Dejó Salta por la Armada y hoy navega el Pacífico: la historia de Elizabeth Apaza
Elizabeth Apaza estudiaba para maestra jardinera en un pueblo salteño de mil habitantes. Un primo le contó que se anotaba en la Armada y ella lo siguió sin conocer el mar. Años después, navega el Pacífico en un destructor. Lo que pasó con su primo cambió su decisión.
Elizabeth del Carmen Apaza nació en un pueblo salteño de mil habitantes y hoy es Cabo Principal de la Armada Argentina. Su historia arranca en El Jardín, La Candelaria, donde estudiaba para ser Maestra Jardinera y trabajaba en las plantaciones de tabaco. Un primo que vivía en Güemes le contó que estaba tramitando su ingreso a la fuerza. Ella no lo dudó: emprendió el mismo camino sin conocer nada de la Marina, ni siquiera el mar.
“No conocía nada, ni siquiera el mar”, recuerda Apaza. “Pero todos en casa, mi mamá, mi tía y mi primo me motivaron a probar. Así fue como empezamos a prepararnos en una academia para rendir los exámenes e incluso tomamos clases de natación”, detalla.
Junto a su primo Leandro viajó a la ciudad de Salta para rendir en la Delegación Naval. Ambos aprobaron y partieron hacia la Base Naval Puerto Belgrano para comenzar el Período Selectivo Preliminar (PSP), la etapa de reclutamiento para la carrera de armas.
“Desde la primera semana busqué a Leo por todos lados, me costó adaptarme a los modos y formas navales, pero seguí adelante con la convicción de que era lo mejor para mí y lo logré; terminé el PSP”, cuenta la Cabo Principal, que recuerda ese momento como si fuera ayer.
Cuando llamó a Salta para contar que había ingresado, preguntó por su primo. Le dijeron que estaba en su casa: un tema médico lo había dejado sin el apto. Lo lamentó profundamente porque gracias a él estaba ahí. Su familia le dijo que podía volver cuando quisiera, pero ella decidió quedarse.
“Tampoco conocía a alguien, pero encontré buenos compañeros. Es algo que siempre destaco de la Armada, la presencia y contención incondicional del compañero que se hace amigo y familia”, sostiene con una sonrisa.
“Me encantaría que los jóvenes de mi provincia conozcan la Armada a través de mi experiencia porque poco se sabe y es una gran oportunidad profesional, ojalá muchos más se entusiasmen e ingresen como yo lo hice”, enfatiza.
De El Jardín a Punta Alta y el mar
Apaza tenía 20 años en 2015 cuando ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESSA). Hoy, con más de una década en la fuerza, no cambia su carrera por nada. Su primer destino fue el destructor ARA “Almirante Brown” (DEAB), al que regresó para cumplir una comisión embarcada.
“Fue una alegría volver, porque esta unidad fue mi primer destino naval y en 2019 por primera vez en mi carrera salí al exterior, también por un UNITAS, ese año en Brasil. Hoy participé de otro UNITAS, muy contenta por la experiencia profesional y por conocer nuevos lugares”, dice la cabo de Operaciones Generales.
Actualmente está destinada en el Departamento Instrucción y Adiestramiento del Comando de la Flota de Mar (DPIA), con asiento en la Base Naval Puerto Belgrano, donde se dictan cursos de tácticas y técnicas navales. “Siempre soy voluntaria para navegar porque me encanta, luego del ‘Almirante Brown’, estuve destinada en la corbeta ARA ‘Rosales’”, apunta.
Elizabeth tiene el apoyo de su marido, también marino de especialidad Mar, y de su familia, que se ocupa del cuidado de Lupe, su hija de 3 años. “Elijo el mar a pesar de la dificultad de tener una hijita tan pequeña porque me gusta mi carrera y cuento con mi esposo y mis suegros”, asegura.
Entre sus sueños está hacer campaña antártica en el rompehielos ARA “Almirante Irízar” y dar la vuelta al mundo en la fragata ARA “Libertad”. “Son oportunidades para conocer y experiencias inolvidables en la carrera”, relata.
Todos los años viaja a Salta y extraña la carne guatia, diferentes cortes de vacunos y otros cocinados al barro y brasas. “Hacemos un festival en mi ciudad donde se pueden degustar estos sabores típicos, el locro y las empanadas salteñas también, que compiten con las tucumanas porque son muy ricas”, asegura.
“Yo nací allí en Tucumán, en Trancas, de casualidad porque El Jardín en La Candelaria es un pueblo chiquito de mil habitantes y queda más cerca de esta provincia (32 KM) que de Salta capital (250 KM); así que a mamá le resultó más práctico tenerme allá”, relata la mayor y única mujer de cuatro hermanos varones.
El Jardín es uno de los pocos distritos del sur salteño que conserva su gastronomía tradicional, con platos como la guatia, que se prepara en celebraciones como el festival folclórico en su honor y la fiesta patronal de la Virgen de La Merced. El nombre del pueblo se debe a las flores silvestres que en primavera adornan las serranías boscosas de los alrededores.
Allí, la cabo Apaza concurrió a la primaria en la Escuela N° 4502 “Cristina Córdoba de Chamorro” y al secundario N° 5065, que más tarde fue nombrado “Héroe Nacional Cabo Principal Ricardo Gabriel Gallardo”, un oriundo de la ciudad que dio la vida en la Guerra de Malvinas a bordo del crucero ARA “General Belgrano”.
“Hay mucho personal de Salta, Tucumán y Jujuy en la Armada, pero somos muy pocos los nacidos aquí que ingresamos a la Armada; es un orgullo para mí”, señala.
En el colegio jugaba al fútbol y ahora empezó hockey en el Club Atlético Sporting de Punta Alta, donde vive desde su ingreso a la fuerza. “Hoy me encuentro aquí en Punta Alta y navegando por el Pacífico en el destructor porque amo a mi país y lo sirvo y defiendo desde el lugar donde estoy, cumpliendo la función que me asignen”, dice Elizabeth sobre su servicio a la Patria.
Su rol en los ejercicios multinacionales
En el UNITAS LXVII en Perú, Apaza se desempeñó en la Central de Información y Combate (CIC) del destructor, desde donde se asesora al Comandante de la unidad. Su escalafón está orientado a la planificación, coordinación y ejecución de operaciones navales mediante sistemas de navegación, detección y comando.
Entre sus tareas, opera equipos de detección aérea y superficie, reconocimiento e identificación, subsistemas automatizados y elementos de registro en la CIC de los buques y en Centrales de Estados Mayores. También decodifica órdenes de operaciones combinadas, realiza cálculos cinemáticos para maniobras —determinando valores de dirección e intensidad del viento— y opera circuitos tácticos aplicando procedimientos radiotelefónicos.
“Es decir, somos el cerebro del buque, donde aportamos datos necesarios al Comandante en la toma de decisiones de diversas operaciones navales. Es una especialidad interesante que no conocía, pero que hoy me encanta ejercer”, expresa.
La marina jardinense de 32 años reflexiona sobre el Ejercicio Naval Multinacional: “Esta experiencia ha sido muy enriquecedora para mí, me permite poner en práctica mi especialidad en un contexto diferente al del trabajo habitual en tierra y al mismo tiempo, adquirir nuevos conocimientos”.
Unidos por el mar
Por primera vez, la Armada Argentina participó del Silent Force Excercise (SIFOREX XIV) con medios navales: el DEAB con una tripulación de 225 hombres y su aeronave Fennec embarcada, más integrantes de la Fuerza de Submarinos.
El SIFOREX es un ejercicio naval multinacional centrado en el empleo del Arma Submarina. Se realizó entre el 4 y el 9 de septiembre en un área adyacente al puerto de El Callao. Su objetivo es incrementar la interoperabilidad y el adiestramiento en procedimientos, técnicas y tácticas entre las fuerzas navales participantes: EE.UU., la Marina de Guerra del Perú, y las Armadas de Ecuador e Italia como observadores.
Por su parte, el UNITAS LXVII se desarrolló del 10 al 24 de septiembre y convocó a 24 países, que aportaron medios —26 buques, 21 aeronaves, 2 submarinos y vehículos no tripulados— y personal, más de 5.700 efectivos, entre equipos de trabajo, observadores de intercambio, Infantería de Marina, Fuerzas Especiales y miembros del Centro de Operaciones Marítimas.
El objetivo del ejercicio es conformar una Fuerza Multinacional donde se integran medios, doctrinas y personal de los diferentes países para ejecutar operaciones —navales, fluviales, anfibias, aéreas, submarinas, de ciberdefensa, Infantería de Marina, Fuerzas Especiales y de Asistencia Humanitaria— bajo una estructura común de comando y control, y responder ante una situación de crisis, interoperando.
El viaje de regreso del destructor demandará unas 4 mil millas náuticas desde Perú. Ya pasó por Valparaíso, Chile, y Ushuaia, Tierra del Fuego. También se estima el arribo a Comodoro Rivadavia el 10 de octubre para celebrar junto a la ciudad el 30° aniversario del muelle “Antonio Morán”.