De diseñadora a artista: el secreto que descubrió en un pincel y que hoy le cambia la vida
Descubrió un talento que ni ella misma conocía. ¿Qué sucedió cuando una diseñadora tomó un pincel por primera vez para intervenir porcelana y desató una ola de emociones?
Nicole Zaidman nunca imaginó que su fascinación por lo antiguo la llevaría a descubrir un talento oculto que hoy define su presente. Hace apenas un año y medio, tomó un pincel para intervenir porcelana y ese gesto casual desató una revelación que tomó nombre propio: El Vajillero. Lo que empezó como una prueba hoy es un emprendimiento que mezcla arte, memoria y un amor profundo por los animales.
Desde chica, Nicole necesitó crear. Diseñadora de indumentaria, tuvo un estudio de tapices, experimentó con resina y vendió camperas de cuero vintage. Sin embargo, siempre volvía a lo mismo: “Siempre me atrajo lo viejo, lo que tiene historia”, confiesa. Pero la pintura figurativa y el retrato de animales reales eran territorios inexplorados para ella. “Yo no sabía que sabía pintar”, admite hoy con sorpresa.
El desafío que lo cambió todo
Al principio, sus creaciones en porcelana eran animales ilustrados: jirafas, conejos, osos. Hasta que su hermano le propuso un reto distinto: pintar a sus gatos. Ahí todo cambió. No se trataba de crear una figura decorativa, sino de capturar la esencia única de una mascota querida. El dueño debía reconocerlo al instante; no podía ser “parecido”, tenía que ser él.
Con esos primeros retratos personales en mano, subió fotos de los platos a redes sociales. La respuesta fue inmediata y abrumadora. Consultas, pedidos y mensajes privados comenzaron a llegar. Desde ese momento, el 98% de sus encargos son retratos personalizados de perros y gatos. Mes a mes, los pedidos se duplicaron, lo que la llevó a armar su página web y perfeccionar su técnica.
El boca a boca se convirtió en su mejor aliado. Cada plato tiene un precio de $56.000, y muchos clientes regresan para completar colecciones o encargar juegos de seis o doce piezas con las caras de sus mascotas. Estos objetos especiales se eligen para cumpleaños, Navidad, aniversarios e incluso casamientos.
Un trabajo que trasciende lo decorativo
Con el tiempo, Nicole entendió la verdadera dimensión de su labor. No estaba vendiendo simple vajilla intervenida; estaba trabajando con memoria y acompañando procesos emocionales profundos. Su perro salchicha Frankie, de 13 años, es su “principal muso inspirador”, y desde ese amor aborda cada encargo.
Los videos que recibe de clientes abriendo sus paquetes son prueba de ello. Risas, lágrimas y sorpresa auténtica. En una ocasión, una clienta le pidió un plato con un caballo y otro con un conejo. No eran animales cualquiera: el caballo representaba a su padre fallecido y el conejo, a su hermano. La consigna fue simple: “Pintalo con mucho amor”.
“Cada uno lleva su propio duelo, pero tener ese recuerdo alegre ayuda. Es una forma de recordar los buenos momentos y tenerlos un poquito más cerca”, reflexiona Nicole. “Ver que algo que hiciste con tus manos, con tanto cariño, es realmente apreciado por alguien más, llena el alma”, agrega.
La magia de lo antiguo renacido
La estética es un pilar fundamental de El Vajillero. Nicole trabaja principalmente con vajilla inglesa o alemana antigua, piezas que en algunos casos superan los cien años. Busca sellos históricos y porcelanas difíciles de conseguir, imaginando las historias de las familias que las usaron. “Y ahora vuelven a brillar en manos de personas que aman tanto a sus animales como yo al mío”, dice.
Hoy, su celular está lleno de fotos de perros y gatos a los que ni siquiera conoce. Algunos clientes llegan a buscar sus platos acompañados por sus mascotas para que ella pueda verlas en persona, generando un vínculo especial. A veces piensa que tiene el trabajo más lindo del mundo, porque fusiona sus tres grandes pasiones: animales, arte y antigüedades.
En un mundo donde todo parece descartable, su emprendimiento propone lo contrario: la permanencia. Cada plato es único, cada encargo guarda una historia. Nicole Zaidman pinta el amor que alguien siente, y ha descubierto que ese, quizás, es el detalle más significativo que puede ofrecer.