De los bigudíes al podio del NOA: la historia del peluquero jujeño que aprendió el oficio en un salón de barrio

¿Sabías que un peluquero jujeño ganó un campeonato del NOA a los 18 años? Conocé su historia, sus inicios en un salón de barrio y los secretos de un oficio que va mucho más allá de las tijeras.

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De los bigudíes al podio del NOA: la historia del peluquero jujeño que aprendió el oficio en un salón de barrio
De los bigudíes al podio del NOA: la historia del peluquero jujeño que aprendió el oficio en un salón de barrio

Roberto Romitti tenía apenas 13 años cuando comenzó a preparar bigudíes en la peluquería de su prima Celia. Lo que empezó como una forma de ganarse unos pesos se convirtió en una carrera que lo llevó a consagrarse campeón regional a los 18. Hoy, con décadas de experiencia, asegura que el secreto no está solo en las tijeras sino en saber escuchar.

En diálogo con TodoJujuy por el Día del Peluquero, Romitti repasó sus inicios, la influencia de su maestro y cómo cambió la profesión con el paso de los años. “Empecé muy chico, a los 13 o 14 años. Había terminado la primaria”, contó.

¿Cómo fueron sus primeros pasos?

Todo comenzó gracias a su prima Celia, que trabajaba principalmente con mujeres. En esa época las permanentes eran furor y los fines de semana recibía tantas clientas que necesitaba una mano extra. Romitti se encargaba de tareas sencillas: preparaba los bigudíes y los papeles, ordenaba los elementos y aprendía a lavar el cabello.

Las jornadas podían durar todo el domingo. Empezaban alrededor de las 9 de la mañana y, cuando había mucha gente, terminaban cerca de la medianoche. Al principio aceptó para tener sus primeros ingresos. Con lo que ganó después de dos fines de semana se compró un par de zapatillas. “En un principio fue por hacer algo y tener mi propia plata. Después empezó a gustarme el tema de la peluquería”, relató.

Una academia en la que sobraban modelos

Al ver su interés, su prima le recomendó capacitarse. Así llegó a una academia sobre calle Lavalle, frente a la Escuela Normal de San Salvador de Jujuy. Allí, la enseñanza formal todavía arrastraba algunos estilos de años anteriores, pero tenía una ventaja clave: un cartel anunciaba cortes gratuitos en plena calle transitada. “Todo el mundo entraba, así que modelos teníamos de sobra”, recordó.

La práctica les permitía armar su propia clientela. Quienes quedaban conformes volvían y pedían ser atendidos por el mismo estudiante, aunque los docentes buscaban que todos rotaran con diferentes modelos.

El maestro que marcó su carrera

La figura central en su formación fue Juan Luis Sánchez. Después de trabajar con Ricardo Sánchez en el sector femenino, Juan Luis fue a buscarlo y le ofreció uno de los cuatro sillones de su local. “Me dio el último sillón y ahí empecé con la peluquería masculina”, contó Romitti.

Tenía alrededor de 15 años cuando empezó a trabajar con él. A los 16 o 17 ya se desempeñaba profesionalmente y a los 18 ganó una competencia regional. “Esa peluquería fue una escuela en todos los sentidos de la vida”, aseguró.

El campeonato reunía a representantes de Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán y otras provincias del NOA. Cada delegación llevaba a sus competidores y las actividades se desarrollaban en distintas ciudades. Después del logro, su maestro lo acompañó a radios y canales de televisión para difundirlo. “Eran cosas que nunca había imaginado vivir”, recordó.

El peluquero también escucha

Más allá de los cortes, Romitti destacó el vínculo con los clientes. Escuchó historias de problemas familiares, nuevos amores, separaciones, trabajos y proyectos. Para él, la tarea no es dar consejos sino brindar un espacio para que la persona se sienta escuchada. “Más que aconsejar, lo que hacemos es escuchar. A veces uno pregunta qué piensa, cómo está o cómo se siente, y con eso la persona ya se siente realizada”, expresó.

Comparó el sillón con un confesionario, donde rige un código de confidencialidad. “El que se sienta en tu sillón nunca es el mismo que el que se fue”, definió.

Las personalidades que pasaron por su sillón

La peluquería de Juan Luis Sánchez era punto de encuentro de dirigentes y funcionarios. Entre ellos, el exgobernador Horacio Guzmán, que vivía enfrente y acudía casi todas las semanas. “Me decía: ‘Corto y callado’. Quería que le cortara el cabello sin hablarle y se quedaba con el diario”, relató Romitti. También mencionó a Carlos Snopek y Roberto Domínguez.

El local funcionaba como un club, donde los clientes se conocían y conversaban mientras esperaban su turno.

De la tijera y el peine a las nuevas técnicas

La profesión cambió mucho. Romitti diferenció la vieja escuela, de tijera y peine, de las nuevas generaciones, que dominan las máquinas. “Antes no se usaba tanto la máquina. Era todo tijera y peine. Hoy la capacidad técnica que tienen los nuevos profesionales con las herramientas es increíble”, reconoció.

Los cambios alcanzaron también a los estilos, la rapidez con la que se renuevan las tendencias y la formación de quienes se incorporan al oficio.

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