Del taller en Encarnación a Europa: la pareja que viste a los ballets con aopo'i y ñandutí
No es solo ropa: detrás de cada prenda hay un oficio que cruzó generaciones y fronteras. Pero hay un detalle sobre cómo trabajan que pocos conocen.
Nelia Atencio y su esposo llevan más de 25 años confeccionando prendas con técnicas ancestrales como el aopo'i, el ñandutí y el encaje ju. Desde su taller en el circuito comercial de Encarnación, se convirtieron en proveedores clave para los ballets de la región y clientes de Misiones y Europa.
El proyecto familiar fusiona diseño contemporáneo con tejidos heredados de sus antepasados. En diálogo con Frontera Activa, Atencio detalló la diversidad de su catálogo: “Tenemos artesanía nacional, todo lo que sea trabajo en hilo, tenemos ñandutíes, tenemos aopo'i, tenemos encaje ju. Nos dedicamos a hacer camisas, también tenemos vestidos, blusas y trajes de danza”.
La producción se realiza tanto para stock como de forma personalizada. “Somos fabricantes, pero también recibimos pedidos. Podemos hacer sobre medida sin problema, color, talle. Trabajamos en eso”, explicó la artesana.
De mantelería fina a trajes de danza
El mostrador del taller recibe diariamente solicitudes que van desde prendas de uso cotidiano hasta vestuarios de alta complejidad. “Piden de todo. Piden por ejemplo mantelería, pueden pedir camisas que tenemos desde talle cero años hasta el doble doble XL, también pueden ser individuales. También tenemos trajes de danza. O sea, es un pedido bien variado”, señaló.
Con los años, el taller consolidó un fuerte vínculo con los compradores de la provincia de Misiones, que cruzan la frontera en busca de indumentaria típica. Atencio destacó: “Hicimos varias veces los trajes típicos para la Fiesta Nacional del Inmigrante. También tenemos al Ballet de Candelaria, que vienen acá a hacer sus trajes de danza”.
El flujo constante se complementa con compradores de otros continentes. “Tenemos muchos argentinos, pero también tenemos mucha gente europea que tienen raíces de Paraguay y que fueron a vivir en otro lugar”, agregó.
Un crecimiento sostenido a base de diseño propio
El emprendimiento nació hace más de dos décadas y se consolidó con la mudanza al circuito comercial encarnaceno. “Nosotros ya estamos acá en el circuito hace 15 años, pero nos dedicamos a esto hace más de 25 años ya”, recordó Atencio. El camino comenzó con piezas pequeñas de ñandutí y luego se expandió: “Después ya fuimos organizándonos más y empezamos a hacer los manteles, después las blusas, los trajes de danza, y fuimos así creciendo de a poquito”.
Para sostener el volumen de producción, el matrimonio conformó un equipo de costureras de la zona. “A mí me gusta el diseño, el diseño de las ropas, de las telas, entonces ahí empecé. Tengo gente que trabaja para mí, que generalmente son amas de casa, y confeccionan profesionalmente”, contó. Además, subrayó que “la mayor parte son diseños propios”.
El día a día en el taller transcurre entre telas, hilos y moldes, una rutina que la pareja vive como una vocación. “Es como un hobby, es algo lindo porque me gusta, me encanta hacer lo que hago. O sea, no es trabajo, es más bien una diversión para mí”, definió Atencio. Y agregó: “Me la paso diseñando, ya sean los trajes de danza, los manteles, las camisas, que tenemos en distintos diseños, talles y colores”.
A pesar de los vaivenes económicos de la frontera, la artesana se mostró agradecida por la fidelidad de sus clientes y la recomendación boca en boca. “Doy gracias a Dios que con la ayuda de Él nosotros todos los días tenemos gente. Aparte, tenemos muchos clientes, que cuando se van uno vienen dos, así que sin drama en ese aspecto”, cerró.