Dejó abogacía por el campo y hoy es clave en el vino chubutense: la sorpresa que dio una uva
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Dejó abogacía por el campo y hoy es clave en el vino chubutense: la sorpresa que dio una uva

¿Qué uva sorprendió a los enólogos del valle chubutense y se volvió el hallazgo de una zona sin tradición vitícola? La historia de Belén Pugh, la agrónoma que cambió de rumbo.

Belén Pugh es ingeniera agrónoma, enóloga y chubutense. Pero antes de meterse de lleno en el mundo del vino, coqueteó con el Derecho: empezó a estudiar abogacía y al poco tiempo se dio cuenta de que su lugar estaba en la tierra. Hoy es una de las impulsoras de la vitivinicultura en el valle inferior del río Chubut y será protagonista de Tierra, Mar y Vino, la feria que reunirá a más de 40 bodegas del país con la producción provincial como eje.

"Yo le tenía mucha fe al cultivo como un complemento de otras actividades en las chacras, pero nunca me imaginé que iba a ser la actividad principal y que, además, la provincia iba a tener todo este crecimiento, con tantas zonas hermosas donde hoy se produce vino", confiesa Pugh.

El evento será, además, su primera participación bajo un rol nuevo: tras 26 años de labor en el INTA, este año optó por un retiro voluntario que abrió otro capítulo en su carrera.

"Estoy en una etapa completamente diferente", cuenta desde Trelew, durante una pausa en su agenda. "Sigo vinculada a los vinos de la sala, pero ahora trabajo de forma independiente: muy contenta, con muchos proyectos y asesorando en elaboración. Estoy en pleno cambio de vida".

Una familia de chacra y un desvío vocacional

Nacida en Trelew y descendiente de los colonos galeses que poblaron el valle inferior, Belén creció en una familia que atravesó todas las etapas del trabajo rural. Su padre, de hecho, intentaba que los hijos no se quedaran en la chacra.

"Soy Pugh, bien galesa. Vengo de una familia que pasó por todas las etapas típicas del trabajo en la chacra. Mi papá trataba de evitar que nos quedáramos en esto; por eso me fui a estudiar abogacía, pero enseguida me di cuenta de qué era lo que realmente me gustaba y terminé pasándome a agronomía", relata.

Con el diario del lunes, admite que la rama de alimentos también era una opción, aunque pesaron más los recuerdos de infancia. Se recibió en la Universidad Nacional de La Plata y volvió al pago chico. Sus primeros pasos profesionales fueron en la producción de cerezas, en control de calidad y empaque, hasta que la vid apareció en el horizonte productivo del valle.

Construir un ecosistema desde cero

En Chubut la vitivinicultura es una actividad joven. Los primeros destellos surgieron en la comarca andina, en El Hoyo, y con los años se expandieron hacia la costa y el valle inferior. Belén fue testigo directo de esos amaneceres en el VIRCh.

"Hoy estamos en pleno crecimiento y demostrando en distintos niveles que se puede lograr altísima calidad. Pero somos una zona nueva", explica. "En 2003 empezamos a evaluar qué variedades se adaptaban a una región sin tradición enológica ni vitícola. Desde el INTA buscábamos alternativas para diversificar las chacras y ahí apareció la vid. Primero fueron ensayos varietales y recién hacia 2011 empezamos a pensar en elaborar en origen. Ahí me metí de lleno en el universo del vino".

Su perfil combina la vivencia de la familia de chacra con el rigor técnico del instituto. "Desde la óptica del INTA siempre se busca generar datos y realizar ensayos antes de hacer la extensión a los productores", detalla. "En la zona no había nada, no existía experiencia previa y hubo que construir el ecosistema desde cero. Al principio costó que los productores se animaran a dar el salto después de los ensayos; una cosa es saber qué variedad anda bien o cuál resiste mejor las enfermedades, y otra muy distinta es encontrar quién plante, invierta y espere los tiempos biológicos del cultivo".

Los primeros en animarse y el efecto contagio

Los hermanos Roberto y Carlos Barragán, de Bardas al Sur, fueron los primeros en dar el paso. Habían decidido reactivar la chacra familiar en Gaiman, donde históricamente cultivaban zanahoria, tomate y papa. Primero sumaron pasturas, incorporaron animales y en 2011, cuando acababan de sembrar un cuadro de alfalfa, un técnico del INTA les propuso plantar vides.

"Fue un proceso gradual, pero generó un efecto contagio en los demás productores", apunta Belén. Hoy conviven doce emprendimientos vitivinícolas en el VIRCh y casi todos dieron sus primeros pasos en la sala de elaboración artesanal del INTA. La excepción es la familia Fernández, de Estancia Las Bardas, que montó su propio circuito.

"Hoy conviven doce marcas, entre ellas Finca Caballo Blanco, Bardas al Sur y Punta Ninfas, que ya cuentan con sala propia", enumera. "El INTA pasó de tener una única sala a disponer de cuatro. Paralelamente, se advierte una segunda ola de plantaciones desde Trelew hasta 28 de Julio: el núcleo fuerte sigue en Gaiman, pero también hay viñedos en Dolavon, 28 de Julio, Trelew y experiencias incipientes en El Doradillo y Puerto Madryn. En todos los rincones se nota un crecimiento constante".

Lejos de las grandes superficies cuyanas, en Chubut predominan las escalas humanas: los relevamientos del INTA registran 23 hectáreas en producción efectiva y 35 implantadas, con una elaboración que supera los 21.000 litros y cerca de 45.000 kilos de uva cosechados. En ese camino, Belén destaca el aporte del enólogo Mario Lazcano, incorporado a través de Cambio Rural: "Con Mario dimos un salto de calidad rotundo; aprendimos muchísimo".

Acidez, frescura y un hallazgo inesperado

Los vinos del valle tienen un sello propio. "Son distintos", define Pugh. "Al consumidor hay que explicarle el perfil, aunque cada vez hace menos falta porque el público los conoce, los valora y dejó de compararlos con los de Cuyo, lo cual es fantástico".

"Son vinos sumamente frutados, frescos y con gran intensidad de color por la marcada amplitud térmica. Pero también tienen una acidez viva", describe. "En zonas frías predomina el ácido málico, que resulta algo filoso al paladar. Aunque aplicamos técnicas enológicas para redondearlo, es la impronta del lugar: a los blancos les otorga una elegancia soberbia, y en los tintos hay que saber que esa frescura es parte de su ADN. No son ni mejores ni peores: son patagónicos".

En cuanto a cepajes, no duda: "El Pinot Noir es el estandarte de la provincia, pero la gran sorpresa en este valle es el Cabernet Franc. Dejo de lado las blancas porque durante años no se plantaron y recién ahora se incorporan en esta segunda etapa. El Pinot Noir se da con naturalidad y el Cabernet Franc nos sorprendió a todos: al ser de ciclo más largo, la teoría marcaba que no llegaría a madurar bien, pero las plantas maduras están dando resultados extraordinarios. En los libros no figuraba que pudiera expresarse con tanta fruta negra, especias y brillo aromático. Fue un hallazgo".

Su formación se consolidó gracias a una beca conjunta de la Provincia, el CFI y la COVIAR para cursar enología: "Fue el broche profesional que necesitaba: me permitió ponerle fundamento teórico a todo lo que venía ejecutando en la práctica".

Un futuro que pide organización

A más de dos décadas de aquellos ensayos pioneros, el balance supera cualquier expectativa inicial: "Le tenía fe, pero jamás imaginé semejante repercusión. Los vinos ganan premios, mejoran año a año y la gente los pide afuera. Mientras el consumo y la producción vitivinícola caen a nivel global, en Chubut ocurre lo contrario".

Esa singularidad se explica también por la matriz del proyecto: "Nuestro perfil es el del chacarero que buscó reconvertirse, a diferencia de otras zonas donde desembarcan grandes inversores. Por eso, el rol de la sala del INTA fue decisivo: brindó un espacio habilitado, con acompañamiento profesional, porque acá no había nadie intentando hacerlo. Así que sin eso, hubiese pasado muchos años después y con muchos más errores y pérdidas económicas para los productores".

De cara al futuro, Belén advierte que el desafío de la vitivinicultura chubutense radica en la madurez estratégica: "Creo que va a seguir creciendo, que van a seguir apareciendo lugares que tienen potencial para el vino, pero también creo que, como todo lo nuevo, llega a su máximo y la novedad a veces conviene declinar. Creo que estamos llegando a la parte de arriba de esa curva y va a ser fundamental que interactúen las distintas zonas y que se pongan de acuerdo en determinados objetivos para estar preparados. Y eso se va a dar con organización de los productores, que se comuniquen y se armen estrategias, alternativas diferentes y empezar a pensar en algo bien provincial y para eso debe haber un orden en la demanda", cierra la especialista que conoce el campo desde adentro y desde afuera.

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