De la industria petrolera al mat de yoga: la historia de Gisela, la ingeniera que se reinventó en Roca
¿Qué lleva a una ingeniera química a dejarlo todo por el yoga? La historia de Gisela, que encontró en la práctica una nueva forma de vivir.
Tras 15 años como ingeniera química en la industria petrolera, Gisela Bieczynski tomó una decisión que sorprendió a todos: dejó su profesión para dedicarse al yoga. Hoy, desde Roca, cuenta cómo ese cambio radical le devolvió la vida.
La noticia trágica que lo cambió todo y la presión laboral fueron el detonante de una transformación que hoy inspira a otros.
El punto de quiebre
Con 47 años, Gisela recuerda que ya se sentía "sobrepasada" con el ritmo de trabajo. Los viajes diarios a Neuquén, las contracturas, los problemas de sueño y la falta de tiempo con su hija de cuatro años eran parte de una rutina agotadora.
Pero el verdadero golpe llegó con la partida del padre de su hija. Ese duelo la sumió en un "caos total", como ella misma lo define, y le impidió continuar con su vida laboral de ingeniera. "Necesitaba un tiempo para ordenarme", confesó.
El yoga como salvavidas
El yoga ya era parte de su rutina desde hacía una década, pero fue en ese momento de crisis cuando se convirtió en su refugio. Empezó a formarse y a dar sus primeros pasos como instructora, alentada por sus propios maestros y seres queridos que veían en ella una conexión especial con esta práctica.
"Seguí con las clases y me empecé a conectar con eso", relata. Tanto fue así que llegó a sentir que "ahí vivía su vida", en cada serie de posturas del yoga Ashtanga, el estilo que practica y enseña.
Una decisión cuestionada
No fue fácil dejar atrás una carrera exitosa. Siendo la mayor de varias hermanas profesionales, sintió el peso de las expectativas. "En el momento en el que hago la transición fue re pesado pensar 'estudié un montón de años, trabajo de esto, tengo un lugar en la empresa, tengo un reconocimiento'. Soltarlas fue un tironeo... nadie me dijo 'qué bueno'", asegura.
A pesar de las dudas, se animó a escucharse y a seguir su deseo, entendiendo que no todo tiene que ser definitivo. "Todo se fue acomodando... yo seguí con las clases para ya no volver a mi trabajo anterior", dice.
Disciplina y serenidad
Para Gisela, el yoga no es solo relajación; también implica autodeterminación y disciplina. Asegura que aunque no haya ganas de practicar, la constancia genera frutos y ayuda a cambiar la perspectiva.
El Ashtanga, que significa "ocho ramas", busca la armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Entre sus beneficios se destacan el aumento de fuerza, flexibilidad y resistencia, además de fomentar la meditación en movimiento.
Hoy, Gisela se dedica a motivar a otros que atraviesan situaciones similares. "Vale la pena intentar dar este paso", sostiene, y agrega: "Probar no quiere decir que sea para siempre. Nada es definitivo en la vida y está bueno darle un lugar a esas cosas que vienen desde adentro".