Dejó Buenos Aires por un sueño y hoy es pionero de un cultivo que nadie conocía en el Valle de Viedma
¿Qué llevó a un periodista porteño a convertirse en pionero de las avellanas en el Valle de Viedma? Su historia de superación y diversificación productiva, con todos los detalles.
Un ex periodista de la Legislatura bonaerense cambió los escritorios por una chacra en el Valle de Viedma y se convirtió en uno de los primeros productores de avellanas de la región. Su historia, marcada por el aprendizaje a prueba y error, es un ejemplo de diversificación productiva.
Daniel Quintero llegó a la Patagonia en 1987, atraído por el proyecto de traslado de la Capital Federal y por una oportunidad que parecía única: acceder a una chacra de 38 hectáreas a un precio accesible, a pocos kilómetros de Viedma, dentro de un sistema de riego que prometía un futuro agrícola prometedor.
En ese entonces, trabajaba en el área de prensa de la Legislatura bonaerense y no tenía prácticamente ningún conocimiento agropecuario. "Compré manuales de campo, libros del agricultor autosuficiente y todo lo que encontraba para aprender. La chacra fue mi escuela", recordó.
¿Cómo empezó todo?
Sin el capital suficiente para desarrollar el proyecto que realmente lo apasionaba, los frutos secos, optó por una actividad que le permitiera generar ingresos más rápidamente: la ganadería. Durante casi una década, la producción bovina fue el sostén económico del establecimiento. Compraba animales jóvenes, los engordaba sobre pasturas bajo riego y luego los vendía terminados. Mientras tanto, continuaba trabajando en la ciudad para complementar los ingresos familiares y reinvertía todo lo posible en la chacra.
"La idea inicial siempre fueron las avellanas, pero no tenía el dinero para empezar. Entonces hice invernada y así pude ir armando el proyecto de a poco", contó.
La apuesta por las avellanas
En 1995, el INTA impulsaba con fuerza la incorporación de frutos secos en el Valle Inferior, y Quintero decidió dar el primer paso: plantó media hectárea de avellanos. Al año siguiente amplió la superficie a una hectárea y media, y con los años, el monte fue creciendo hasta alcanzar las 13 hectáreas que hoy conforman el corazón del establecimiento.
"En esa época éramos muy pocos los que producíamos avellanas y se sabía muy poco del cultivo. Todo lo que hoy conocemos sobre polinizaciones, variedades o manejo prácticamente no existía, aprendimos haciendo", explicó.
Actualmente trabaja principalmente con las variedades italianas Tonda Gentile Romana y Giffoni, a las que más tarde incorporó Barcelona, una variedad que además de producir muy bien cumple un papel clave como polinizadora. La llegada de Ferrero Rocher a la región también fue determinante para consolidar la actividad. "Tener un comprador permanente para la producción cambió completamente el panorama. Eso dio mucha tranquilidad a quienes apostábamos por este cultivo", aseguró.
Oportunidades de mercado y desafíos productivos
Quintero explicó que el fuerte aumento de los precios internacionales de la avellana respondió, principalmente, a la caída de la producción en Turquía, país que concentra entre el 75% y el 80% de la oferta mundial. Las altas temperaturas y las heladas redujeron cerca de un 35% la cosecha turca, lo que impulsó la cotización. "Lo habitual era que se pagara alrededor de 3,30 dólares y llegó a 6,20 dólares. Lo que pasa es que en el mundo tampoco hubo avellanas", señaló.
Sin embargo, ese escenario no se tradujo en una buena campaña para su establecimiento. "Esta campaña fue mala porque hubo problemas de polinización y, además, dos heladas muy fuertes, una en septiembre y otra en octubre. Muchas de las pocas avellanas que había quedaron vanas, sin fruto interno", relató.
En su chacra, donde habitualmente obtiene rindes de entre 1.500 y 1.800 kilos por hectárea, esta vez apenas cosechó entre 200 y 300 kilos por hectárea. Como contraste, recordó que "la campaña anterior había sido excelente, con producciones cercanas a los 2.000 kilos por hectárea".
Con la cosecha ya finalizada, la mirada de Quintero está puesta en el próximo ciclo productivo. Explicó que el avellano atraviesa la etapa de floración y que la polinización se realiza por acción del viento, por lo que las lluvias de las últimas semanas podrían influir en el resultado de la próxima campaña. "Estamos rezando para que mejore el tiempo. Si llueve durante toda la floración, el polen no vuela y la polinización se complica mucho", expresó.
El riego y la diversificación
En cuanto al manejo del agua, Quintero explicó que en su chacra trabaja con el sistema de riego por manto. "Vos tenés canales que llevan el agua a la chacra y, con sifones o boquetes, inundás la parte de avellanos, de pasturas o de lo que tengas produciendo", describió. Respecto de las heladas, comentó que "uno o dos productores" están probando un sistema de riego subarbóreo. "Son aspersores abajo del árbol que impedirían, en los momentos críticos, que la helada sea tan fuerte. Es una forma de defensa que se está empezando a implementar", contó.
Aunque hoy la producción principal son las avellanas, Quintero nunca abandonó completamente la ganadería. Mantiene un rodeo reducido de aproximadamente veinte vacas de cría y un toro, manejados íntegramente bajo riego. Los animales se alimentan sobre pasturas compuestas por alfalfa asociada con otras especies forrajeras. Solo en los años más secos es necesario suplementar con rollos o heno. "Este año prácticamente no hizo falta porque hubo muchísimo pasto", agregó. Actualmente trabaja con animales Aberdeen Angus Colorado, luego de haber comenzado años atrás con Hereford. Los terneros se comercializan principalmente a través de la Cooperativa de Patagones.
Lejos de representar una actividad secundaria, la ganadería terminó siendo el salvavidas económico del establecimiento. "Con la campaña de avellanas que tuvimos, ese pequeño rodeo terminó cubriendo buena parte de los costos de la chacra. Ahí uno entiende el valor que tiene diversificar", afirmó.
Del periodismo a la presidencia del Idevi
La producción nunca lo alejó del periodismo. Durante muchos años condujo un programa de televisión dedicado al sector agropecuario que llegó a emitirse por Canal Rural. Esa experiencia le permitió recorrer establecimientos, entrevistar productores y conocer en profundidad las distintas actividades que se desarrollan en Río Negro. Más adelante también le tocó conducir el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi), una experiencia que, aseguró, le permitió comprender la producción desde otra perspectiva. "Una cosa es observar desde afuera y otra muy distinta gestionar. Fue una etapa muy enriquecedora", aseguró.
¿Qué futuro le espera al Valle de Viedma?
Con la mirada que le dan casi cuatro décadas viviendo y produciendo en la región, Quintero cree que el Valle de Viedma atraviesa una etapa distinta a la de sus comienzos. "La chacra ya no es ese proyecto romántico de hace cuarenta años. Hoy tiene costos importantes y hay que trabajar muy bien para que sea rentable", dijo. Sin embargo, mantiene el optimismo. Considera que la región cuenta con ventajas difíciles de encontrar en otras zonas productivas: disponibilidad de agua, buenas tierras y condiciones climáticas favorables para una amplia variedad de cultivos.
A su entender, el gran desafío pasa ahora por fortalecer las políticas de financiamiento que permitan incorporar maquinaria específica, gran parte de ella importada, y tecnologías destinadas a proteger los montes de las heladas. "Tenemos buena tierra, excelente agua y un enorme potencial. Si logramos seguir incorporando inversiones y herramientas para reducir los riesgos climáticos, el Valle Inferior va a seguir creciendo. Estoy convencido de que lo mejor todavía está por venir", concluyó.
Con la tranquilidad de quien construyó su historia paso a paso, Daniel Quintero recorre hoy los mismos lotes que empezó a trabajar hace casi cuarenta años. Los libros quedaron atrás, reemplazados por la experiencia, pero la curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo continúan intactas, igual que aquel periodista porteño que un día decidió cambiar las oficinas por una chacra y encontró, entre avellanos y vacas, un proyecto de vida.