De una máquina de coser prestada a conquistar el mundo: la historia de Zig Zag

¿Qué pasa cuando una máquina de coser heredada se cruza con una idea sustentable? La historia de Zig Zag, el emprendimiento que empezó con una riñonera y hoy llega a todo el mundo.

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De una máquina de coser prestada a conquistar el mundo: la historia de Zig Zag
De una máquina de coser prestada a conquistar el mundo: la historia de Zig Zag

Lo que comenzó como una solución improvisada para un viaje de mochileros se transformó en un emprendimiento que hoy cruza fronteras. Ermes Recabal y Mercedes Calderón, de San Martín de los Andes, convirtieron una máquina de coser heredada en la base de Zig Zag, una marca de accesorios sustentables que ya llegó a España, Austria y Chile.

Hace unos cinco años, la pareja necesitaba una riñonera para un viaje a El Bolsón. Sin conocimientos de costura, pero con una máquina antigua que perteneció a la abuela de Mercedes, se animaron a probar. Esa primera creación marcó el inicio de un camino que los llevó a dejar sus trabajos fijos y dedicarse por completo al proyecto.

¿Cómo nació la idea?

La escalada, otra de sus pasiones, les hizo detectar una necesidad concreta: conseguir magnesieras en San Martín de los Andes era difícil, a veces había que encargarlas o viajar hasta Chile. Frente a ese escenario, comenzaron a fabricar las suyas propias. Poco a poco, sumaron gorras, gorros, bolsos y otros artículos pensados para acompañar distintas actividades y estilos de vida.

La sustentabilidad no fue una estrategia comercial, sino una forma de vida que ya practicaban en su casa: separaban residuos, hacían compost y evitaban el plástico. Esa filosofía se trasladó al taller, donde empezaron a reutilizar textiles que encontraban en sus propios placares. “Queríamos mostrar que se puede ofrecer un producto de calidad a partir de materiales en desuso”, explicó Mercedes.

Producción bajo demanda

En lugar de fabricar en masa, trabajan a medida que surgen los pedidos. “No producimos mucho, producimos a medida que van saliendo para no generar tampoco una problemática de la cual nosotros estamos levantando la bandera”, señaló Ermes. Esta lógica evita excedentes y refuerza su compromiso con el consumo responsable.

El crecimiento de Zig Zag no fue igual para ambos. Mientras Ermes dejó rápidamente su trabajo fijo, Mercedes esperó a que el proyecto se consolidara antes de dar el salto. Hoy, el equipo está integrado además por Ángeles, Victoria y Melina, quienes participan en las tareas cotidianas de la marca.

Una red que se expande

La comercialización se apoya en internet y el boca a boca, sin grandes campañas publicitarias. Los llamados “embajadores” de la marca, personas que se identificaron con su filosofía, llevan los productos a distintos puntos del país y del exterior. Así, Zig Zag llegó a Neuquén, Bariloche, Junín de los Andes, Córdoba, Buenos Aires, y también a España, Austria y Chile.

Además, abrieron las puertas de su taller a voluntarios que quieren aprender costura y a identificar materiales reutilizables. “Esa persona que está aprendiendo bajo lo que nosotros fuimos formando, el día de mañana quizás hace lo mismo que nosotros y está haciendo también un bien común para la sociedad”, confió Ermes.

Cuidado ambiental más allá del taller

Hace dos años, Zig Zag organizó su primera jornada de limpieza en el Mirador Arrayán, en San Martín de los Andes. Lo que empezó con 15 a 18 voluntarios creció hasta reunir entre 20 y 30 personas en cada convocatoria. Se formaron grupos de WhatsApp en distintas ciudades: unos 100 integrantes en San Martín de los Andes y alrededor de 80 en Bariloche.

La idea es que las acciones continúen sin la presencia de los fundadores. “Nosotros tiramos la primera piedra formando los grupos. Ellos hacen la tarea solos”, aseguró Ermes. Con el tiempo, se sumaron profesores de yoga y comercios que aportan premios para los voluntarios, convirtiendo cada limpieza en una experiencia colectiva de dos horas que combina naturaleza, actividad física y vínculos comunitarios.

Cinco años después, Mercedes y Ermes reconocen que nunca imaginaron hasta dónde llegaría Zig Zag. “Nosotros somos vecinos comunes y corrientes de San Martín de los Andes que nos gusta muchísimo la naturaleza y vivimos y tratamos de hacer algo con respecto al cuidado del medio ambiente”, resumen. Su objetivo va más allá de los productos: demostrar que otras formas de producir, consumir y relacionarse con el ambiente son posibles cuando las pequeñas decisiones se convierten en acciones colectivas.

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