Dejó California por Rosario, probó los chinchulines y casi lo lamenta: la historia de Zoey Kuhn

Cruzó el continente por una plaza que cerraba en tres días, probó los chinchulines y casi lo lamenta. Lo que la californiana no esperaba encontrar en Rosario.

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Dejó California por Rosario, probó los chinchulines y casi lo lamenta: la historia de Zoey Kuhn
Dejó California por Rosario, probó los chinchulines y casi lo lamenta: la historia de Zoey Kuhn

Zoey Kuhn tenía tres días para decidir si dejaba su vida en California y se mudaba a Rosario. No lo pensó demasiado: dijo que sí. Hoy, con 22 años, acaba de cerrar su primera temporada en el fútbol argentino con un doble logro: el título de la Primera B y el ascenso a la máxima categoría con Rosario Central.

Nacida en Thousands Oaks, la futbolista todavía no habla español y aceptó la entrevista con una condición: que fuera en su idioma. “Me gusta hacer cosas ‘out of the box’; cuando uno está incómodo, crece; tomar esta decisión de mudarme tan lejos era una locura y la acepté por eso”, explicó.

Del mate al fernet: la adaptación a las costumbres locales

Zoey ya probó el mate y el fernet, aunque confiesa que no es fanática de ninguno de los dos. “No soy tan fan del mate como todas en el equipo, pero porque a mí me gusta mucho tomar agua”, contó. Sobre la bebida alcohólica fue igual de sincera: “Es interesante, no sé cómo me siento al respecto, pero soy más del agua”.

El asado también pasó por su paladar, pero con un episodio que todavía la hace reír. “Una vez me dieron para probar y casi vomito; lo comí y después me dijeron qué era y casi me muero”, relató sobre los chinchulines, una achura clásica de la parrilla argentina.

De arquera a número 9

Aunque hoy es la 9 de Rosario Central, su historia en el fútbol empezó bajo los tres palos. A los tres años arrancó en una liga recreativa y a los 7 u 8 pasó al fútbol competitivo. “Tengo un hermano mayor que jugaba al fútbol cuando yo era muy chiquita, y mi papá me sentaba en una sillita en la línea lateral y yo siempre preguntaba: ‘¿Cuándo puedo jugar yo?’”, recordó.

Su altura terminó siendo determinante para el cambio de posición. “Desde los 10 hasta los 16 jugué como arquera y consideré ir a la universidad en ese puesto, pero mido 1,65 y eso influyó en pasar a ser jugadora de campo”, explicó.

Kuhn estudió un año y medio en Moorpark College, en California, y luego se transfirió a Azusa Pacific University, donde jugó con beca deportiva desde 2023. Su plan era graduarse en kinesiología para ejercer como fisioterapeuta, pero la propuesta de Rosario Central llegó justo cuando estaba a menos de un mes de terminar la carrera.

La llamada que lo cambió todo

“Cuando recibí el llamado para venir a Rosario, me dijeron: ‘Hay un lugar para vos en la Argentina, pero necesitamos que vengas en menos de tres días porque cierra el mercado de pases’”, contó. Fue el 4 de abril de 2026 y tres días después ya estaba aterrizando en el país. La graduación se atrasó y terminó rindiendo a la distancia, a finales de mayo.

El apuro fue tal que pagó dos meses de alquiler de más en la casa que compartía con otras seis chicas en el campus, guardó todo en valijas, renunció a su trabajo en un restaurante y se subió al avión.

Su plan original era muy distinto: quería irse a Australia. “Contraté a un agente para que me buscara equipo. Mi plan era irme después de mayo, cuando me graduara y terminara mi alquiler; incluso el plan era irme a Australia, pero cuando faltaban tres días para que cerrara el libro de pases en la Argentina, él me llamó y me dijo: ‘Tenemos una plaza para vos en Rosario, pero tenés que viajar en tres días’”, detalló.

Lo que terminó de convencerla fueron dos nombres propios del fútbol argentino. “Mi agente me mencionó que Messi era de acá y que Ángel Di María jugaba en el equipo masculino de Rosario Central. Y yo pensé: ‘Damn, that’s kind of crazy’”, contó. Además, buscó el Instagram del equipo femenino, le pareció un buen grupo y aceptó.

Una vida nueva en Rosario

El club le prometió hospedaje y el viaje en auto al entrenamiento cada día. En el contrato, Zoey pidió vivir sola. “El primer mes me alojé en un hotel hasta que estuvo listo mi departamento cerca del Monumento a la Bandera. Me costó un poco adaptarme a los horarios de comida y sueño porque acá la gente cena y se acuesta muy tarde”, contó.

El acuerdo económico también se cerró rápido y la conversión la favorece. “Para mí todo es barato porque lo comparo con los Estados Unidos. Sólo pago un poco la nafta porque el club me paga todo lo demás, no tengo grandes gastos”, señaló.

Entrena por la mañana y tiene la tarde libre. Al principio se aburría un poco, pero encontró la vuelta: además de su sueldo como jugadora, complementa sus ingresos subiendo contenido a TikTok para marcas. “Tengo algunas ya cerradas y le dedico tiempo a eso”, contó.

Todas las mañanas pasa a buscar a una compañera y van juntas al entrenamiento. Llega a su casa a las 14 y suele ir a kinesiología o al gimnasio. “Después me gusta mucho ir a hacerme las uñas o unos masajes, pasear y hacer asados con mis amigas”, relató.

El idioma no es una barrera. “Tengo amigas que no hablan nada de inglés y pasamos tiempo juntas aunque no haya nadie que nos traduzca. Ellas también van aprendiendo algunas palabras de inglés y yo de español. Son increíbles”, dijo. Aunque le dedica tiempo a Duolingo, quiere sumarse a alguna clase para aprender español. “Si el entrenamiento va muy rápido, hay unas cinco compañeras que hablan inglés y me traducen”. Zoey es la primera mujer estadounidense en jugar en el equipo femenino de Rosario Central.

Una temporada de película

El contrato que firmó es por una temporada, la que acaba de terminar con el campeonato de la Primera B y el ascenso a la máxima categoría. En 17 partidos convirtió 9 goles y dio 8 asistencias, aunque fue titular en solo siete partidos por una lesión en el tobillo. “Tuve un esguince en el ligamento del tobillo, grado 2, y por un tiempo no jugué. Cuando me empecé a sentir mejor, me resentí de la misma lesión. Ahí era difícil para el DT que yo jugara, así que fui mucho tiempo suplente. Lo bueno es que seguía haciendo goles aunque jugara solo 30 minutos y eso me hacía feliz porque podía influir en los partidos”, explicó.

“El contrato es de abril a diciembre. La próxima temporada empieza en febrero de 2027 y hay que ver si sigo”, agregó. Tras una semana de vacaciones por el título, se vienen dos meses de entrenamiento para prepararse para la máxima categoría. Su deseo es quedarse. “Estoy viendo opciones y hablando con mi agente, pero si me ofrecen continuar, me quedo”, reveló.

Zoey es competitiva y lo que más le gusta es ganar. “Sea ganar una pelota, un partido o sentir que gané porque jugué bien”, especificó. Su mayor fortaleza es que le pega con ambas piernas y tiene un remate fuerte. “Uso la zurda para los córners, aunque soy diestra”, aclaró.

En sus ratos libres mira fútbol femenino y masculino y sueña con conocer a Di María. También anhela viajar, conocer el mundo y jugar algún día en la máxima categoría estadounidense, en el San Diego Wave. “Eso sí sería algo grande, me encantaría, es de mi ciudad, donde crecí e incluso ahora juegan ahí algunas chicas que conozco”, dijo.

El fútbol argentino, más agresivo

Lo que más la sorprendió del fútbol local es la dureza. “Yo antes recibía muchas amarillas, pero lo controlé y aprendí con los años; sin embargo, cuando llegué acá, no podía creer la cantidad de fouls que había y que el árbitro no cobraba casi nada”, contó. “Yo no soy muy grandota y me costó eso. Generalmente, yo jugaba de 7 u 11, por los costados, pero me pusieron de 9 en Rosario Central y me tuve que bancar golpes fuertes”, agregó.

En diciembre viajará a Estados Unidos para pasar las fiestas con su familia y amigos. Recargará energías y verá cómo sigue su futuro. Todavía Central debe confirmar si la quiere para la máxima categoría. Ella ya lo tiene claro: encontró su lugar en el mundo.

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