Del galpón de Allen a Brasil: la historia del productor que reinventó su negocio frutícola
¿Sabías que un productor de Allen pasó de trabajar para grandes exportadoras a crear su propia empresa y competir con Chile? Descubrí las claves de su éxito.
Alejandro Cantera, un productor de Allen, pasó de trabajar para grandes exportadoras a crear su propia empresa, Frutas Cadi, y hoy compite con calidad, color e integración. En un contexto donde la fruticultura cambia mes a mes, su historia es un ejemplo de adaptación.
Puertas adentro del galpón de empaque en la zona de chacras de Allen, el ritmo es incesante. Las líneas de trabajo, con sus engranajes sincronizados, marcan la música. Allí, Alejandro Cantera se mueve con naturalidad. Lleva más de veinte años en la actividad: fue productor, empacador y exportador junto a su familia. Tras la disolución de esa firma, volvió a empezar con una estructura más pequeña y flexible.
Su historia comenzó en una chacra. Su padre, ingeniero agrónomo, y él compartieron una empresa familiar durante dos décadas, hasta que un día cerró. En esa época, Cantera llegó a ser uno de los primeros exportadores regionales en enviar fruta a Rusia con marca propia. Lejos de rendirse, decidió continuar. Tras una pausa por un problema de salud, hace poco más de un año creó Cadi Export junto a su esposa Carolina, en sociedad operativa con Frutas Andresito, lanzando Frutas Cadi.
“Trabajé muchos años para las grandes exportadoras. No me fundía, pero tampoco ganaba. El productor siempre terminaba cobrando último. Un día entendí que podía hacer ese trabajo por mi cuenta”, explica a Río Negro Rural.
¿Por qué una empresa chica puede reaccionar más rápido?
Cantera conoce las grandes compañías desde adentro y reconoce su rol en la exportación argentina. Pero está convencido de que el productor mediano tiene una ventaja clave: la capacidad de cambiar de rumbo casi inmediatamente. “Hay días en que conviene exportar y otros en que el mejor negocio está en el mercado interno. Nosotros podemos decidir rápido”, dice.
Hoy, Frutas Cadi trabaja con manzanas y peras tradicionales, abastece a unos treinta clientes en el país y exporta principalmente a Brasil y Perú. No busca grandes volúmenes, sino negocios sostenibles. “La fruticultura hoy la gana el que mejor sabe adaptarse”, reitera.
Competir con Chile: la brecha genética
La comparación con Chile aparece una y otra vez. Para Cantera, el vecino país lleva años de ventaja en planificación, genética y desarrollo varietal. “Ellos fueron renovando la genética mientras nosotros seguimos creyendo que algunas variedades viejas todavía son competitivas. Nosotros recién estamos plantando materiales que ellos ya dejaron atrás hace años”, reflexiona.
Además, en Chile existe una planificación productiva que orienta sobre qué plantar según la demanda futura. En Argentina, cada productor decide por su cuenta. “No digo que el Estado tenga que hacer todo, pero sí debería existir algún organismo que ayude a orientar. Saber qué está pidiendo el mercado y hacia dónde conviene ir”, señala.
El consumidor compra con los ojos
La competencia chilena también evidenció un cambio en el consumo: la apariencia pesa más que el sabor. Las manzanas chilenas llegan con un color uniforme que seduce, aunque muchas variedades argentinas tengan mejor sabor. “Hoy la fruta entra por los ojos. Una manzana bien coloreada vende más aunque otra tenga mejor sabor”, destaca Cantera.
Eso obliga a replantear la producción: ya no alcanza con buenos rindes, hay que producir lo que el mercado paga.
Pensar a quince años
El mayor problema de la fruticultura argentina no es solo financiero, sino estratégico. Cada plantación tarda años en producir. Cantera observa con preocupación la reconversión de perales hacia manzanos. “Hoy todos plantan manzana porque es el negocio que mejor funciona. Pero dentro de quince años podemos encontrarnos con una enorme sobreoferta de manzanas y muy poca pera. Eso pasa cuando nadie planifica”, subraya.
Una nueva generación que comparte
El cambio generacional también atraviesa el sector. La nueva camada de productores tiene otra formación, usa tecnología, viaja, participa en ferias y comparte información. “Antes nadie quería contar qué hacía en la chacra. Hoy los productores jóvenes comparten experiencias porque entienden que si toda la región mejora, todos terminan creciendo”, apunta.
Internet y las redes sociales modificaron la forma de producir y vender. Lo que antes se ocultaba meses, hoy queda expuesto en una foto de WhatsApp.
Invertir para seguir
Frutas Cadi trabaja sobre unas treinta hectáreas y continúa incorporando mejoras: mallas antigranizo, nuevas variedades, sistemas de conducción. Cantera reconoce que no todos pueden hacerlo, pero la modernización ya es una necesidad. “La malla, el riego, las nuevas variedades… todo eso cuesta mucho dinero, pero también es lo que permite seguir siendo competitivo”, sostiene.
“Se puede vivir de la fruticultura. Lo importante es entender que el negocio cambió. El que siga haciendo las cosas como hace veinte años, va a quedar afuera”, finaliza.