo lo lograron y qué podés hacer ahí.

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De basural a pulmón verde: así resucitó el ex zoológico de San Antonio
De basural a pulmón verde: así resucitó el ex zoológico de San Antonio

Lo que durante casi tres décadas fue un basural a cielo abierto y un símbolo de abandono en Fray Mamerto Esquiú, hoy renació como un **Parque Botánico** que promete convertirse en un imán para las familias y un aula al aire libre. La Municipalidad local inauguró hace semanas la obra de puesta en valor del ex zoológico de San Antonio, un predio de una hectárea y media que ahora invita a recorrer senderos, descubrir un estanque lleno de vida y aprender sobre compostaje.

La transformación no fue casualidad: demandó varios años de trabajo, más de 20 operativos de limpieza y una inversión sostenida en el tiempo. Pero el resultado, según explicó a Revista Express el secretario de Producción y Ambiente, Lucas Perelló, apunta a recuperar la memoria colectiva no solo de la comunidad local sino de toda Catamarca, poniendo el foco en la educación ambiental y el respeto por los animales.

¿Qué había antes en el predio?

El terreno tiene una historia particular. En sus orígenes, una vecina lo cedió al municipio para que funcionara un zoológico, que operó entre 1986 y 1994. Sin embargo, tras el cierre definitivo, el lugar cayó en el olvido y se convirtió en un foco de contaminación: electrodomésticos en desuso, neumáticos y escombros se acumularon durante años, mientras las jaulas y boleterías eran vandalizadas.

La recuperación comenzó en 2020, bajo la gestión del entonces intendente y actual senador Guillermo Ferreyra, y continuó con la intendenta Alejandra Benavidez. Los vecinos, hartos de la inseguridad y la suciedad, fueron el motor inicial. “Eran tres camiones, dos máquinas y más de 30 operarios, los días sábado principalmente, donde empezaron a hacer toda esta limpieza primaria de chatarra y de materiales voluminosos”, detalló Perelló.

¿Cómo se construyó el parque?

La premisa fue intervenir lo menos posible. En lugar de cemento o asfalto, los senderos se delimitaron con tierra, flejes metálicos recuperados y madera del propio terreno. Los árboles que cayeron o fueron retirados por problemas fitosanitarios se transformaron en bancos, canteros, peldaños de escaleras y mobiliario para un anfiteatro a cielo abierto.

Hasta los “hoteles de insectos”, dispositivos para albergar polinizadores, se ensamblaron con tarimas y sobrantes de obra. “Los techitos son de chapa que nos quedaron de los flejes que hicimos la caminería… la lógica es poder reutilizar los recursos que tenemos e intervenir de manera lo menos nociva en el territorio posible”, destacó el funcionario.

El parque también cuenta con réplicas de fauna prehistórica, aunque algunas fueron retiradas por vandalismo y están siendo reparadas en los talleres municipales. Las que quedaron se usan como recurso pedagógico para reflexionar sobre la extinción de especies.

Un ecosistema que late

El corazón del lugar es un estanque de riego que antes usaban los productores agrícolas de la zona. Hoy alberga garzas, charatas, gallaretas, pájaros carpinteros y anfibios, y se nutre de la acequia principal de la red de riego. El equipo busca visibilizar el impacto de la basura domiciliaria en los cauces de producción.

En el área donde estaban las jaulas, el suelo degradado se está recuperando con compostaje japonés (bokashi), que combina restos de poda, estiércol de caballo aportado por vecinos, melaza de caña, carbón orgánico y cáscaras de huevo o frutas de carros gastronómicos. La técnica acelera la fermentación sin malos olores.

¿Cuánto cuesta visitarlo?

El Parque Botánico abre de miércoles a domingo, de 9 a 13 y de 14 a 18. La entrada general cuesta $2.000 para mayores de 10 años; los menores entran gratis. Los guías acompañan el recorrido y explican los procesos biológicos, la historia del lugar y las especies mediante códigos QR.

La gestión ya planifica talleres culturales y ambientales para el público general: reproducción de suculentas, huerta familiar, paisajismo y bordado. Con un plan de desarrollo por etapas, el espacio busca consolidarse como un punto de encuentro que une la memoria de San Antonio con la educación ambiental práctica.

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