¿Qué institución compite en la Asociación de Vóleibol de Rosario sin ser club y acaba de abrir su propia sede? La historia de Normal 3, la "Escuela" que lleva la mística en el pecho y ahora sueña con algo más.
Normal 3 es la única institución que compite en la Asociación de Vóleibol de Rosario (AVR) sin ser un club. Una rareza que arrastra desde hace décadas y que este año empezó a revertir: como asociación civil inauguró su propia sede en Virasoro al 1900 y dio el primer paso formal para transformarse en club.
Los resultados deportivos acompañan desde hace tiempo, pero la noticia va por otro carril. La "Escuela" ya no depende exclusivamente del gimnasio histórico de Entre Ríos 2366 para sostener su actividad.
Una semilla que llegó con la dirección
Corría 1947 cuando Adolfo Wagner asumió la dirección de la Escuela Normal Nº 3 Mariano Moreno. No llegó solo con tizas y normativas pedagógicas: traía una semilla redonda y blanca que empezó a volar en el gimnasio de la calle Entre Ríos 2366.
En aquella época el vóley no era un deporte, era un pasatiempo que los chicos alimentaban a fuerza de saltos. Las paredes del viejo colegio absorbieron los gritos de los recreos, y los torneos intercursos del 10 de octubre, instituidos por el profesor Leovino Raúl Martínez, fueron cargándose de misticismo.
El club que nació sin papeles
Los alumnos crecían, terminaban la secundaria y salían al mundo de los grandes con sus maletines, pero sus almas se negaban a soltar la pelota. Se quedaban flotando en la cancha de parqué. Así, sin que nadie firmara un decreto, nació la Asociación de Exalumnos: un club sin papeles que latía con más fuerza que los corazones de sus fundadores.
Durante décadas jugaron sin ventajas. Mientras los gigantes de la ciudad presumían chequeras, Normal 3 hacía magia con manos curtidas y un corazón que parecía reflejar un cielo más hondo que el real.
La idea de crecer que venía de los 70
La idea de expandirse empezó a rondar en algunas cabezas. Ya Guillermo Helbling y Juan Carlos "Chuli" Masau decían en los años 70 "necesitamos otro lugar", augurando un crecimiento constante. Y no se equivocaban.
El sitio donde funcionaba la famosa empresa de transporte Marco Polo, en Corrientes y La Paz, era el lugar soñado de todos los normalistas para concretar esa idea. Incluso soñaban con conectar ese predio con el jardín de infantes de la institución para tener un ingreso desde el colegio.
En Normal 3 siempre todo se hizo a pulmón en su gimnasio, símbolo de la escuela junto con la piscina. Ese mítico lugar con piso de parqué, además de cumplir con la escolaridad, fue la cancha oficial del torneo local y escenario de numerosos partidos de antología. De sus entrañas brotaron leyendas como los hermanos Cuminetti o Pepe Peralta y una interminable cadena de guerreros que hasta el día de hoy cruzaron fronteras nacionales con la estampa de la escuela en el pecho.
La pandemia, el quiebre que encendió la búsqueda
La concreción de la idea de tener una sede propia comenzó tras la pandemia. Durante esos meses en los que cambió el mundo, a diferencia de los clubes, Normal 3 no pudo entrenar porque el colegio no podía abrir las puertas debido a la normativa existente. Fue entonces cuando alquilaron horas en el Club Banco de Santa Fe para poder hacerlo y se dieron cuenta de que, con un lugar propio, no habrían pasado por esas circunstancias.
Ahí la idea tomó más fuerza. Empezaron a buscar un espacio hasta que les ofrecieron un lugar de 1.000 m2 cubiertos en la calle Virasoro. Asentarse allí no fue sencillo: antes pulsearon con una empresa que también quería el lugar. La puja tuvo final feliz para la gente de Normal 3 porque los dueños del predio eran exalumnos del colegio y primó el sentido de pertenencia.
Lo que hay hoy en la nueva sede
El 1º de septiembre de este año el lugar quedó oficialmente inaugurado. Hoy funcionan dos canchas con piso deportivo, vestuarios, gimnasio de pesas e iluminación led, además de un sector de quincho y parrillas para que el encuentro social y la camaradería también tengan su lugar.
Así se concretó el sueño de mucha gente y de muchísimos años, un sueño colectivo cumplido que denota crecimiento. Para Normal 3 el corazón siempre estará en la calle Entre Ríos, en el mismo lugar donde se escribieron miles de historias y donde tres canchas con las redes puestas todo el año reinan en un patio que alimenta un gran sentido de pertenencia.
La nueva sede traerá crecimiento no solamente en el plano deportivo sino también en el de las propias personas, que allí se formarán en valores, porque Normal 3 es una escuela y de eso saben mucho.
El himno del colegio lo dice en su final: "Y si un día tus muros nos dejan, vivos ecos de nuestra canción, llevaremos tu dulce recuerdo, ¡pero nunca diremos adiós!". Para los normalistas, la sede es un buen lugar para seguir estando cerca.