Dejó la oficina tras 30 años y armó un motorhome: adentro entran su trabajo y dos perros
Dejó la oficina después de tres décadas, armó un motorhome de 15 metros cuadrados y sigue trabajando desde la ruta. Lo que encontró en el camino le cambió la manera de encarar su profesión, y no tiene que ver con el dinero.
Jorge "Tata" Varela lleva más de tres décadas en la publicidad y decidió cambiar la sala de reuniones por la ruta. Armó un motorhome de 15 metros cuadrados y desde ahí sigue dirigiendo su agencia, mientras recorre el país junto a sus perros Chimi y Churri.
En los primeros ocho meses de viaje ya había sumado 27 mil kilómetros. La casa grande, los horarios fijos y las reuniones cara a cara quedaron atrás: en su lugar apareció una rutina sobre ruedas que no interrumpió su carrera, sino que la reorganizó.
El día que la estructura dejó de cerrar
Varela venía sosteniendo una forma de vida aceitada durante décadas. Un día resolvió que no quería seguir igual. En vez de colgar la profesión, la mudó: trasladó su espacio de trabajo al motorhome y comenzó a conducir su agencia de publicidad de manera remota.
Las reuniones con clientes y equipos siguieron, pero por Meet, Zoom y WhatsApp. Del otro lado de la pantalla, el paisaje cambiaba. Del suyo, también.
El publicista reconoció que desarmar una estructura de más de 30 años no fue sencillo. Aun así, al hacer balance, se quedó con lo que ganó: "Lo primero que gané: salud y perspectiva".
Cómo se vive y se trabaja en 15 metros cuadrados
El motorhome cumple doble función: es vivienda y oficina. Desde ese espacio reducido Varela se conecta con sus clientes, participa de reuniones virtuales y avanza con los proyectos de la agencia. El recorrido lo organiza según sus posibilidades, sin atarse a un calendario rígido.
Durante los primeros ocho meses pasó por distintos puntos de la Patagonia, el norte argentino y también Chile. Los traslados dejaron de ser una pausa y se volvieron parte de la vida cotidiana. En total, unos 27.000 kilómetros acumulados.
Trabajar mirando el lago Huechulafquen
El entorno también le movió algo en la cabeza. Según contó, no es lo mismo resolver los problemas laborales frente al paisaje del lago Huechulafquen que hacerlo encerrado todos los días en una sala de reuniones. Para él, ese contexto le aportó otra perspectiva a la hora de decidir.
Con los meses empezó a mirar distinto esos momentos chicos que antes quedaban tapados por las obligaciones. "A veces se puede vivir con menos y valorar un poco más las cosas chicas y simples", reflexionó.
Lejos de entender el viaje como un paréntesis laboral, Varela lo plantea como una forma de reacomodar las piezas: trabajo, vínculos y tiempo personal en un equilibrio que antes no tenía.