De las cumbres presidenciales a una casa en San Juan: el secreto que un chef estrella esconde en su cocina

¿Qué lleva a un chef que cocinó para presidentes y estrellas de Hollywood a esconderse en una casa familiar? Descubrí la historia detrás de “Nena Chill”, el restaurante secreto de San Juan donde la tradición y la alta cocina se fusionan.

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De las cumbres presidenciales a una casa en San Juan: el secreto que un chef estrella esconde en su cocina

Un cocinero sanjuanino que sirvió platos a presidentes y celebridades internacionales tomó una decisión radical. Abandonó los hoteles de lujo y los eventos globales para abrir un restaurante íntimo en la casa familiar de su infancia. Esta es la historia de Gonzalo Ponce, un chef que encontró su verdadera pasión volviendo a sus raíces.

Con 39 años y más de dos décadas de experiencia, la trayectoria de Gonzalo Ponce comenzó en la cocina de su abuela, Lidia Rosa Gil, a quien todos llamaban “Nena”. Para mantenerlo entretenido y alejado de las travesuras, ella lo invitaba a ayudarla. “Vení, ayúdame con esto”, le decía, sin saber que estaba marcando su destino profesional.

Los recuerdos de pelar kilos de habas y arvejas se transformaron en un aprendizaje profundo. A los 15 años, su abuela le dio un consejo crucial: “Vos tenés que aprender a cocinar. Te vas a desenvolver mejor”. Esa frase resonó en él y, entre los 16 y 17 años, ya supo que su vida estaría en la gastronomía.

¿Cómo se forjó un chef de élite?

Se formó en la Universidad Católica de Cuyo, sede San Juan, egresando entre 2004 y 2005. Su carrera lo llevó a trabajar en restaurantes de prestigio y hoteles cinco estrellas a lo largo de todo el país, desde Ushuaia hasta el norte argentino. Luego, su expertise cruzó fronteras: vivió y trabajó en México, Perú y Colombia, donde también estudió bromatología.

Su currículum incluye momentos históricos. En 2010, durante una cumbre presidencial en el Hotel Del Bono Park de San Juan, cocinó para Néstor y Cristina Kirchner y para Lula da Silva. Poco después, en Buenos Aires, preparó un menú para Mauricio Macri. En 2018, ya en México, sus creaciones llegaron a la mesa de Andrés Manuel López Obrador.

Pero los presidentes no fueron sus únicos comensales. También cocinó para figuras como Julia Roberts, en un evento de Lancôme, y para Diego Maradona en dos ocasiones: una en San Juan en 2010 y otra en un country de San Isidro. El cantante Ricardo Montaner y otros músicos internacionales también probaron su arte culinario.

El precio del éxito y un regreso a casa

De aquellos encuentros no quedan fotografías. “El protocolo era estricto”, explica Gonzalo. En las cumbres no podían llevar celulares, y en México les pedían los teléfonos antes de ingresar a trabajar. La otra cara de su carrera fue la distancia. Con 22 o 23 años, viviendo en Buenos Aires, recibió la noticia del fallecimiento de su abuela, un momento que describe como “una de las peores cosas” que le pasó.

Sin embargo, el regreso a sus orígenes estaba por llegar. Hace un par de años, decidió volver a San Juan con una idea clara: crear algo propio, íntimo y distinto. Así nació “Nena Chill”, un restaurante a puertas cerradas que funciona en la casa de su tía abuela, en el barrio Villa Mallea de San Juan Capital.

El nombre es un homenaje doble: “Nena”, por su abuela, y “Chill”, inspirado en una foto vintage donde ella aparece disfrutando de un picnic en las sierras de Córdoba, transmitiendo una sensación de calma y disfrute que Ponce quiso capturar.

¿En qué consiste la propuesta de Nena Chill?

El restaurante es exclusivo y opera solo con reserva, para un máximo de 20 comensales. La propuesta es un menú de degustación que se renueva cada dos meses, o incluso con mayor frecuencia. La carta es dinámica, cambiando según la estación y la disponibilidad de los mejores productos regionales de San Juan.

La cocina es el corazón del proyecto. Gonzalo toma recetas tradicionales de su abuela y sabores típicos sanjuaninos, y los reinterpreta con técnicas modernas y una presentación sofisticada. Cada ingrediente es tratado con respeto y sometido a distintas técnicas de cocción, buscando demostrar la riqueza de la materia prima local.

El escenario no es un salón cualquiera. Se cocina y se sirve en la casa familiar, utilizando la vajilla y los muebles originales. No es un espacio impersonal, sino un lugar cargado de historia y memoria, donde cada plato dialoga con el pasado.

Después de una carrera brillante, Gonzalo Ponce es categórico: “No cambio nada de eso por estar acá en mi provincia, en mi país, apostando a lo mío”. Su historia cierra un círculo perfecto: del niño que pelaba habas en la cocina de su “Nena” al chef que hoy honra su legado en cada plato que sirve, eligiendo la autenticidad sobre la fama.

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