Del diagnóstico al río: la historia de Gaby, la mujer que transformó el cáncer en una escuela de canotaje

Gaby Temperini superó un cáncer de mama y encontró en el canotaje una nueva razón para vivir. Hoy su escuela en Villa Regina transforma la vida de decenas de chicos.

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Del diagnóstico al río: la historia de Gaby, la mujer que transformó el cáncer en una escuela de canotaje
Del diagnóstico al río: la historia de Gaby, la mujer que transformó el cáncer en una escuela de canotaje

Gabriela Temperini, vecina de Villa Regina, convirtió una batalla contra el cáncer de mama en un proyecto que hoy reúne a decenas de deportistas. Su escuela de canotaje, La Isla, nació de un momento de profunda vulnerabilidad y se transformó en un refugio para toda una comunidad.

El día que el tiempo se detuvo

En 2015, un diagnóstico de cáncer de mama sacudió la vida de Gaby, que hasta entonces se desenvolvía en el básquet. La noticia llegó de forma directa y brutal: mastectomía bilateral, metástasis en los ganglios y un extenso tratamiento de quimioterapia y radioterapia.

Las secuelas físicas fueron inmediatas: perdió movilidad en brazos y torso, le costaba realizar tareas cotidianas y hasta dejó de manejar durante años. Pero el golpe emocional fue aún más profundo. “Lo único que escuchaba era ‘no vas a poder’”, recuerda.

El río como salvavidas

En medio de esa búsqueda por volver a sentirse viva, el canotaje apareció casi por casualidad. Gaby descubrió que remar no implicaba choques ni golpes, algo clave para un cuerpo que todavía se estaba reconstruyendo. “Cuando empecé a remar sentí que ese podía ser mi lugar”, afirma.

Una tarde, mientras descansaba en la costa de la Isla 58, una mujer se acercó con sus dos hijos y le preguntó si podían usar su kayak. “Yo no podría tener un bote como este, no se lo puedo comprar a los chicos”, le dijo. Gaby les prestó la embarcación y esa escena cambió el rumbo de su historia.

De un kayak a una institución

Al día siguiente, Gaby presentó en la Municipalidad de Regina un proyecto para crear una escuela de canotaje. La iniciativa fue aprobada y comenzó con lo esencial: un bote, muchas ganas y la decisión de compartir lo que el río le había dado.

Con el tiempo, sumó alumnos, profesores y voluntarios. Se conformó una comisión directiva, se obtuvo la personería jurídica y nació oficialmente la Escuela de Canotaje La Isla, la primera y única de Regina, que este mes cumple dos años.

Reconstruir hasta lo imposible

Cuando pidieron un edificio abandonado en la Isla 58, la respuesta fue desafiante: “Te lo damos, pero arreglarlo corre por tu cuenta”. Gaby aceptó y, con ayuda de amigos, transformó ese lugar en la sede actual. “Me vine acá con un colchón, dormíamos acá con amigos, y todo era arreglar, reparar, pintar… Reconstruimos todo este lugar que parecía imposible”.

Hoy, la botera está llena de kayaks y el predio recibe deportistas durante todo el año. “Nadie cobra un sueldo. Todo esto funciona por amor, por pasión”, sostiene.

Una hazaña sobre el agua

Junto al profesor Claudio Door, su compañero inseparable, Gaby corrió la última Regata Internacional del Río Negro, remando más de 400 kilómetros en diez días. Para cualquier palista es una prueba extrema, pero para alguien que atravesó una mastectomía bilateral, el desafío parecía una locura.

Antes de largar, consultó a sus médicos y preparó una lista de medicamentos por si el cuerpo no respondía. No hizo falta usar ninguno. En la proa de su kayak llevaba escrita una frase: “Se puede”.

“Lo hice por todos los pacientes oncológicos, no importa la patología, por todos los que están pasando por un problema de salud tan fuerte. El fin era demostrarles que se puede, que no hay que quedarse, que hay que levantarse, volver a empezar y encontrar nuevos desafíos”, resume Gaby.

El futuro que crece

La escuela sigue sumando logros: cuatro de sus palistas fueron seleccionados para representar a Villa Regina en el Campeonato Argentino de Promocionales en Colón, Buenos Aires. Ellos son Antonella Aramendi, Lucas Solano, Dylan Tejada y Renato Jaramillo, que competirán junto a los chicos del club Deportivo Boulevar de Viedma. Además, en un par de semanas, la ciudad recibirá un Campeonato Provincial con más de 150 competidores.

“Nosotros tenemos un río hermoso que pasa por nuestra ciudad y el sueño es seguir apostando y que ellos tengan campeonatos argentinos, campeonatos provinciales… Pero no pedimos medallas, pedimos experiencia de vida, que se hagan amigos y que vivan su experiencia”, dice Gaby, que sabe que a veces una pala, un bote y un río pueden abrir caminos que parecían imposibles.

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