De Roca a Haifa: la abogada que escribió su vida en una novela mientras caían misiles

¿Qué pasa cuando la guerra deja de ser una noticia lejana y se convierte en tu vida cotidiana? Casandra Sol Sans, de General Roca, lo cuenta en su primera novela, escrita en Israel entre sirenas y refugios.

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De Roca a Haifa: la abogada que escribió su vida en una novela mientras caían misiles
De Roca a Haifa: la abogada que escribió su vida en una novela mientras caían misiles

Casandra Sol Sans dejó General Roca por amor y se instaló en Israel. Tres años después, entre sirenas y refugios, terminó convirtiendo esa experiencia en Una triste alegría, su primera novela. La escribió durante la guerra de 11 días del año pasado, a pesar de que en un primer momento se negó: sentía que no era momento de revivir el dolor.

“La tranquilidad dura hasta que deja de durar”, dice desde Haifa, en diálogo con Diario Río Negro. La sugerencia vino de su suegra, que insistió en que dejara registro de lo que estaba viviendo. Casandra pensó que escribir sobre la guerra mientras la atravesaba iba a profundizar su angustia, pero el efecto fue otro: “Fue muy terapéutico, yo pensé que iba a ser peor”.

De Roca a Israel: volver a la lengua materna

Nacida en 1995 en General Roca, es abogada por la UBA y magíster en Derechos Humanos por la UNLa. Escribe desde chica, pero recién al emigrar empezó a compartir sus textos. “Hay algo de perderle un poco el pudor por estar lejos y también de la necesidad de conectar más con mi idioma”, cuenta.

Su vida transcurre entre lenguas: en la calle habla hebreo, en el trabajo inglés y en su casa español. La distancia la empujó hacia la literatura argentina: armó un club de lectura, talleres y mentorías. Tras el ataque del 7 de octubre, trabajó casi un año asistiendo a familiares de secuestrados y luego pasó a una ONG dedicada al derecho internacional ante Naciones Unidas.

Una novela atravesada por la migración y el 7 de octubre

Penélope, la protagonista de Una triste alegría, deja Argentina por amor y se instala en Israel. Es abogada, pierde sus referencias profesionales y debe aprender a vivir en otro idioma. Todavía no sabe cómo suena una sirena ni cómo se ve un cielo de misiles. Mucho menos imagina que terminará trabajando con familias de secuestrados después del 7 de octubre.

La cercanía con la vida de Casandra es evidente, pero eligió la autoficción. “Hay mucho de auto y hay algo de ficción”, explica. Cambió nombres y armó personajes a partir de distintas personas y situaciones, una suerte de “Frankenstein” que le permitió separarse de lo estrictamente autobiográfico.

“Hay muchas cosas que sostengo. El sufrimiento humano para mí es evidente. Pero también a mí me tocó estar acá el 7 de octubre”, señala. Con la novela buscó una mirada “más humana, desde adentro y desde afuera”.

Una historia que no busca dar respuestas

Una amiga le dijo que le había gustado el libro pero que le daba bronca que la protagonista mostrara tantas contradicciones. “Me dijo: ‘Al final no me queda claro cuál es su postura’. Y yo le contesté: ‘Bueno, justamente ese es el mensaje que quiero dejar’”.

Casandra habla de los “grises” que aparecen cuando el conflicto se vuelve parte de la vida cotidiana y de la dificultad para dialogar en tiempos de posiciones rígidas y cultura de la cancelación. Una triste alegría no nació para explicar Medio Oriente ni ofrecer una respuesta política, sino para dejar registro de una experiencia mientras ocurría. Habla de guerras, pero también de “la ternura, el intento de adaptarse con humor, los sobresaltos, las preguntas incómodas y el desgarro ante un mundo roto”.

De escritora a editora: el nacimiento de Tinta y Mate

Cuando terminó el manuscrito, Casandra decidió publicarlo con su propio sello: Tinta y Mate, que ya reunía su club de lectura y talleres. Desde Israel coordinó cada paso: correctora, ilustración de portada a cargo de Lucía Abelleira Castro, imprenta, venta y distribución. También hizo la página web y el comercio electrónico. Una triste alegría es el primer título de la editorial, con la que espera publicar nuevos libros y poner el foco en autoras argentinas.

Quería un libro en papel. “El papel sigue teniendo algo indiscutible”, dice. Sus primeros lectores argentinos recibieron sus ejemplares antes de que ella pudiera tocar el suyo.

El regreso a Roca y a la biblioteca donde empezó todo

Ahora Casandra hará el recorrido inverso: volverá a General Roca para presentar la novela el sábado 19 de septiembre a las 19 en la Biblioteca Popular Roca, donde conversará con su directora, Irene Corradi. El lugar tiene un significado especial: cuando era chica acompañaba a su mamá y podía elegir un libro para llevarse. “Mis primeros libros fueron de la biblioteca. Tenía muy poquitos libros propios”, recuerda.

Regresa con un deseo: que haya en su vida “cada vez más escritora y menos abogada”. No reniega de su profesión, pero quiere que la lectura y la escritura ocupen más espacio. La novela incluye un fragmento que condensa su experiencia: “No lloro ni duermo. Espero la sirena que sonará pronto y me consuela pensar que, si muero ahora, moriría feliz. No está tan mal”.

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