De las pasarelas a una casa sin luz: la nueva vida de Carola Del Bianco en la Patagonia
La exmodelo cambió las pasarelas por una vida sin electricidad y con la naturaleza como protagonista. ¿Cómo es su día a día en Villa La Angostura?
Carola Del Bianco, la modelo que brilló en las campañas y pasarelas de los años 90, hoy vive en Villa La Angostura, en una casa a la que solo se llega por agua y sin electricidad. Lejos del glamour y de los flashes, encontró en la Patagonia el refugio que siempre soñó, junto a su pareja Francisco “Paquito” Mayorga, con quien lleva 30 años.
La decisión de mudarse no fue azarosa. La zona ya era un lugar significativo para su familia: sus abuelos y su madre tenían vínculos profundos con la región. Allí, Carola construyó un hogar cálido y un nuevo comienzo, alejado del ritmo frenético de Buenos Aires.
Una vida sin comodidades, pero con otra riqueza
El cambio fue radical. La exmodelo optó por una vivienda accesible únicamente por agua, sin suministro eléctrico ni las facilidades de la vida moderna. Lo que para muchos sería un desafío, para ella fue una aventura anticipada, una pausa deseada del torbellino urbano.
Con el tiempo, esa elección extraordinaria se convirtió en su cotidianidad. Aprendió a valorar el tiempo pausado de las montañas, el lago y la huerta familiar. La naturaleza y la privacidad renovaron sus prioridades, y descubrió la serenidad en medio de la nieve y los días en familia, lejos de las cámaras.
Slow fashion y un guardarropa funcional
Aunque el mundo de la moda no desapareció por completo, hoy es solo una sombra en sus decisiones diarias. Carola prefiere la ropa cómoda: jeans, camisetas y abrigos prácticos para el clima impredecible de la Patagonia. Los tonos terrosos, los verdes olivares y los detalles rojos se integran a un guardarropa pensado para la vida al aire libre y el hogar.
Adoptó el concepto de slow fashion: compra ropa duradera, reutiliza y elige tejidos nobles, reciclados y naturales. De sus años de deslumbramiento conserva álbumes familiares y prendas vintage de los 90 que hoy fascinan a sus hijas.
En este paisaje de cuento, Carola encuentra su felicidad en las rutinas sencillas: amaneceres mágicos, chimeneas crepitantes y comidas de huerta compartidas. Su legado en la moda perdurará, pero ya no define a una mujer que se siente plenamente realizada en el silencio y la belleza natural de Villa La Angostura.