De Llavallol a Río Grande: la bailarina que mantiene vivo el folclore en la región
¿Cómo es posible que una pasión nacida en la infancia se convierta en un legado para toda una comunidad? Viviana Torrado, desde Río Grande, sigue enseñando folclore y emocionando a grandes y chicos.
Viviana Torrado lleva más de tres décadas enseñando danza en Río Grande, pero su vínculo con el folclore nació mucho antes, cuando apenas tenía seis años en Llavallol. Hoy, jubilada, sigue dedicada a transmitir esa pasión a adultos mayores y nuevas generaciones.
Su historia comenzó en la provincia de Buenos Aires, donde dio sus primeros pasos impulsada por su familia, a quienes recuerda con profundo cariño. Con el tiempo, se formó con reconocidos maestros como Oscar Murillo y Mabel Pimentel, del Ballet Brandsen, lo que cimentó las bases de una vocación que la acompañaría toda la vida.
Una vida ligada al Municipio
En 1985, Viviana llegó a Río Grande y dos años después, en 1987, se incorporó al Municipio. Desde entonces, comenzó a transitar un camino vinculado a la enseñanza y a la cultura local, convirtiendo aquella pasión infantil en una vocación que continúa vigente.
Para ella, enseñar folclore va mucho más allá de transmitir pasos y coreografías. La disciplina, el respeto, el esfuerzo y el compromiso son valores fundamentales que intenta inculcar, pero también considera esencial acompañar a cada alumno según sus capacidades y motivaciones.
La danza como herramienta de contención
Con el correr de los años, la danza se transformó en una herramienta de contención, integración y acompañamiento para niños, jóvenes y adultos. Ya jubilada, Viviana continúa trabajando con adultos mayores, para quienes cada encuentro representa un espacio de disfrute, bienestar y encuentro.
Entre las experiencias más significativas de su carrera, recuerda con emoción su participación en El Abuelazo, en Cosquín, donde muchos de sus alumnos pudieron cumplir el sueño de bailar en ese escenario tan emblemático del folclore argentino.
Los desafíos de viajar
Los costos de los viajes suelen representar un obstáculo importante. Por eso, junto a la comunidad, impulsan actividades autogestivas como las “Mateadas”, espacios donde la música y la danza se combinan con la posibilidad de compartir y recaudar fondos.
También guarda un recuerdo muy especial: una imagen junto a su hermano, a quien ayudó a reencontrarse con la danza. Un gesto que refleja su generosidad y su compromiso con el arte.
Hoy, su mayor satisfacción sigue estando en enseñar y acompañar a nuevas generaciones y adultos mayores. Una manera de sostener, desde Río Grande, las raíces del folclore argentino a través de la danza.