Dejó Radiología por el fitness: la arriesgada apuesta del joven de Chos Malal que hoy vive de su pasión
¿Qué lleva a alguien a dejar una carrera universitaria para dedicarse al fitness? La historia de Marcos Contreras, un joven de Chos Malal que apostó a su pasión y hoy vive de ella. Descubrí cómo transformó su vida y cuál es su próximo gran objetivo.
Marcos Contreras tenía todo encaminado en Radiología, pero una pasión más fuerte lo empujó a cambiar de rumbo. Hoy, este chosmalense de 30 años es un entrenador personalizado que vive 100% del fitness y sueña con abrir su propio gimnasio. Su historia es un ejemplo de cómo transformar una vocación en un proyecto de vida.
Raíces que marcan
Nacido y criado en Chos Malal, una ciudad histórica del norte neuquino fundada en 1887, Marcos creció en un hogar donde el deporte y el arte estaban presentes. Su mamá, profesora de Bellas Artes, y su papá, profesor de Educación Física y apasionado del handball, le inculcaron desde chico valores como la responsabilidad, el compromiso y la disciplina.
“El deporte estuvo presente desde que tengo memoria. Crecí en una familia que siempre me acompañó y me enseñó el valor de comprometerme con lo que hacía”, asegura Marcos a LM Neuquén.
El desvío inesperado
A los 18 años, Marcos se mudó a Neuquén Capital para estudiar Radiología en el Instituto Séneca. Le atraía la medicina y el funcionamiento del cuerpo humano, pero mientras cursaba, el entrenamiento comenzó a ganar terreno. “Mirándolo hoy, creo que entre ambos caminos siempre hubo algo en común: la curiosidad por entender el cuerpo humano y cómo podemos trabajar para mejorarlo”, explica.
Mientras estudiaba, ya daba asesorías online y tenía sus primeros alumnos presenciales. La pasión por el fitness fue creciendo hasta que decidió dar el gran paso: dejar la carrera. “Llegó un punto en que tuve que decidir dónde poner realmente mis fuerzas. En ese momento dejar una carrera podía sentirse como un fracaso, pero con el tiempo lo entendí de otra manera: no siempre dejar un camino significa fracasar; a veces significa animarse a apostar por otro”, señala.
El punto de inflexión
Su relación con el fitness comenzó a los 15 años, cuando iba al gimnasio para mejorar su rendimiento en handball. A los 16, su papá lo presentó a Mauricio Méndez, un fisicoculturista de Chos Malal, que le abrió las puertas a un mundo nuevo. “Entrenaba prácticamente todos los días, cuidaba mucho más mi alimentación y cada vez quería aprender más”, recuerda.
A los 18, viajó a Buenos Aires para competir en la Copa Mercosur, donde salió segundo en la categoría Men’s Physique. Esa experiencia le mostró que el fitness iba mucho más allá de la estética. “Dejé de pensar el entrenamiento solamente como una herramienta para transformar un cuerpo y empecé a entenderlo como una herramienta para mejorar la calidad de vida”, sostiene.
Construyendo su camino
Hoy, el entrenamiento presencial es su fuerte. Su primera camada de alumnos fueron personas del gimnasio al que llegó cuando se mudó a Neuquén. “Éramos apenas cuatro o cinco. El gran crecimiento llegó hace aproximadamente dos años, cuando decidí dedicarle muchas más horas y apostar de lleno a que esto fuera mi profesión”, cuenta.
Lo que más valora no es solo haber sumado alumnos, sino que varios de los que confiaron en él desde el principio siguen entrenando con él. “Esa continuidad habla de confianza, compromiso y un vínculo construido con el tiempo”, asegura.
El perfil de sus alumnos
Marcos nota que la mayoría de sus alumnos son mujeres, y celebra el cambio en la relación de la mujer con el entrenamiento de fuerza. “Hoy hay más información y muchas mujeres entienden que entrenar con pesas no es solamente una cuestión estética”, afirma.
Según su experiencia, un 50% de sus alumnos empieza principalmente por estética, un 30% por salud y longevidad, y un 20% por una especie de obligación positiva. “Lo interesante es que después esos motivos se mezclan. Muchas veces la estética abre la puerta y la salud termina dando motivos para quedarse”, acota.
Más que un entrenador
El vínculo con sus alumnos va más allá de lo físico. “Pasamos tantos días y horas juntos que inevitablemente se termina construyendo una relación de mucha confianza”, dice. Muchos llegan a contarle sus problemas personales, y aunque aclara que no es psicólogo, intenta escucharlos y acompañarlos desde su lugar.
Uno de los casos que más lo marcó fue el de una joven que logró bajar 40 kilos. “El número impresiona, pero lo que más me llena es todo lo que hizo durante el camino: aprendió a entrenar, mejoró la ejecución de los ejercicios, entendió cómo alimentarse y transformó sus hábitos”, destaca con orgullo.
Su oficina, su lugar en el mundo
Marcos trabaja en el gimnasio de Alderete 346, uno de los históricos de Neuquén, al que considera su oficina. “Lo elegí por la calidad de su maquinaria, el nivel de limpieza y, principalmente, por la calidad humana de la gente que trabaja y entrena ahí”, señala.
Para él, un buen gimnasio es más que un lugar con máquinas: “Con el tiempo, termina convirtiéndose en una comunidad y en un lugar al que realmente tenés ganas de volver”.
Vivir del fitness, un sueño cumplido
Cuando empezó, Marcos veía casi imposible vivir del fitness. Hoy, es su principal fuente de ingresos. “Puedo decir que vivo 100% de algo que me gusta y que elegí”, confiesa. Trabaja entre nueve y diez horas por día en el gimnasio, y los fines de semana se dedica a sus otros emprendimientos y a sus alumnos online.
Su gran sueño, que comparte con muchos colegas, es tener su propio gimnasio. “Estoy convencido de que se va a dar. No sé exactamente cuándo, pero sé que el camino para conseguirlo es el mismo que me trajo hasta acá: disciplina, sacrificio y dedicación”, concluye.