De vender almendras a los 17 a tener su fábrica de chocolate: la historia de Sergio Montilla
La marca nació en una finca de Albardón y hoy vende en ocho provincias. Pero el camino incluyó una sociedad que se rompió en 2001 y una decisión clave que lo cambió todo.
En 1997, con 17 años, Sergio Montilla recorría heladerías y comercios de San Juan junto a su padre, Héctor, vendiendo las almendras de la finca familiar en El Rincón, Albardón. Casi tres décadas después, esa cosecha se convirtió en una fábrica de chocolate con local propio en Concepción y clientes en más de ocho provincias. En el medio quedó una sociedad entre hermanos que se disolvió, una hija que nació el mismo año en que Sergio quedó solo al mando, y un logo que resume el origen de la empresa.
De la finca al primer local propio
Héctor Montilla dedicó su vida principalmente a la producción de viñedos en su finca de El Rincón. Con el tiempo, incorporó el cultivo de almendros para diversificar la producción familiar. Sergio, desde muy joven, acompañaba a su padre en las tareas de producción de la finca y, en paralelo, se ocupaba de la comercialización y venta de las almendras, recorriendo comercios y buscando nuevos clientes para colocar la producción familiar.
Junto a su hermano Aníbal, con quien ya trabajaba desde esos comienzos, fue desarrollando el proyecto y buscando agregarle valor a la producción de la finca: así empezaron a experimentar con el chocolate para darle valor agregado a la almendra y a otros productos regionales —el higo, la pasta de uva— y, más adelante, a materias primas de otras provincias como el maní y la cereza. El pistacho, hoy uno de los productos fuertes de la marca, se sumó recién en los últimos años, cuando San Juan empezó a producirlo.
La sociedad entre los hermanos duró hasta la crisis de 2001, cuando Sergio le compró su parte. "En ese año, en mi caso, nace mi primera hija y tenía ese peso: me tiene que ir bien, de alguna forma tengo que salir adelante", recuerda. Antes de la compra, la familia ya tenía un primer local en Libertador y Toranzo, frente a la desaparecida parrilla Las Leñas, pensado para captar al turismo. Año y medio después abrieron un segundo local en el Hiper Libertad, que terminó siendo el que Sergio decidió sostener: aunque el alquiler era más alto, las ventas eran diarias, algo que no ocurría en el primer local.
De la regalería empresarial a la distribución nacional
Con el local del Hiper Libertad consolidado, la empresa sumó regalería empresarial: no solo productos propios, sino también otros artículos regionales de San Juan, mates y cuchillos. Para eso montaron su propia carpintería, donde fabrican los estuches, y compraron una máquina de grabado para personalizar las cajas. El primer boom minero de la provincia, con la llegada de Barrick, disparó la demanda de regalos corporativos y ayudó a financiar el crecimiento de la fábrica de chocolate.
Hace entre 17 y 20 años atrás, la empresa empezó a salir de San Juan a través de ferias y eventos gastronómicos organizados por el gobierno, como Caminos y Sabores o La Rural. Con el tiempo armaron equipos propios por región —uno en Misiones, otro en el sur, otro en Buenos Aires, otro en Córdoba— para no depender de esas invitaciones. En fechas clave como Semana Santa llegan a estar presentes en hasta siete provincias al mismo tiempo. Hace cinco años cerraron el local del Hiper Libertad y, hace un año, inauguraron un salón propio en Concepción.
Una historia que se hereda
Hace cuatro o cinco años, los hijos de Sergio se sumaron de forma más continua a la empresa. "Me abro bastante a los conocimientos de la juventud. Ellos vienen con las ideas de los jóvenes, de la innovación, y no les digo que no; los escucho para ver qué podemos incorporar", cuenta. Para él, esa transmisión repite lo que vivió con sus propios padres: acompañar en la finca las cosechas de uva y almendra fue, según relata, su forma de sostener el trabajo diario de Héctor y su esposa.
Ese vínculo está también en el logo de la marca: un árbol que estiliza la T de Héctor Montilla, nombre original de la empresa, y representa el almendro de la finca y a sus padres, que impulsaron el negocio en sus inicios. Sergio resume el proceso completo —de la cosecha en la finca al producto bañado en chocolate— con una frase: "Es la estrategia de todo aquel productor: llegar directamente al consumidor".