De Mendoza a la intemperie: la cruda realidad que enfrenta una familia tras perseguir su sueño en Buenos Aires
Una abuela escritora, su hija influencer y una nena de dos años llegaron de Mendoza a Buenos Aires con un sueño. Hoy duermen en la Costanera Sur. ¿Cómo es la lucha diaria por sobrevivir y qué esperanza las mantiene en pie?
Una abuela, su hija influencer y una nena de dos años pasan las noches en la Costanera Sur, luchando por sobrevivir después de que su proyecto de vida en la capital se desmoronara. Lo que encontraron en Buenos Aires dista mucho del sueño de expansión que traían en la valija desde su provincia.
Elisa, Milagros y la pequeña Cataleya son las protagonistas de esta historia. Las tres nacieron en Mendoza y comparten una experiencia de maternidad temprana: Elisa fue madre a los 17 años y Milagros tuvo a Cataleya a los 19.
La mudanza a la Ciudad de Buenos Aires fue planeada como una gran oportunidad. “Vinimos a expandirnos. Nos gusta dedicarnos al entretenimiento. Vendemos maquillaje, vinimos por esa razón. Pero en el camino pasan cosas”, relató Elisa, quien además es escritora y tiene dos libros publicados.
¿En qué consistía el proyecto familiar?
La apuesta combinaba varias facetas. Milagros se dedica a las redes sociales, donde acumula 6000 seguidores en TikTok. La idea era potenciar esa presencia como influencer junto con la venta de productos de belleza para generar ingresos.
Sin embargo, la realidad económica se impuso con dureza. Aunque aclaran que nunca estuvieron más de un mes viviendo en la calle de forma continua, su situación actual es precaria. Hoy dependen completamente de la solidaridad ajena y de lo que puedan generar cada día.
La rutina de supervivencia en la calle
Las noches transcurren en la zona de Costanera Sur, junto a la Reserva Ecológica. Elisa describió su rutina: “Tratamos de ir a un lugar resguardado, un negocio que esté abierto de noche, buscamos espacio para reponernos. A las 6 de la mañana nos vamos”.
Milagros detalló el esfuerzo por proteger a su hija de dos años. “La acostamos en el cochecito, la abrigamos y no se da ni cuenta. Pero nos han comido los mosquitos, las hormigas, el frío”, contó. La joven madre expresó el dolor que le genera esta situación: “A mí me generó mucho dolor las situaciones duras que atravesamos. Me siento muy sola, más sin el papá de mi hija presente”.
Milagros reveló que incluso le pidió ayuda económica al padre de Cataleya para pagar un lugar donde dormir, pero no recibió la respuesta que esperaba.
El costo imposible de un techo
Elisa puso números concretos a la lucha diaria. “Hoy lo más económico que estamos pagando para pasar la noche es $42.000”, afirmó en referencia a los alojamientos temporarios a los que recurren cuando logran juntar el dinero suficiente. Esta cifra ilustra la desesperada carrera que enfrentan cada jornada para cubrir un gasto básico como es pernoctar bajo techo.
Entre lágrimas, Elisa hizo un repaso de su vida. “Saben que mi camino no empezó acá. Yo fui mamá adolescente, terminé la secundaria con mi hija nacida y empecé una carrera. Tengo 200 años en historias”, reflexionó.
A pesar de la crudeza del presente, la mujer se aferra a una esperanza inquebrantable. “¿El final de esta historia? Creo que nos va a ir muy bien y que se van a abrir muchas puertas. Creo que Dios no coloca una pieza fuera de lugar”, afirmó con convicción.
Con esa fe, las tres mujeres mendocinas continúan apostando a que el sueño que las trajo a Buenos Aires todavía puede cumplirse, mientras enfrentan cada noche la adversidad a la vera de la Reserva Ecológica.