De Neuquén al mundo: las manos que convierten un simple mate en una pieza irrepetible
¿Qué hace que un simple mate se convierta en un tesoro que cruza océanos? Conocé la historia de Melisa y Rodrigo, los artesanos neuquinos que pintan a mano piezas únicas que ya conquistaron el mundo.
Melisa y Rodrigo, artesanos de Neuquén, llevan seis años transformando la madera en mates únicos que hoy viajan por todo el planeta. Sus creaciones, pintadas a mano, ya cruzaron fronteras y llegaron a Francia, España, México y Estados Unidos.
Todo comenzó en 2021, cuando esta pareja decidió unir sus talentos: la pintura de Melisa y la restauración de muebles de Rodrigo. Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió en Aretha Mates, un emprendimiento que hoy tiene su puesto en la feria artesanal La Pergolita, sobre la avenida Argentina, debajo del Monumento a San Martín.
¿Cómo nacen estos mates?
La propuesta de Aretha Mates va mucho más allá de un objeto cotidiano. Cada pieza es un lienzo en blanco donde los artesanos plasman paisajes neuquinos, retratos, personajes, referencias al fútbol, obras de arte y frases. Además, aceptan pedidos personalizados con nombres, dedicatorias o retratos de mascotas. La idea, según explican, no es producir objetos idénticos, sino que cada uno conserve la huella del trabajo que hay detrás.
Los inicios del proyecto no fueron fáciles. Antes de Aretha Mates, Melisa experimentaba con distintas técnicas de pintura, mientras Rodrigo se dedicaba a restaurar muebles antiguos. Fue el encuentro de esas dos habilidades lo que dio forma al emprendimiento. Comenzaron de a poco, probando diseños y pintando sus primeros mates, sin imaginar que aquello podía transformarse en un proyecto de vida.
Más que un simple objeto
En tiempos de productos hechos en serie, estos artesanos encuentran en lo artesanal aquello que marca la diferencia: la posibilidad de tener algo único. Un mate puede llevar un nombre, una frase, el retrato de una mascota o una imagen que remita a un lugar querido. Para Melisa y Rodrigo, el valor no está solo en el objeto terminado, sino también en todo lo que hay detrás de cada uno. “No solamente están regalando algo de calidad, sino que están regalando algo único, personalizado, algo irrepetible”, explica Melisa.
La durabilidad es otro de sus sellos. No se trata de algo pensado para usar y descartar, sino de una pieza que puede acompañar durante años y que, con el tiempo, incluso puede volver a ser elegida por la misma persona. “Nuestra mejor propaganda es un producto que te va a durar un montón de años, que le vas a dar un montón de uso y que te va a traer un montón de satisfacciones”, sostiene Rodrigo con convicción.
Una comunidad que trasciende fronteras
Con los años, alrededor de Aretha Mates se fue construyendo una comunidad que va más allá de la compra y venta. Algunos conocen a la pareja en La Pergolita y después continúan el vínculo a través de Instagram (@aretha.matesyarte), una de las redes que más utilizan para mostrar sus trabajos. En otros casos, los descubren por internet y luego se acercan a la feria para conocerlos y llevarse uno de sus mates.
“Se genera una comunidad muy buena”, cuentan. La cercanía se refleja en pequeños gestos que al principio hasta a ellos mismos les resultaban inesperados: desde clientes que llegan con alfajores o algún presente, hasta personas que se acercan simplemente para saludarlos aunque en ese momento no puedan comprar.
Las redes también les permitieron llegar mucho más lejos. Han recibido pedidos desde distintas provincias y muchas personas que pasan por la zona los buscan porque los conocieron previamente a través de internet. Pero sus mates también comenzaron a viajar fuera del país. Francia, España, México, Estados Unidos y próximamente Alemania son algunos de los destinos que alcanzaron sus creaciones.
“Para nosotros fue increíble la primera vez que nos dijeron 'tu mate está en Francia'. No lo podíamos creer, pero fue una grata sorpresa y también es algo que nos inspira a seguir por el camino en el que vamos”, agradece Melisa.
Entre esas historias hay también un cliente ecuatoriano que, una vez al año, pasa por Neuquén por trabajo y se acerca a buscarlos. Siempre se lleva algún mate para regalarle a sus familiares o compañeros. Para ellos, ese gesto tiene un significado especial porque confirma que lo que hacen logró construir un vínculo que va mucho más allá de una compra. “Uno a veces dice: ‘Por ahí mi producto no es tan bueno como el de otros’, y después ves esta respuesta de la gente que viene, un tipo que labura alrededor del mundo y específicamente una vez al año te viene a ver a vos para llevarle recuerdos a su familia. Es algo espectacular”, afirma Rodrigo.
El desafío de emprender
Sostener un emprendimiento artesanal implica atravesar momentos de incertidumbre y aprender a convivir con los altibajos. “Es muy difícil, la verdad. Yo creo que lo de nosotros es un poco suerte y un poco también un talento que tenemos y que se nos dio así, y que podemos complementarnos entre los dos”, reconoce Melisa.
Por eso, a quienes sueñan con dedicarse a lo que les gusta, les recomienda hacerlo de manera gradual y no soltar una fuente de ingresos hasta tener cierta seguridad. “Si alguien tiene un trabajo fijo, que utilice ese trabajo fijo para impulsarse, para hacer lo que le gusta realmente. Pero que no lo abandone hasta no tener el resultado, hasta no tener seguridad de que va a funcionar”, aconseja.
En un contexto en el que el bolsillo se ajusta y el consumo se vuelve más medido, esa realidad alcanza rápidamente a quienes viven de sus producciones artesanales. Cuando las prioridades cambian y cada compra se piensa un poco más, para los emprendedores se vuelve más difícil sostener el ritmo de trabajo, afrontar los costos de los materiales y mantener una producción que requiere tiempo y dedicación. Es ahí donde el vínculo con la comunidad que construyeron durante estos años se convierte en una parte fundamental para seguir adelante.
Sin embargo, a pesar de las dificultades, Rodrigo y Melisa siguen encontrando en Aretha Mates un proyecto por el que vale la pena apostar. Hoy, mientras continúan creando nuevos diseños y viendo cómo sus productos viajan a nuevos destinos, no saben exactamente hasta dónde podrán llegar, pero sí tienen una certeza: todavía tienen muchas historias por pintar.