Dejó Medicina en Misiones y hoy surca el Atlántico: quién es la joven que navega en la fragata Libertad
Una joven misionera dejó la carrera de Medicina en Posadas y hoy navega el Atlántico con el uniforme de la Armada. Su nombre despierta una pregunta que casi todos le hacen y esconde una historia familiar que ni ella conocía.
La Guardiamarina en Comisión Yuriko Andrea Marín vive las últimas horas del 54° Viaje de Instrucción a bordo de la fragata ARA “Libertad”, que este sábado 19 de septiembre arribará a Buenos Aires para cerrar la travesía. Detrás del uniforme hay una historia que empezó muy lejos del mar, en el Barrio Rocamora de Posadas.
Nacida el 20 de diciembre de 2003 en Corrientes, la joven vivió apenas cuatro meses en esa ciudad antes de que su familia regresara a su lugar de origen: Misiones. Su infancia y buena parte de su adolescencia transcurrieron en el tradicional barrio posadeño, donde cursó la primaria en el Instituto San Alberto Magno, a tres cuadras de su casa.
Una familia de médicos y una vocación inesperada
Su mamá, Mirna, es médica psiquiatra; su papá, Juan, es médico clínico y se está especializando en psiquiatría. Su hermana, de 21 años, sigue la tradición familiar y estudia Medicina en la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI). Todo indicaba que Yuriko haría lo mismo: de hecho, tras terminar el liceo, arrancó el curso de ingreso a Medicina en la UCAMI.
Pero la vocación estaba en otro lado. Sin dudarlo, presentó su documentación e ingresó a la Escuela Naval Militar. El primer contacto con el mundo militar había llegado antes, de la mano de su niñera, cuyo hijo era egresado del Liceo Naval Militar “Almirante Storni”. Esos relatos de disciplina, orden y camaradería le picaron la curiosidad, y también la promesa de viajar y conocer otras culturas.
“Conocer otras culturas, otra gente, fue lo que me motivó a seguir la carrera como oficial. Descubrí que podía vivir una experiencia distinta, rodeada de personas con un profundo sentido de pertenencia, compañerismo y lealtad”, cuenta Yuriko.
El nombre que todos le preguntan
Su nombre despierta curiosidad apenas se presenta. La respuesta está en sus bisabuelos maternos, que llegaron al país desde Japón e insistieron, antes de que ella naciera, en que llevara ese nombre que significa “pequeño lirio”. La flor evoca suavidad y elegancia, un contraste que armoniza con la determinación de esta joven que pasó meses surcando el Atlántico con el uniforme de la Armada Argentina.
La chispa definitiva se encendió en quinto año del secundario, cuando un oficial de la Armada dio una charla informativa sobre la Escuela Naval Militar (ESNM). Durante mucho tiempo creyó que no tenía antecedentes navales en la familia. Recién al ingresar descubrió que un tío se había retirado como oficial submarinista y que un primo egresó de la ESNM dos años atrás y hoy hace el curso de Aviación Naval. “Recién cuando entré a la Escuela hicimos más contacto y creamos un vínculo mucho más fuerte”, reflexiona.
Del patrullero ARA “King” a la fragata “Libertad”
El desarraigo fue el primer gran desafío al entrar a la Escuela Naval. La distancia de sus afectos la enfrentó por primera vez con la separación, pero en la convivencia diaria encontró en sus compañeros de promoción una segunda familia. Su pasión por navegar se selló en segundo año, a bordo del patrullero ARA “King”, en aguas fluviales. Después siguieron el transporte rápido ARA “Canal Beagle” y las lanchas de instrucción de cadetes, con navegaciones hasta Mar del Plata y Rosario.
“Me di cuenta de que me apasionaba navegar. Además, sentí que estaba acá no solo para defender a la Patria, sino también para motivar a más gente a que ingrese a la Armada y experimente este sentido de pertenencia”, dice.
En paralelo a la exigencia académica, integró el equipo representativo de natación de la Escuela Naval Militar y compitió en torneos universitarios, donde fortaleció disciplina, resistencia y trabajo en equipo.
Hoy, a bordo del buque escuela, vive las últimas horas del 54° Viaje de Instrucción, pensado para llevar a la práctica los conocimientos teóricos, enfrentar las exigencias operativas de la navegación y comprender el impacto de las condiciones meteorológicas e hidrometeorológicas sobre la actividad marítima. De cara al futuro, proyecta orientar su carrera hacia el área de Comunicaciones y sueña con participar de una Campaña Antártica a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”.
A miles de millas de su tierra, extraña la calidez del hogar, las costumbres de Misiones y su paisaje: el contraste de la tierra colorada, el verdor de la vegetación, la Costanera de Posadas y las Cataratas del Iguazú. También las charlas espontáneas al cruzarse con un conocido en la calle y los sabores del litoral, como la chipá y el reviro. Cada milla navegada y cada guardia cumplida, dice, reafirman su vocación de servir a la Nación.
