Dejaron de pelear por campos alquilados: qué los hizo cambiar de estrategia
Ocho de cada diez productores salían a pelear por campos alquilados. Hoy son seis, y los que quedan apuntan a otro negocio: crecer dentro de su propia explotación. La encuesta que revela el giro del campo argentino.
Una encuesta de la Universidad Austral a 842 productores agropecuarios de la región pampeana reveló un cambio profundo en el negocio del campo: la proporción de quienes arriendan tierras para producir cayó del 80% al 57% en los últimos 16 años. El dato surge de la quinta edición de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), que se presentó este martes en el MALBA.
El relevamiento abarcó a productores de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, que en conjunto administran más de 1,5 millones de hectáreas. Las entrevistas se realizaron entre mayo y septiembre de 2025.
Menos competencia por hectáreas ajenas
Bernardo Piazzardi, director del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, aclaró que el mercado de arrendamientos sigue activo, pero cambió el comportamiento de los productores más chicos. Según explicó, muchos dejaron de buscar nuevas hectáreas para alquilar y ahora prefieren invertir en actividades más intensivas dentro de sus propios establecimientos, lo que les permite crecer sin necesidad de sumar superficie.
“Está cayendo la cantidad de productores que salen a pelear por campos de arrendamiento. Cuando hicimos la primera medición, ocho de cada 10 estaban como locos rompiéndose los cuernos buscando hectáreas para arrendar. Hoy solamente seis”, afirmó Piazzardi. Y agregó: “Los productores chicos dijeron: ‘Yo no quiero correr más esta carrera. Yo quiero invertir en mi propia explotación en algo intensivo’”.
Los grandes, con expectativas de expansión
Las proyecciones de crecimiento varían según el tamaño de cada establecimiento. Los megaproductores, que trabajan más de 10.000 hectáreas, planean ampliar su superficie un 31% en los próximos cinco años, muy por encima del 7% que habían previsto en 2021. En cambio, entre los productores medianos (de 300 a 600 hectáreas) la expectativa de crecimiento bajó del 28% al 18%, y entre los comerciales (de 600 a 1.800 hectáreas) cayó del 29% al 18%.
“Esta gente chica a veces no va a crecer a futuro en superficie, pero va a crecer en capital intensivo en su propia explotación”, explicó Piazzardi.
Soja pierde terreno y se diversifica la producción
El estudio también muestra cambios en la elección de cultivos. La superficie destinada a soja aumentaría un 18% en los próximos cinco años, mientras que el maíz y el sorgo proyectan un crecimiento del 34%. El trigo prevé una expansión del 28% y la cebada del 47%. La camelina y la carinata, en tanto, tienen una proyección de crecimiento del 124%, aunque parten de superficies reducidas; son oleaginosas que pueden incorporarse a las rotaciones y tienen demanda para biocombustibles.
“La soja, que durante todos estos años fue uno de los principales generadores de divisas por exportaciones, es el cultivo en el que los productores menos piensan crecer a futuro”, afirmó Piazzardi. Según explicó, los cambios en precios y costos modificaron la rentabilidad de las distintas actividades. “Se alteraron todas las relaciones insumo-producto. Lo que antes eran fantásticos negocios ahora resultan menos atractivos y surgen nuevas oportunidades”, sostuvo.
La diversificación agrícola también avanzó: en 2017, el 7% de los productores estaba muy diversificado, mientras que en 2025 esa proporción llegó al 27%. Para 2030 se proyecta un 30%. Se considera dentro de esta categoría a quienes producen cuatro o más cultivos y ninguno ocupa más del 40% de la superficie. En contraste, los productores con baja diversificación pasaron del 39% al 18% entre 2017 y 2025. “Se está dando lo que tendría que haber ocurrido hace 20 años: mayor rotación y mayor diversificación”, señaló Piazzardi.
La ganadería gana espacio en las inversiones
El 44% de los productores agrícolas encuestados también desarrolla alguna actividad ganadera, principalmente con bovinos para carne. Entre quienes tienen hacienda, el 40% proyecta invertir en más cabezas de ganado, el 37% en maquinaria, el 33% en paneles solares, el 29% en tierras y el 21% en instalaciones para engorde a corral.
Piazzardi explicó que durante muchos años los productores agrícolas consideraban a las vacas una reserva de valor. “Tener un plantel de vacas era una especie de caja de ahorro por si se devaluaba algún día”, señaló. Sin embargo, esa visión cambió y la ganadería pasó a ocupar un lugar mayor en las decisiones de inversión.
Entre todos los encuestados, el 27% planea invertir en maquinaria, el 26% en tierras, el 24% en paneles solares y otro 24% en cabezas de ganado. También figuran la conectividad (16%) y la capacidad de almacenamiento (13%).
En cuanto a las inversiones realizadas durante los últimos cinco años, el 71% de los productores compró maquinaria, el 59% invirtió en conectividad, el 37% en capacidad de almacenamiento y el 34% en paneles solares, mientras que el 27% adquirió tierras. Para Piazzardi, parte de estas decisiones está relacionada con las necesidades de la ganadería.
Perfil del productor argentino
El relevamiento indica que la edad promedio de los productores es de 47 años, el 50% tiene un alto nivel educativo y el 35% participa activamente en redes de productores. Piazzardi explicó que los productores argentinos tienen un perfil más analítico a la hora de tomar decisiones y marcó una diferencia con sus pares estadounidenses: mientras los argentinos tienden a evaluar datos, comparar alternativas y analizar los números antes de invertir, los estadounidenses se apoyan más en la experiencia y la intuición.