De podar árboles en su adolescencia a producir arbustos de calidad en una zona árida como Picún Leufú
¿Cómo logró un joven de una zona árida convertirse en productor de plantas de calidad? Lucas Jaramillo, de Picún Leufú, pasó de podar árboles a dirigir un vivero con 20 especies. Descubrí su historia y los secretos para adaptarse al clima patagónico.
En agosto comienza la mejor época para plantar, y en Picún Leufú, un rincón árido de la Patagonia, un vivero local desafía las condiciones climáticas para ofrecer plantas de calidad. Lucas Jaramillo, un productor de 40 años, convirtió su pasión juvenil por la poda en un próspero emprendimiento.
De las podas adolescentes a la producción profesional
Lucas nació y se crió en una chacra en Picún Leufú, ubicado entre Neuquén y Bariloche por la Ruta Nacional 237, que bordea el río Limay. De adolescente, lo contrataban para podar árboles, y así descubrió su interés por las plantas. Estudió la Tecnicatura en Enología y Viticultura en Mendoza, mientras trabajaba en viveros y practicaba injertos. Aunque podría haberse quedado en una región vitivinícola, decidió regresar a su pueblo y abrir su propio vivero.
“Tengo raíces chacareras y hacían falta plantas en la zona”, admitió. Le tomó varios años identificar las especies adecuadas para un sector tan árido que pudieran adaptarse al clima patagónico.
El desafío de un clima extremo
“Empecé buscando qué plantas podían funcionar en esta zona y analizando qué buscaba la gente. Qué especies podían crecer en el exterior, sin quemarse con el viento y con el frío. En esta zona, tenemos estaciones muy marcadas: veranos calurosos e inviernos muy fríos”, señaló Lucas. Los pedidos apuntaban a azaleas, jazmines, rododendros o cítricos, “muy característicos del Valle, pero que acá no prenden por el clima. Tenemos estaciones muy marcadas, con mucha amplitud térmica, mucho viento y encima suelo salitroso”.
En un primer momento, comenzó a revender plantas que prosperaban bien en la zona, hasta que se animó a multiplicarlas, especialmente las de cerco vivo. Sin embargo, eran ciclos muy largos y no había tanta información como ahora, con un mayor acceso a internet.
“Por mi experiencia en la chacra con padres agricultores, sabía podar y cultivar, pero decidí dedicarme a la producción de plantas ornamentales, como rosales y frutales. Me especializo en injertos de nogales que es un cultivo que está en crecimiento en la región”, comentó.
Especies resistentes y asesoramiento
Fue encontrando plantas que resisten el viento, la sequía y las fuertes heladas, como los evónimos (una planta leñosa), crataegus van heden, rosales y árboles frutales. Hoy ofrece unas 20 especies, pero además brinda asesoramiento para elegir la más adecuada de acuerdo “al espacio y las necesidades”.
Describió su actividad “como un chino básico en esa zona agrícola”, más enfocada a la ganadería y la actividad forrajera. “Es sumamente árida y ventosa y estamos alejados de los grandes proveedores como Neuquén, Buenos Aires y Mendoza. Pero poco a poco, me fui metiendo en el mundo de las plantas”, señaló.
Así fue acaparando encargos, especialmente de arbustos perennes, en todo el valle de Picún Leufú, Piedra del Águila, El Chocón y de la zona. “Acá el clima no ayuda para nada y todo demora un poco más. Cada tanto, me consultan: ¿No tenés un ejemplar más grande? Y no, el crecimiento de las plantas en esta zona cuesta un montón”, reconoció.
Crecimiento y apoyo del INTA
A medida que el proyecto prosperó, logró armar un invernadero y, ante la erupción del volcán Cordón Caulle Puyehue en 2011, con una ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) puso en marcha dos macrotúneles (estructuras agrícolas en forma de arco, hechas con tubos o varillas metálicas y cubiertas con plástico o malla que protegen los cultivos de la lluvia, el viento y las plagas).
Su objetivo fue ofrecer buen precio y calidad. “Siempre lo pensé por el lado del desarrollo de la ciudad de Neuquén, con los nuevos lotes. Los cercos vivos podían ser una salida comercial. Está visto como un bien de lujo”, mencionó.
Lucas reconoció que uno de sus sueños ya lo logró: vivir de su vivero. “Ahora, el objetivo es acercarnos un poco más a los clientes de otras localidades y mejorar el servicio, pero siempre manteniendo a Picún Leufú como la base, porque este es el lugar donde nació y creció el vivero”, concluyó.
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Bariloche, acompañan a Lucas con asesoramiento técnico “en la formulación de sustratos, fertilización, propagación y criterios en la comercialización para el mercado regional”. “Es importante que la gente pueda conocer el trabajo de quienes están atrás de la planta que uno después disfruta en su jardín”, expresó Ariel Mazzoni, investigador del Grupo de Cultivos Intensivos del INTA.
Explicó que si bien la Patagonia Norte tiene un clima templado frío, “sus características ambientales pueden variar según la zona y esto debe ser considerado por un productor de plantas ornamentales ya que las especies vegetales a comercializar pueden variar dependiendo el mercado regional donde desee vender”. En la cordillera, por ejemplo, hay que pensar en plantas que sobrevivan a las nevadas del invierno y temperaturas bajo cero; mientras que en localidades de la estepa, el monte y la costa las especies deben adaptarse a las altas temperaturas del verano.
“En agosto, comienza la mejor época para plantar. Las últimas lluvias y el ingreso de humedad dejaron excelentes condiciones para iniciar nuevas plantaciones”, advierte una publicación en redes del vivero Picún Plantas, al tiempo que ofrece árboles “para sombra y vereda”, arbustos ornamentales, de flor y de follaje, especies para cercos vivos, rosales, plantas aromáticas y medicinales.