De Carter a Trump: ¿Por qué EE.UU. no puede escapar de las guerras en Medio Oriente?
¿La independencia energética le dio a Estados Unidos una libertad peligrosa? Un análisis revela cómo la nueva guerra con Irán, lejos de fortalecer a Washington, está agotando sus recursos y beneficiando directamente a sus grandes rivales geopolíticos. Los detalles que conectan a Jimmy Carter con Donald Trump en un ciclo de conflicto aparentemente inescapable.
Una nueva guerra en el Golfo Pérsico expone una paradoja histórica: pese a ser energéticamente independiente, Estados Unidos vuelve a gastar sangre y dinero en un conflicto que, según analistas, debilita su posición frente a rivales como China y Rusia. La Operación Furia Épica contra Irán, lanzada a fines de febrero, revive viejos fantasmas y plantea preguntas urgentes sobre la estrategia global norteamericana.
La primera vez que Medio Oriente se volvió central para la defensa de EE.UU. fue en los años 70, con el embargo petrolero árabe y la crisis de rehenes en Irán. En 1980, el presidente Jimmy Carter estableció una doctrina clara: cualquier intento de control externo del Golfo Pérsico sería considerado un ataque a los intereses vitales del país y se respondería con fuerza militar. Para respaldarla, se creó el Comando Central (Centcom), que hoy dirige los bombardeos contra Irán.
¿Una libertad peligrosa?
Hoy, la situación es radicalmente diferente. Estados Unidos es autosuficiente en energía, un hecho que algunos funcionarios de la administración Trump citan como una razón para actuar con más libertad. El secretario del Interior, Doug Burgum, declaró en octubre que, al no depender del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz, el país tenía “la libertad” de usar la fuerza militar sin preocuparse por las consecuencias en el suministro de crudo.
Sin embargo, esta teoría está siendo puesta a prueba. Solo la semana pasada, el precio de la nafta en Estados Unidos aumentó un 14%, mostrando que los mercados globales de energía siguen interconectados y son sensibles a la inestabilidad en la región.
Un “giro” que nunca termina
A pesar de los reiterados intentos por desvincularse, Washington sigue atrapado. En 2011, Barack Obama anunció un “giro” hacia Asia-Pacífico tras dos guerras costosas. En 2016, Donald Trump prometió centrarse en el frente interno y criticó las estrategias de cambio de régimen. Ninguno de esos intentos logró sacar a EE.UU. de lo que el autor llama “las arenas movedizas” de Medio Oriente.
El artículo sostiene que, si bien el régimen iraní es hostil, no constituía una amenaza “inminente” que justificara la guerra lanzada el 28 de febrero. El costo de este conflicto, financiado con déficit en un contexto de deuda nacional cercana a los 39 billones de dólares, podría complicar la competencia con adversarios más poderosos.
Los verdaderos ganadores: Rusia y China
Mientras Estados Unidos se enfoca en Irán, sus principales rivales geopolíticos se fortalecen. Rusia ya se beneficia del aumento en los precios del petróleo y de la flexibilización de sanciones a la India por comprar crudo ruso. Además, la guerra está agotando rápidamente reservas críticas de misiles, como los interceptores Patriot, que son vitales para la defensa de Ucrania.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, señaló que en solo tres días de combates con Irán se gastaron más misiles Patriot que los que Ucrania usó desde 2022. Esta escasez podría tener un impacto directo en la seguridad de infraestructura y civiles ucranianos.
El desafío chino es aún más abrumador. El artículo advierte sobre un inminente “segundo shock chino”, más disruptivo que el de principios de los 2000, que costó millones de empleos manufactureros en EE.UU. Mientras Trump libra esta guerra, China domina la investigación en 66 de 74 tecnologías de vanguardia, incluyendo inteligencia artificial y computación cuántica.
Su dominio industrial es abrumador: fabrica el 70% de los vehículos eléctricos del mundo, el 80% de los celulares y el 90% de los drones. En paralelo, el Pentágono reporta que Pekín avanza sostenidamente hacia el objetivo de “poder librar y ganar una guerra contra Taiwán para finales de 2027”, expandiendo su armada y sus fuerzas nucleares.
La conclusión del análisis es contundente: aunque es pronto para definir un ganador en la guerra con Irán, los triunfadores inmediatos de la distracción estadounidense parecen ser el Kremlin y Xi Jinping. La atención y los recursos desviados hacia el Golfo Pérsico podrían tener un costo estratégico incalculable en la competencia por el futuro global.