De un taller familiar a la mesa: el emprendedor que rescata sabores patagónicos
21 días para un salame, 120 para un jamón: el emprendimiento de San Martín de los Andes que nació de un homenaje familiar y ya piensa en cruzar fronteras.
Hay historias que nacen de una receta, pero la de Regionales Don Emilio empezó mucho antes: con un abuelo, un taller y una forma particular de entender el trabajo. Hoy, Facundo Solari convirtió esa herencia en un proyecto artesanal que busca conquistar paladares en San Martín de los Andes.
Una búsqueda personal que se volvió oficio
Hace unos diez años, Facundo decidió cambiar su alimentación. Quería consumir fiambres y embutidos que no fueran industriales, pero se encontró con que en su ciudad no había nadie que los produjera de forma artesanal. Esa falta lo llevó a investigar, aprender y experimentar en su propia cocina.
Lo que empezó con chorizos, salames y bondiolas caseras terminó transformándose en un emprendimiento gastronómico que hoy ofrece trucha ahumada, salames y jamones de ciervo, longaniza, spianatta, chistorra y jamón de jabalí. Todo con técnicas tradicionales y una materia prima seleccionada.
El homenaje que dio nombre al proyecto
Emilio era su abuelo paterno, un hombre que siempre trabajó por cuenta propia en su taller. Ese espacio pasó luego a manos de su padre y se convirtió en una empresa metalúrgica. Cuando Facundo armó su propio camino, sintió que ponerle el nombre de su abuelo era la mejor manera de honrarlo y de mantener vivo ese espíritu independiente. Así nació Don Emilio.
En tiempos donde todo parece correr, Facundo eligió otro ritmo: el que necesita cada producto. Para él, lo artesanal implica seleccionar la materia prima, combinar técnicas de distintas partes del mundo y hacer todo el proceso en San Martín de los Andes. “Es la combinación perfecta entre todo lo que me apasiona: aprender, viajar, cocinar y comer”, resume.
Tiempo como ingrediente secreto
Acá el tiempo no es un enemigo: es parte de la receta. Hay salames que demandan unos 21 días de elaboración, mientras que algunos jamones necesitan hasta 120 días de maduración antes de llegar al consumidor. Cada producto tiene su propio ritmo y su propia personalidad.
Dos de ellos, la spianatta y la chistorra, representan especialmente la identidad de la marca. La primera viene del sur de Italia; la segunda, del norte de España. Técnicas y características bien distintas que en las manos de Don Emilio encuentran un nuevo escenario: la Patagonia. A ellas se suma la trucha ahumada, con un proceso de ahumado completamente natural.
El desafío de crecer
Por ahora, la producción se disfruta principalmente a nivel local, ya que el emprendimiento todavía no cuenta con habilitación nacional para vender fuera de San Martín de los Andes. El gran objetivo es construir un nuevo establecimiento que permita obtener esa habilitación y así ampliar la comercialización.
“Queremos llegar a las mesas de todo el país y, por qué no, en algún momento poder exportar el sabor de la Patagonia al mundo”, sueña Facundo. Detrás de un producto artesanal no hay solo una receta: hay tiempo, aprendizaje, paciencia y una historia familiar que empezó en un taller y hoy se sirve en una mesa.