Dejó su trabajo en una cervecería y hoy crea cosmética con plantas del bosque andino: los 40 productos que la hicieron conocida en Bariloche

En un taller del bosque andino, una emprendedora convierte plantas patagónicas en productos que ya se usan en consultorios y aulas. La línea que presentará en Bariloche a la Carta tiene un ingrediente que no esperás.

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Dejó su trabajo en una cervecería y hoy crea cosmética con plantas del bosque andino: los 40 productos que la hicieron conocida en Bariloche
Dejó su trabajo en una cervecería y hoy crea cosmética con plantas del bosque andino: los 40 productos que la hicieron conocida en Bariloche

En un taller en medio del bosque andino de Circuito Chico, al oeste de Bariloche, con el cerro López como testigo, Lucía Molina cultiva plantas en tierra negra y húmeda y elabora cosmética natural. Hace dos años inauguró ese espacio que define como su "laboratorio de alquimias".

Su emprendimiento se llama Lupulina, el nombre que reciben las glándulas donde se aloja el aceite esencial de la flor del lúpulo. "Lupulina existe para recuperar saberes ancestrales y difundir los beneficios de las plantas medicinales a través de su estudio y aplicación", resume la web del proyecto, que la propia Lucía enmarca dentro de la "cosmética botánica patagónica".

De Córdoba a la Patagonia: la semilla de la curiosidad

Lucía pasó gran parte de su infancia en un pueblo de las sierras de Córdoba, en contacto permanente con la naturaleza. A los 5 años empezó a acompañar a Doña Pabla, una curandera de la zona que hoy tiene 90, a recolectar yuyos. Mientras caminaban, la mujer le explicaba las propiedades, los usos y los cuidados de cada planta.

"Sin saberlo, ella sembró en mí una semillita de curiosidad que fue creciendo con el tiempo. Las vueltas de la vida me llevaron a vivir a Bariloche, donde empecé a investigar y crear con plantas patagónicas hasta conocer la flor del lúpulo que crece en esta zona. Fue un antes y un después", recuerda Lucía.

Ya instalada en la ciudad, conoció a la médica naturalista Sara Itkin, quien se convirtió en su referente. Así comenzó a elaborar infusiones con yuyos nativos, tinturas madre de diente de león y llantén, bálsamos y ungüentos tópicos con caléndula, pañil, rosa mosqueta o lavanda para dormir mejor.

Al principio era para consumo propio, pero las consultas de su entorno la empujaron a ir más allá. "Me preguntaban: 'Lu, me salió una reacción alérgica en la piel, ¿qué puedo usar?'. Salía a buscar opciones para ver qué podía funcionar. Eso me motivaba: el saber que podía ayudar a otros a sanar", cuenta.

En ese camino detectó el hypericum, una hierba con fuerte poder antidepresivo. "Me lo pedían mucho porque mucha gente sufría desequilibrios en invierno con tanta lluvia", explica esta mujer de 42 años.

El lúpulo, la cervecería y el nombre que lo cambió todo

El giro llegó cuando consiguió trabajo en una cervecería de Circuito Chico que tenía un lupular en la entrada. Sus compañeros empezaron a pedirle productos con lúpulo, como jabones y shampoo, por sus propiedades antioxidantes y relajantes para la piel. "Ahí se me amplió un mundo y pensé que quizás podía venderlos, en tener una marca de varios productos", indica.

Fueron esos mismos compañeros quienes empezaron a llamarla "Lupulina", en referencia a las glándulas del lúpulo. "Rimaba con mi nombre 'Lu Molina'. En el momento, no me gustó mucho pero decidí llamar así a este camino que iniciaba", admite.

En paralelo se formó como terapeuta floral con flores de Bach, siempre con la mirada puesta en los extractos botánicos.

Lucía armó su propio botiquín herbal. Según relata, en un viaje le permitió curar una infección del hígado: "Tomé tintura madre de diente de león y el efecto fue inmediato. Me calmó y evité ir al médico. Juré armar más de esos preparados".

También probó un ungüento de pañil y caléndula para regenerar la piel, con propiedades antibióticas y calmantes para quemaduras. "Hoy recibo muchos mensajes en los que me cuentan cómo les calmó desde un raspón fuerte hasta una picadura de mosquito. Y avancé en un repelente de insectos con una tintura en la que usé citronela y clavo de olor", detalla.

El empujón que la llevó a jugársela

La idea de vivir de un emprendimiento propio todavía parecía lejana hasta que ofreció su stock en un local de Colonia Suiza. "Para mi sorpresa, me dijeron que me compraban todo lo que tuviera, todos los jabones de lúpulo, los bálsamos. Me consultaron si podía hacerles bálsamos de rosa mosqueta porque la gente les pedía y no conseguían. Así sumé creaciones de rosa mosqueta", relata.

Las etiquetas de sus productos transmiten el bosque y las plantas que usa. Ahora también incorporó a los animales, como los polinizadores.

La decisión de dedicarse de lleno llegó de una manera inesperada. Su hermano se había vuelto a Córdoba y se olvidó unas gotas de flores de Bach en su auto, las que se usan para "despejar el camino". "Hasta ese momento, me planteaba que no podía renunciar a la cervecería para dedicarme a lo mío. Cuando descubrí las gotas, empecé a tomarlas. Las flores trabajan de esa manera: cambian energéticamente algunas situaciones. Y fue loco porque empecé a pensar en jugarme sí o sí", recuerda.

Cuarenta productos y una nueva línea de cuidado facial

Hoy Lupulina cuenta con 40 productos en diversos formatos que se consiguen a través de su página web. El más exitoso es la bruma áurica, una tintura madre en dos variedades: un macerado de plantas con aceites esenciales puros y principios de aromaterapia. Una tiene aroma cítrico; la otra es para limpieza energética, con romero, ruda, lavanda y eucalipto macerados.

Lucía valora el uso que le dan en consultorios y aulas. "Me contaron que lo usaron para despedir a un perrito para bajar un poco la tensión del ambiente. O gente con tratamiento oncológico que dice que le permitió reconectar", comparte.

Ya lleva seis años participando del Bariloche a la Carta, el evento gastronómico de la ciudad. En esta edición presentará un "ritual de cuidado facial" con destilados de lavanda fresca: un gel de limpieza suave, un tónico facial, un serum con maqui y una crema de rosa mosqueta. La línea se completa con un desodorante natural para "volver a los hábitos saludables" e incluso pastas de dientes.

Entre sus productos también hay jabones saponificados en frío, es decir, hechos desde cero. "Tienen manteca de karité, aceite de ricino, de almendra, de olivo, de coco, ingredientes super nobles y les agrego plantas trituradas, como ciprés, maqui, lúpulo", describe.

La mayoría de las plantas que usa son de cosecha propia, del bosque andino, y muchas las cultiva en su casa, como la caléndula y la lavanda. "Son todos productos de uso diario. Esta línea nueva es para volver a la gente de Bariloche con sus rituales de cuidados", admite.

Para Lucía, vivir de algo relacionado con la naturaleza, tener autonomía y hasta generar puestos de trabajo es una forma de "militancia". "Vengo de una empresa grande y no está bueno estar siempre ansioso, corriendo detrás del tiempo, siento que nada es suficiente. Esto es cuidado del propio cuerpo y de la naturaleza", concluye.

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