De la chacra a la taza: el poroto de Iglesia que se convierte en café y licor
¿Sabías que el poroto de Iglesia puede convertirse en café y licor? Conocé la innovadora propuesta de una escuela que busca darle valor a una semilla tradicional.
En Iglesia, el tradicional poroto chala rosada dejó de ser solo un grano para la olla. Hoy, alumnos y docentes de la Escuela Agrotécnica Cornelio Saavedra, de Rodeo, lo transforman en café y licor, una apuesta que busca darle valor agregado a una semilla con identidad propia.
El proyecto, que lleva tres años de desarrollo, nació en las aulas y ya dio sus primeros frutos: degustaciones que sorprendieron a más de uno y muestras que viajaron hasta Buenos Aires para probar su aceptación en restaurantes.
¿Cómo nació la idea?
Cristian Esquivel, docente a cargo de la materia Industria en 7º año, contó que la iniciativa surgió al buscar una materia prima que representara al departamento. “En un momento decidimos darle valor a un producto”, explicó a Diario La Provincia SJ.
La elección fue natural: el poroto chala rosada, una semilla criolla registrada ante el INASE, se convirtió en el eje de un proyecto que combina tradición, innovación y formación técnica.
Un café que engaña al paladar
El proceso comienza con el tostado del poroto a una temperatura específica. De ahí se obtiene el café y también una harina tostada conocida como cocho de poroto. “El café es el poroto quemado”, resume Esquivel, aunque detrás de esa definición hay años de ajustes para cumplir con el Código Alimentario.
El sabor, asegura el docente, es muy similar al café común o a la malta. “Tal vez se sienta una breve diferencia tirando al poroto, pero es muy aceptable”, afirmó. Quienes lo probaron sin saber su origen, quedaron gratamente sorprendidos.
Las degustaciones se realizaron en la fiesta de la institución en noviembre, previa al aniversario de la fundación de Iglesia, y también en Buenos Aires, donde las muestras tuvieron buena recepción.
Del grano al licor
El mismo tostado da paso al licor de café de poroto. El grano se macera en alcohol y luego se incorpora un almíbar, siguiendo los parámetros de la normativa alimentaria. “Hace tres años empezamos y cada vez nos perfeccionamos más”, señaló Esquivel.
La escuela no quiere quedarse en la experiencia escolar. El objetivo es avanzar con los análisis necesarios para verificar las características del producto y, si todo está en orden, lanzarlo al mercado. “Necesitamos hacer los análisis correspondientes para estar dentro de la normativa”, aclaró el docente.
Un proyecto que involucra a los productores
Más allá de la originalidad, el valor está en la materia prima. La escuela trabaja junto al INTA Sección Iglesia para capacitar a los productores locales y que puedan procesar su propia producción. “Muchos productores nos dan el desperdicio para trabajarlo”, contó Esquivel.
La idea es que el poroto no se venda solo como grano, sino que se convierta en el punto de partida de una cadena de productos con mayor valor agregado. Así, la institución busca conectar educación, producción y comunidad.
Unos 30 estudiantes participan del proceso, que se pretende ampliar a los primeros años de la secundaria. La meta es que los alumnos se involucren desde la siembra hasta la transformación industrial. En una taza de café de poroto, la escuela encontró una forma de contar la identidad de Iglesia y de imaginar hasta dónde puede llegar.