De una frustración familiar a una empresa de US$100 millones: el secreto de los primos que revolucionan el agua en Argentina
¿Cómo pasaron de invertir 250 dólares en un departamento a construir una empresa valuada en más de 100 millones? La historia de dos primos que, tras una promesa incumplida, decidieron enfrentar un problema que afecta a millones de argentinos y crearon un imperio del agua pura.
Con apenas 250 dólares y una idea nacida de un problema personal, dos primos argentinos construyeron un imperio de la purificación de agua. Lo que comenzó en un departamento hoy proyecta facturar hasta 25 millones de dólares este año y tiene una valuación que supera los 100 millones. Esta es la historia de Pablo y Juan Manuel Martelli, los emprendedores de Carhué que le declararon la guerra al arsénico y a las botellas de plástico.
Pablo Martelli, de 42 años, y su primo Juan Manuel, de 35, se criaron en Carhué, un pueblo de unos 10.000 habitantes en la provincia de Buenos Aires. Su sociedad, forjada desde la infancia, se convirtió en el pilar de un negocio que desafió todas las expectativas.
El origen: una promesa incumplida y un problema de salud
La chispa se encendió por una mala experiencia. Pablo compró dos purificadores de agua costosos que prometían eliminar arsénico, pero fallaron. “Quedé mal con mi papá y mi tío por hacerles comprar algo que no funcionaba”, confesó. Su padre, médico, atendía casos de enfermedades vinculadas al agua contaminada, lo que le dio una dimensión real y urgente al problema.
En Argentina, la presencia de arsénico es un fenómeno geológico extendido. Pablo Martelli explicó que los niveles suelen superar “ocho a diez veces” lo permitido, habiendo registrado casos de hasta 250 veces más. Ante este panorama, decidieron crear su propia solución.
El prototipo que cambió todo
Encontraron una tecnología utilizada en la industria pesada por una empresa alemana y la adaptaron para el hogar. El primer prototipo se armó en un departamento de Buenos Aires con una inversión inicial de solo US$250. Las pruebas de laboratorio fueron contundentes: eliminaba el 99,99% del arsénico y otros metales pesados como plomo y mercurio.
Así nació Hidrolit, la línea de consumo masivo que hoy es parte de General Water Company Argentina. Los primeros años fueron de crecimiento orgánico, sin rondas de inversión. “Recuperábamos la plata y la reinvertíamos toda”, explicó Pablo. Esta estrategia fue posible porque no dependían del negocio para vivir, lo que les dio un margen único.
El despegue millonario y la expansión
La consolidación fuerte llegó a partir de 2018. Hoy, el grupo tiene casi 50 empleados y combina tres unidades: industrial (minería y petróleo), semiindustrial (alimentos) y la línea doméstica Hidrolit.
El último año marcó un punto de inflexión. “Pegamos un salto importante que rompió cualquier pronóstico”, afirmó Juan Manuel. La empresa proyecta fabricar unos 250.000 filtros anuales y avanza en la construcción de una planta de 3600 m² en Cañuelas, con una inversión de US$3,5 millones.
Las proyecciones para este año son ambiciosas: una facturación entre US$15 y US$25 millones. Con una valuación que supera los US$100 millones, ahora buscan socios estratégicos para expandirse en América Latina.
Más que un negocio: un impacto ambiental certificado
El modelo de Hidrolit apunta a cambiar hábitos. “Comprar agua envasada es ineficiente y contaminante”, afirmó Pablo. Para cerrar el circuito, lanzaron la marca Chill, con termos y botellas reutilizables de acero inoxidable, buscando reducir el consumo de plásticos de un solo uso.
Este compromiso les valió ser la única empresa de su rubro en Argentina certificada como Sistema B, un sello que reconoce altos estándares de impacto social y ambiental.
La clave de un éxito familiar poco común
Contra todos los pronósticos sobre los negocios familiares, los Martelli aseguran que “nunca” han tenido una discusión. Pablo atribuye el éxito a la complementariedad y a objetivos compartidos a largo plazo. “No somos los ‘nuevos ricos’ que piensan en mansiones o autos de lujo; preferimos reinvertir”, sostuvo.
Para Juan Manuel, la sociedad funciona como una pareja bien avenida. “Hoy nos conocemos con los ojos cerrados”, dijo. Esta sólida alianza, sumada a la solución de un problema crítico, transformó un simple prototipo en un caso de éxito argentino con proyección continental.