De preso y adicto a soñar con un trabajo en la calle: la historia de Maximiliano
Tras años de adicción y cárcel, Maximiliano busca trabajo y lucha contra el estigma social. ¿Podrá cumplir su sueño de trabajar en la calle?
Maximiliano, de 32 años, está decidido a dejar atrás más de una década de adicciones, cárcel y vida en la calle. Hoy, con tres meses de sobriedad, su mayor anhelo es conseguir un empleo digno y demostrar que el pasado no lo define.
Su día a día transcurre en el centro de abordaje territorial Red Puentes, un espacio que asiste desde hace dos años y que considera su segunda familia. “Acá me dan contención, salgo bien, saco todo mi enojo y me siento orgulloso por lo que hago en el día”, confiesa.
El comienzo de una pesadilla
La historia de Maximiliano con las drogas arrancó a los 13 años, cuando “probó de todo”. La dependencia lo llevó a situaciones límite y a cometer delitos que terminaron con su ingreso al Penal de Miraflores, donde pasó cuatro años por robo.
“El consumo se te enfoca en la cabeza y haces cualquier cosa para tenerlo”, relata. Su paso por la cárcel lo describe como “el mismo infierno”, y reconoce que llegó a robar en su propia casa para no hacerlo en la calle por miedo a volver a prisión. “Perdí la confianza de la gente que me quería”, lamenta.
“Sufrí mucho psicológicamente. Un día me cansé, venía pensando que de los 13 años me venía drogando y estuve cuatro años privado de mi libertad. Dije basta, perdí parte de mi vida y tuve que poner un límite”, cuenta sobre su experiencia en el Servicio Penitenciario.
En su reflexión, admite su arrepentimiento: “Estoy arrepentido de todas las cosas que hice mal, de haberme apoderado de las cosas ajenas, de meterme al consumo, de no hacerle caso a mi mamá”. Y agrega: “Me arrepiento con todo corazón de dejar la escuela por curiosidad y por creerme que era más macho que aquel. Porque al final perdí parte de mi vida, ¿no? Tengo 32 años, es mucho tiempo”.
El difícil camino hacia la reinserción
A pesar de su esfuerzo diario por recuperarse, Maximiliano choca contra la realidad laboral y el prejuicio social. Siente que su pasado y su apariencia todavía “le pesan” y le impiden llevar una vida normal.
“Ando buscando un trabajo para poderme mantener, pero por mis antecedentes, por los tatuajes, por mi forma de hablar o de vestir, siento que me rechazan por lo que fui antes. Y para mí, lo que fui antes ya pasó, ahora soy otra persona”, explica.
También denuncia el hostigamiento policial que sufre en la vía pública: “A mí me ven en la calle y por mi forma de caminar o por mis tatuajes ya me ven sospechoso. Yo les hablo con todo el respeto que merece su jerarquía, pero me pregunto, si yo cambié y ahora soy otro, ¿por qué me siguen juzgando?”.
En la entrevista con INFORAMA, Maximiliano dejó claro su sueño: “Mi sueño es trabajar para la gente de la calle, barriendo cordones y plazas en la vía pública”.
Mirando hacia adelante, asegura: “Lo que me motiva es crecer y ser algo en la vida. No quiero ser la misma persona que fui hace tres meses atrás, quiero ser una persona mejor y volver a ser el mismo que fui hace muchos años”.
Finalmente, dejó un mensaje de esperanza: “El proceso de dejar de consumir es difícil, pero sí se puede. Yo todos los días le pongo empeño, trato de mantener la cabeza ocupada. Cuando me vienen los pensamientos malos de irme a la calle o a consumir, le pido fuerza a Dios. Hay que vivir el presente y disfrutar el momento con las personas que nos quieren”.
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