De eventos itinerantes a café cultural: el proyecto Hachi encontró su hogar en Río Gallegos
¿Sabías que un proyecto de arte itinerante encontró su lugar fijo en Río Gallegos? Conocé cómo Hachi se convirtió en un espacio cultural que desafía la crisis.
Lo que arrancó como un ciclo mensual de encuentros artísticos hoy se convirtió en un espacio fijo para la cultura en Río Gallegos. Denis Paillante, al frente de Hachi, Arte para No Artistas, contó cómo el proyecto evolucionó hasta transformarse en Santa Cafetería, ubicada en Zapiola 166.
En diálogo con el programa “Siempre llegué tarde”, de Radio Nuevo Día, Paillante explicó que la esencia de la propuesta es “que la gente haga un cable a tierra a través del arte”, en un contexto donde las pantallas y la rutina ganan terreno.
El proyecto nació como una experiencia itinerante que combinaba poesía, música en vivo, intervenciones artísticas y hasta tarot. Aunque esas ediciones especiales siguen realizándose una vez por mes, este año decidieron dar el salto: asumir la administración de Santa Cafetería.
¿Un café con libros, pintura y juegos?
La propuesta va mucho más allá de servir café. Quienes se acerquen pueden leer libros, pintar con materiales del lugar o sumarse a juegos de mesa. “La idea inicial era hacer un café literario, pero fuimos incorporando otras experiencias para que la gente encuentre algo más que tomar un café”, señaló Paillante.
El espacio busca ser un punto de encuentro para compartir actividades culturales y recreativas, con una agenda semanal que incluye noches de poesía junto a Gallegos Lee, presentaciones de libros, recitales de cuentos, jornadas de jazz y noches de juegos de mesa.
Donaciones para crecer
Entre los proyectos actuales está ampliar la biblioteca y el sector de juegos de mesa. Por eso, Paillante invitó a la comunidad a colaborar. “Estamos aceptando donaciones de libros y juegos. Muchas de las cosas que hoy tenemos llegaron gracias a personas que decidieron colaborar”, comentó.
El emprendimiento es completamente autogestivo y no cuenta con patrocinadores que financien el equipamiento. Una situación que se complica en un contexto económico difícil.
El desafío de sostener un espacio cultural
“Hoy por hoy se considera casi un lujo salir a tomar un café”, afirmó Paillante. Los primeros meses de gestión fueron especialmente complejos, lo que los llevó a sumar nuevas propuestas para atraer público.
Al principio, el uso de los materiales para pintar era gratuito y solo se pagaba la consumición. Pero para reponer acrílicos, bastidores y pinceles, recientemente empezaron a cobrar un aporte de 1.500 pesos por la experiencia artística. “Es un monto muy bajo, pero nos permite volver a comprar materiales y mantener la propuesta. La idea sigue siendo que cualquier persona pueda venir, desconectarse un rato y disfrutar del arte sin que sea inaccesible”, explicó.
Puertas abiertas para nuevos proyectos
Paillante invitó a artistas, escritores y gestores culturales a acercar sus iniciativas. “Estamos abiertos a todas las propuestas. Queremos que sepan que tienen las puertas abiertas para organizar actividades en conjunto”, sostuvo.
Adelantó que durante agosto seguirán sumando iniciativas y que próximamente buscarán aprovechar el patio del lugar para ampliar la oferta cultural al aire libre, cuando el clima lo permita.