De Formosa a Río Grande: la historia del bailarín que se reinventó en el tango y las aguas heladas
Un bailarín formoseño radicado en Río Grande demuestra que la vida puede reinventarse: del folklore al tango y de los escenarios a las aguas heladas. ¿Cómo logró superar cada desafío?
Luis, un formoseño que encontró en Río Grande su lugar en el mundo, pasó del folklore a la danza, y del escenario a las aguas frías. Una historia de superación que demuestra que nunca es tarde para empezar de nuevo.
Hay historias que se tejen con encuentros, decisiones y desafíos. La de Luis es una de ellas. Oriundo de Formosa, llegó a Río Grande tras el servicio militar y encontró en la danza una vía de expresión que no imaginaba.
Sus primeros pasos fueron en el folklore, de la mano de los talleres municipales de Víctor Hugo y Viviana Torrado, en el barrio Los Yaganes. Lo que empezó como una experiencia más se transformó en una pasión que lo llevó a Cosquín con el Ballet Municipal, donde el tango comenzó a llamar su atención.
¿Quién es Luis y cómo nació su amor por el tango?
Luis no se consideraba un referente. "Yo no era nadie, no me consideraba una persona referente de nada", confesó en diálogo con Diana Flores. El tango llegó a su vida casi por azar, pero decidió recorrer ese camino y no soltarlo.
De ese recorrido nació El Cachafaz, su taller de tango, un homenaje al bailarín Virgilio Bianque. Con el tiempo, ese espacio se convirtió en un punto de encuentro y formación para quienes quieren aprender este género.
¿Cómo ve Luis la evolución del tango?
Luis observa que el tango se transformó. "El tango ha tomado muchas formas y muchas herramientas de diferentes danzas y eso lo ha llevado a un nivel superior", sostiene. Entre esos cambios, destaca el tango de competencia, una expresión con características propias dentro del género.
Río Grande también tiene su lugar en este mapa. Luis habla con orgullo de la "mesa chica del tango" local, donde comparte con bailarines que llegaron a lo más alto, como Sebastián Martínez y Agustina Piaggio, surgidos de esta ciudad.
El desafío de las aguas frías
Pero su historia no se detiene en la danza. A los 50 años, Luis decidió aprender a nadar para cumplir el objetivo de realizar el nado de Malvinas. Hoy practica natación en aguas frías sin traje de neoprene, un reto que exige entrenamiento, respiración y fortaleza mental.
Entre el tango y las aguas frías hay un hilo conductor: animarse a empezar, aprender y volver a desafiarse. Desde Río Grande, Luis sigue construyendo su camino y transmitiendo a otros aquello que comenzó aprendiendo casi por casualidad.