Dedicó cinco años a rescatar a los puesteros de Añelo y el libro ya tiene fecha de presentación

Bernardo Lalo Martínez pasó casi cinco años recorriendo campos y juntando relatos de puesteros y crianceros de Añelo. El resultado ya es un libro y esta noche lo presenta. ¿Qué oficios rescató antes de que desaparezcan?

· 5 min de lectura
Dedicó cinco años a rescatar a los puesteros de Añelo y el libro ya tiene fecha de presentación
Dedicó cinco años a rescatar a los puesteros de Añelo y el libro ya tiene fecha de presentación

Después de casi cinco años de recorrer campos, juntar relatos y rescatar fotografías, Bernardo Lalo Martínez logró editar «Huellas de puesteros y crianceros», un libro que homenajea a la gente de campo de Añelo y los parajes vecinos. La presentación será este miércoles a las 20 en el Salón de Usos Múltiples del barrio El Mirador, con entrada libre y gratuita.

«Esta obra para mí tiene un significado muy grande, después de haber estado trabajando tanto tiempo en Añelo», resume el autor, que llegó a la localidad en 1987 como profesor de Danzas Nativas y se quedó dos décadas.

Un vínculo que se transformó en libro

La cercanía con puesteros y productores de la zona fue el motor de la escritura. «Ver el sacrificio de la gente, el criancero, eso me volcó a empezar a reflejar su vida», contó a Diario Río Negro.

El objetivo fue dejar registro de una forma de vida que integra el acervo de la región y que, según plantea, quedó algo desdibujada por el avance de la actividad hidrocarburífera y el boom de Vaca Muerta.

El libro no se limita al criancero: también retrata oficios artesanales que se pierden. «Me explayé a la gente que hace su 'pilchaje', al apeo del caballo, al soguero, que elabora las riendas, las cabezadas. Es un trabajo artesanal y van quedando muy pocos sogueros», sostuvo.

Martínez marcó una diferencia entre lo que se ve en los desfiles y lo hecho a mano. En los actos, dijo, se los puede ver muy prolijos, pero «es todo comprado. En cambio, esto tiene otro valor cuando lo hace la misma persona que después lo usa».

La trashumancia, eje del relato

Uno de los puntos centrales de la obra es la trashumancia, la práctica ancestral y socioproductiva que implica trasladar chivos, ovejas y vacas entre los campos bajos y áridos de la meseta, en la invernada, hacia los valles altos de la cordillera para la veranada.

«Hablo de los arreos, cuando llegaron los primeros animales al país, los cabríos, los lanares, los caballos y la adaptación de las distintas razas», detalló. En sus páginas aparecen los campos abiertos, los fiscales, los alambrados y los distintos tipos de puesteros.

También hay lugar para las creencias populares. «Es una cultura muy rica y hay que tomarlas con mucho respeto porque el campesino convive y vive con eso», apuntó.

Para la escritura final, Martínez —que además es apicultor— volvió a las fuentes que lo nutrieron «más de una vez» y recorrió la cordillera para no perder detalle de la trashumancia. El resultado combina narrativa con fotografías históricas y actuales.

«Se termina de leer de una manera y se comienza o, si alguien sabe acompañar con una milonga, lo puede cantar, porque también lo escribí en décimas para poder entonarlo», explicó.

El prólogo es de Isidro Belver y la edición, hecha en Bahía Blanca, cuenta con mil ejemplares.

Del cargo público al monumento

Martínez tuvo paso por la función pública municipal en Cultura, Protocolo y Turismo, cuando el intendente era Darío Díaz. Eso le permitió recorrer la mayoría de los puestos de las inmediaciones: «San Roque, Chihuidos, Sauzal Bonito, Cortaderas», enumeró.

Uno de los pasajes que destaca es la peregrinación a la virgen hasta el cerro Chihuidos cada 8 de diciembre. «Es una manifestación de fe muy profunda y es una de las pocas fiestas que van quedando, auténticas, que no son comerciales. Hay otros festejos populares que se convirtieron en romerías, pero en Chihuidos todavía está la autenticidad de la gente de campo», subrayó.

El propio Martínez fue quien propuso en 2015 a la intendencia de entonces la realización de un monumento a los crianceros y productores. Así, para el centenario de Añelo se inauguraron las figuras en tamaño real del hombre, la mujer, los niños y los animales, obra del artista Aldo Beroisa.

La escultura se ve desde la Ruta 7, en el ingreso oeste a la localidad, y recuerda a quienes llegan que la actividad productiva del campo también forma parte de la identidad del lugar. Se homenajeó así a una economía que, según el autor, «si bien es más rudimentaria, es la que estuvo presente siempre, por lo tanto Añelo y las zonas aledañas siguen manteniendo la identidad campera».

«Me siento feliz de poder culminar la obra, reflejar y homenajear a la gente de campo a la que quiero y respeto mucho», destacó.

El próximo proyecto

Lalo ya tiene un libro terminado, pero en su cabeza avanza el siguiente. A sus casi 72 años —los cumplirá en diciembre— trabajará sobre el Alto Valle. Radicado en Allen, sostuvo que no puede «parar de escribir» y que está armando la historia del Valle desde Julio Argentino Roca, pasando por el puente, los inmigrantes europeos, la llegada de los españoles, cómo fueron emparejando las tierras y las fiestas.

El entusiasmo, dice, no le falta. Por eso anticipa que dentro de un tiempo habrá novedades sobre esta otra parte de la historia regional.

Más para leer

Bariloche y Aspen cumplen 24 años de hermanamiento: qué se trajo el último grupo que llegó
Sociedad
Controles de vista gratis para chicos en Bariloche: la señal que muchos padres pasan por alto
Sociedad
Dos amigos van a remar 1.300 km por la Patagonia: el dato que casi nadie conoce
Sociedad
Se recibió de apicultor a los 18 con cuatro colmenas que le regaló su profe: el sueño que quiere devolver en la Patagonia
Sociedad
San Javier esperó 45 años para dejar de ser "el pueblo sin asfalto": la obra que ya cambia todo
Sociedad
Brazarte se llevó el Plato de Oro del Circuito Gastronómico: los 5 sabores que eligió el público
Sociedad