De Laos a Posadas: la increíble historia de Tun, el “huesero” que sanó a generaciones de deportistas
¿Cómo un refugiado de Laos se convirtió en el “huesero” más famoso de Posadas? Su historia de exilio, superación y tradición familiar te va a sorprender.
Para muchos posadeños, especialmente los deportistas de la vieja escuela, el nombre de Tun es sinónimo de alivio. Este histórico “huesero” oriental sigue ejerciendo su arte curativo en su estudio del barrio Yohasá, tras haber sido relocalizado desde el antiguo barrio El Brete. Su camino, sin embargo, comenzó a miles de kilómetros, marcado por el exilio y la supervivencia.
La huida de la guerra y la llegada a Argentina
La historia de Tun se remonta a finales de la década de 1970, cuando él y su familia tuvieron que abandonar Laos. “Nosotros escapamos de la guerra”, relata. Ante el avance de un régimen autoritario y comunista, huyeron a un campamento de refugiados en Tailandia, donde esperaron durante años un nuevo destino.
Fue entonces cuando representantes de la embajada argentina se acercaron a los refugiados ofreciendo asilo. “Dijo: ‘¿quién quiere venir a vivir a Argentina?’”, recuerda Tun. Las promesas de bienestar del gobierno argentino, como cobertura médica sin costo, exención de impuestos y un apoyo económico inicial, lo convencieron de emprender el viaje.
¿Por qué Misiones?
El éxodo lo llevó primero al aeropuerto de Ezeiza, donde los refugiados fueron albergados en un predio cerrado. Allí, las autoridades les mostraron las opciones para radicarse. Tun eligió el noreste argentino de forma instintiva: “Yo miré Misiones, parecía mi país en el clima, todo. Y el pescado, por eso vine para acá”, explica.
Junto a su esposa y una beba de tres meses, llegó a suelo misionero el 12 de febrero de 1980. Diez días después, fueron enviados a Wanda para trabajar en una cooperativa agrícola. El choque cultural fue inmediato: “Nos mandaron a la cosecha de yerba sin saber qué planta es”, confiesa entre risas. “Nosotros cortábamos la planta y murió casi una hectárea”, añade.
La barrera del idioma y la dura rutina en el campo complicaron aún más su adaptación. “Se iba a trabajar a las 5 de la mañana y volvía a las 6 de la tarde. Después a las 7 tenía que ir a la escuela, ¿quién tiene fuerzas para ir una hora?”, reflexiona. El trabajo rural fue demasiado para su físico: “Estuve en Wanda tres meses nomás, porque mi mano no aguantaba con la cosecha de yerba”, resalta. Decidió entonces trasladarse a Posadas, instalándose en el barrio El Brete.
Su vínculo con el deporte
En 1990, su vida dio un giro al vincularse con el club Atlético Posadas. El contacto diario con el plantel de fútbol fue su verdadera escuela de español. “Aprendí más con los muchachos”, cuenta, asimilando tanto palabras correctas como el lenguaje de vestuario.
Allí comenzó a desplegar su conocimiento de la masoterapia oriental, un arte que no aprendió en ninguna academia, sino que heredó de su abuelo. “Yo lo aprendí con mi abuelo, por el apellido”, rememora. Era el único nieto varón y recayó sobre él la responsabilidad de continuar la tradición.
Su técnica, ideal para “la relajación, para acomodar los huesos, los ligamentos, los esguinces y todos los puntos de los nervios”, resultó muy efectiva para los futbolistas, que sufrían dolencias tras “chocar, atropellar y caer mal”. Tun bromea sobre su influencia en los logros del equipo: “Cuando yo estuve con el equipo sale campeón”, afirma, porque es “el mejor masajista”.
Una práctica milenaria
El éxito de su método radica en una profunda comprensión de la anatomía. Su abordaje es sistemático: “Con mucho dolor, tiene que sacar el dolor primero. Si no saca el dolor, el humano se pone duro, tenso, no relaja, entonces yo no puedo acomodar”, explica.
Hoy, a sus 82 años, Tun reconoce que ya trabaja poco: “Ya estoy viejo, no tengo más fuerza”. Sin embargo, su vocación sigue intacta. Sus pacientes llegan por recomendación de “boca a boca”, sin necesidad de tarjetas ni redes sociales.
Esta técnica de masajes relajantes y terapéuticos es la aplicación de un “sistema” tradicional asiático traído por su familia. Según Tun, el cuerpo humano está recorrido por múltiples puntos nerviosos que responden a la presión precisa para aflojar tensiones.
Sobre el temor que genera su tratamiento, Tun aclara que la intensidad es inevitable cuando hay una lesión real. “Algunos amigos cargan a otros: ‘¡Ah, vos vas a Tun y te va a doler mucho, vas a gritar!’. Pero no es lo mismo una lesión suave que un ligamento cruzado inflamado; hay que colocar bien para que baje la inflamación”, sintetiza.