Dejó Malargüe a los 22 y hoy estudia en una universidad de Estados Unidos: el examen que casi lo deja afuera
Parecía que con aprobar matemática y física ya estaba todo resuelto, pero faltaba un examen que define el futuro de cualquier estudiante argentino en Estados Unidos. Laureano Miranda lo rindió y hoy ya está instalado en Michigan, donde lo esperan cuatro años de Ciencia de Datos. ¿Qué pasó con los otros malargüinos que siguieron ese camino?
Laureano Miranda acaba de instalarse en Houghton, Michigan, para cursar Ciencia de Datos en Michigan Technological University. Es el nuevo becario de la Beca Aniversario Malargüe, un convenio que cada dos años envía a un estudiante del departamento a formarse cuatro años en Estados Unidos con cobertura completa.
La llegada del joven de 22 años a la península superior de Michigan no fue casualidad. Antes tuvo que superar las evaluaciones de matemática y física que toma la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y después rendir el TOEFL, el examen internacional que acredita el dominio del inglés y que suele convertirse en el gran filtro para cualquier estudiante que quiere ingresar a una universidad estadounidense.
Recién después de esas instancias llegó el pasaje. Laureano eligió Ciencia de Datos, una carrera que empezó a definir después de pasar por Ingeniería en Sistemas en la UTN y por Ingeniería en Informática en la Universidad de Mendoza.
De Guaymallén a Panamá y de vuelta a Malargüe
Su historia personal también tiene vueltas. Durante su primera infancia vivió entre Guaymallén y Panamá por razones familiares, hasta que la familia regresó a Malargüe. Allí cursó la primaria en la Escuela Teniente General Rufino Ortega y la secundaria en la Escuela Técnica Industrial Minera (ESTIM).
Ahora, a miles de kilómetros de esas aulas, empezó a organizar su rutina académica. En sus primeros días quedó sorprendido por las dimensiones y las instalaciones de Michigan Tech, según relató, y se adapta a las exigencias de una carrera cada vez más vinculada al desarrollo tecnológico.
Detrás del estudiante hay una familia que acompaña a la distancia. Sus padres, Yamile y Jorge, lo describen como alguien responsable con sus objetivos y remarcan que siempre respaldaron su decisión de buscar esta oportunidad.
“Es una persona muy responsable con respecto a sus objetivos”, señalaron. Y agregaron: “Con constancia se puede lograr los objetivos”. Para ellos, la beca representa una posibilidad extraordinaria y, al mismo tiempo, un mensaje para otros jóvenes de Malargüe que pueden imaginarse un camino similar.
Llegar a Michigan también implica atravesar el desarraigo: sostener afectos, costumbres y vínculos mientras se construyen nuevas relaciones en otro país. La tecnología acorta kilómetros, pero no reemplaza una conversación con la familia ni el recuerdo de la ciudad que quedó atrás.
La Beca Aniversario, un puente que ya tiene historia
La historia de Laureano se suma a una trayectoria con nombres propios. Felipe Altamirano es uno de los referentes de esta generación de becarios y este año alcanzará un logro académico significativo: finalizará su doble ingeniería en Computación y Eléctrica.
Felipe explicó que la Beca Aniversario nació de un convenio internacional entre la Municipalidad de Malargüe y Michigan Technological University, que permite que cada dos años un estudiante del departamento acceda a cuatro años de formación con cobertura completa.
La iniciativa comenzó a tomar forma hacia finales de la década de los '90, impulsada por el científico estadounidense David Nitz, integrante de la comunidad científica internacional vinculada al Observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger. Las semejanzas entre Malargüe y Houghton y el crecimiento del departamento como espacio para la investigación ayudaron a construir ese vínculo que permanece hasta hoy.
Felipe no solo aprovechó las aulas. Participó del Club de Cine como proyeccionista, vicepresidente y responsable del equipamiento técnico de audio y video. En Alpha Phi Omega llegó a ejercer la presidencia, además de ser vicepresidente y secretario de normas de convivencia. También integró organizaciones relacionadas con la ingeniería y la computación, y sumó experiencias laborales como técnico en electrónica e informática en Michigan Tech y como ingeniero de pruebas eléctricas en Faith Technologies Incorporated.
El legado de Tania Demonte González
Antes que ellos hubo otros malargüinos que dejaron su huella. Angelo Chialva fue el primero en obtener su diploma, seguido por Emanuel Marinaro, Sebastián Céspedes, Mario Bonvini y Tania Demonte González. En 2026 también se sumó Matías Hajdinjak, mientras Valentín Ravotti transita actualmente su segundo año en Ciencias de Datos.
Desde Houghton, Tania continúa trabajando en un proyecto relacionado con la generación de energía renovable a partir del movimiento de las olas. Su investigación busca capturar la energía cinética presente en el agua, transformarla en electricidad y optimizar estructuras capaces de desarrollar ese proceso de manera amigable con el ambiente.
Su recorrido permite dimensionar el alcance de aquella oportunidad que comenzó hace más de dos décadas. Su historia trascendió las aulas y hoy forma parte de la propia universidad que un día la recibió como estudiante. Máster, doctorado, docencia e investigación son los capítulos de una trayectoria que mantiene a una malargüina vinculada con la generación de conocimiento en Michigan.
La doctora Tania Demonte González se convirtió en una referencia para los jóvenes que llegan detrás. Su experiencia demuestra que la Beca Aniversario no tiene necesariamente un punto final cuando concluyen los cuatro años de estudio. Puede ser el comienzo de una vida académica, científica y profesional capaz de proyectar el nombre de Malargüe mucho más lejos.
Laureano recién comienza. Felipe está a punto de cerrar una etapa de doble ingeniería, Valentín sigue a paso firme y Tania convirtió aquella experiencia inicial en una carrera académica y científica. Momentos diferentes de una misma historia que sigue llevando el nombre de Malargüe mucho más allá de sus propios límites.