Del poder absoluto al temor en la cárcel: el giro radical que define una era política
“Me puedo morir presa”: el desgarrador giro de una era que pasó de manejar el país a temer por su libertad. ¿Cómo reacciona el poder ante esta caída estrepitosa y qué planes secretos se tejen en los pasillos del Congreso?
La angustia de saber que la vida tiene una cuenta regresiva hacia la muerte es algo que define al ser humano. Pero hay otra angustia, quizás más inmediata para algunos: palpitar tu propia muerte política y personal en libertad. En las últimas horas, dos declaraciones estremecieron el escenario nacional y mostraron el abismo entre el ayer y el hoy.
Cristina Kirchner, la ex presidenta y vicepresidenta actualmente condenada, lanzó una frase que resonó en todos los medios: “Me puedo morir presa”. Casi en espejo, el exministro Julio De Vido, también con procesos judiciales abiertos, expresó un sentimiento similar. El contexto es claro: ambos enfrentan la posibilidad concreta de pasar sus últimos días entre rejas.
¿Qué los llevó a este punto?
Cristina Kirchner ya cumple condena por la causa Vialidad y espera el desarrollo de otros expedientes gravísimos. La lista es conocida y letal: las causas Cuadernos, la vinculada al Memorándum con Irán y la de Hotesur. Por su parte, De Vido carga con el peso de la tragedia de Once, donde 52 personas perdieron la vida en un siniestro vinculado al desvío de subsidios.
Lo que impacta es el contraste brutal. Durante casi dos décadas, este círculo manejó con puño de hierro los resortes del país. Controlaron el Congreso, las provincias, los servicios de inteligencia, los medios de comunicación, el juego, el fútbol, la recaudación impositiva y las grandes empresas del Estado. Manejaron la vida de la Argentina.
Hoy, esa imagen de poder omnímodo se desvaneció. En su lugar, aparecen figuras que, ante la Justicia, lucen vulnerables y piden clemencia. El mismo De Vido que nunca pidió disculpas por el desvío de fondos que terminó en la masacre de Once, hoy habla de no morir en prisión.
La caída y el síndrome de la desmesura
El análisis apunta a lo que se conoce como síndrome de Hubris: la desmesura de quien se cree un dios en la tierra. La Cristina Kirchner que arengaba multitudes y prometía una “Cristina eterna” es la misma que hoy, en su declaración por la causa Cuadernos, se mostró cabizbaja y hasta pidió “salir a la terraza” de su domicilio en San José 1111. El cambio es tan drástico que parece de película.
Este viraje no es solo personal, es político. La mujer que en diciembre de 2019, aún sin asumir la vicepresidencia, ya presionaba a la Justicia con la seguridad de recuperar las cajas del Estado, hoy debe responder preguntas básicas sobre su domicilio. El kirchnerismo con poder, como se describe, “te lleva puesto, te amenaza, te grita, te maltrata y te descarta”.
Este escenario se plantea como una lección para el actual gobierno. Figuras como Javier Milei, Karina Milei, Santiago Caputo y todo su equipo deben observar este proceso. El mensaje es claro: gobernar no es humillar, es hacer que la gente viva mejor. Bajar la inflación, acumular reservas, combatir la inseguridad y, sobre todo, no meter la mano en la lata.
La estrategia de la revancha política
Mientras lidian con la Justicia, el kirchnerismo no se queda quieto. Su objetivo declarado es recuperar el poder a cualquier costo. Para ello, evalúan dos caminos principales: impulsar un juicio político para destituir al presidente Javier Milei o, directamente, buscar su encarcelamiento.
La lógica es de “ojo por ojo”. “Ustedes metieron presa a Cristina. Nosotros metemos preso a Milei”, sería el razonamiento, equiparando un caso como el de los chats de Libra con las millonarias causas de corrupción K. Sin embargo, los números en el Congreso hoy no los acompañan.
Para iniciar un juicio político en Diputados se necesita la mitad más uno de los presentes. El bloque kirchnerista, sumado a la izquierda, tiene como máximo 97 bancas sobre 257, menos del 38%. Luego, en el Senado, se requieren dos tercios de los presentes para condenar. Allí el kirchnerismo cuenta con unos 23 votos, apenas el 33% de la cámara alta.
La paradoja es que entre quienes promueven este juicio político se encuentran nombres íntimamente ligados a los escándalos de corrupción. Máximo Kirchner, Juan Grabois, Agustín Rossi y Jorge Taiana, entre otros, son señalados en las causas. El texto recuerda el testimonio del contador arrepentido Víctor Manzanares, quien recibía “todos los viernes entre US$2 y US$3 millones” que le enviaba Daniel Muñoz, secretario de los Kirchner.
El análisis concluye con una advertencia: esta fuerza política “está todo el tiempo esperando la oportunidad para llevarse puesto al gobierno”. Ya lo intentaron con Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. Su motor no sería el bien común, sino un interés primordial: recuperar el poder para escapar de su propia “muerte” política y judicial. El ciclo de la historia argentina, una vez más, se pone en marcha.