Denunciaron a cuatro compañeros por desnudarlas con IA: lo que ellas mismas contaron
Cuatro compañeros del Colegio Modelo Lomas quedaron bajo investigación por las imágenes sexuales falsas que hicieron con IA usando fotos reales de las alumnas. Una de las afectadas contó lo que sintió al verse desnuda sin haberlo estado nunca, y el dato que todavía no se pudo establecer es hasta dónde llegó ese material.
Cuatro adolescentes del Colegio Modelo Lomas, en Lomas de Zamora, son investigados por la presunta producción y difusión de imágenes sexuales falsas creadas con inteligencia artificial a partir de fotos reales de sus compañeras. La causa, que ya tiene tres allanamientos y cuatro celulares y cuatro computadoras secuestradas, avanza mientras las alumnas afectadas piden consecuencias y respuestas.
El viernes, al mediodía, los estudiantes del secundario salían del colegio para empezar el fin de semana largo. Entre ellos estaban Jazmín, Inés y Paula —nombres modificados para protegerlas por ser menores y posibles víctimas de delitos de integridad sexual—, tres de las adolescentes alcanzadas por las imágenes manipuladas. Hablaron con LA NACION con cautela: miraban hacia los costados, se interrumpían, completaban las frases de las otras. Se enteraron ese mismo día de los allanamientos. “No tiene que pasar lo que nos hicieron”, dijo una.
La conversación se cortó varias veces. Una de ellas se quebró al intentar explicar qué es lo que más le pesa: “No sé dónde fueron esas fotos. Supimos que era como un catálogo. Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo”. Las demás asintieron. Hasta ahora, la Justicia no informó hallazgos que permitan medir el alcance real de la circulación del material.
“Me dio asco verme así”
Las tres coincidieron en el impacto de ver sus rostros y cuerpos en imágenes que simulaban desnudos. “Me dio asco verme así”, dijo Inés. Jazmín apuntó contra la institución: “El colegio no nos escuchó cuando le mostramos lo que pasaba”. Otra recordó el momento: “Yo estaba toda desnuda”. “Yo también”, sumó una compañera. Paula se tapó la cara con las manos antes de contar por qué le costó hablar en su casa: “No quería que me vieran así mis papás. Aunque sé que es falso, me dio vergüenza”. Saber que las imágenes no eran reales no evitó que sintieran que su intimidad había sido violentada.
La situación también rompió lazos. “Uno era mi amigo. No sé qué tiene en la cabeza. Lo hicieron con nuestras fotos, hasta con el uniforme”, agregó Paula. Las tres esperan que los responsables paguen y que los colegios actúen de otra manera. “Que paguen por lo que hicieron y que los colegios actúen como deben”, pidieron antes de irse.
Allanamientos y medidas judiciales
Los testimonios se conocen después de una serie de medidas que ordenó el Juzgado de Garantías del Joven Nº 3 del Departamento Judicial de Lomas de Zamora. Entre el jueves y el viernes se hicieron tres allanamientos en los que se secuestraron cuatro teléfonos celulares y cuatro computadoras portátiles. Uno de los adolescentes investigados se presentó ante la fiscalía con sus padres.
La causa se instruye por la presunta producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI). “Los menores son cuatro. Se procederá a realizar por parte de la Procuración General el análisis técnico de los dispositivos secuestrados”, confirmaron desde la Fiscalía General de Lomas de Zamora a LA NACION. La Justicia también dispuso el cese de hostigamiento y pidió al colegio que tomara recaudos para evitar encuentros entre los investigados y las denunciantes. Los cuatro menores ya cursaban en modalidad virtual.
El relato de una amiga que reconstruye cómo empezó
Sofía —también nombre modificado— no identificó imágenes suyas manipuladas, pero es amiga de varias de las afectadas y de uno de los cuatro investigados. “Era un chico supertranquilo, por el que todas poníamos las manos en el fuego”, dijo sobre uno de los señalados. Su testimonio permite ordenar la cronología.
Según su versión, todo empezó alrededor del 14 o 15 de septiembre. “Primero eran solamente tres chicas involucradas. Ellas se enteraron y fueron a quejarse”, relató. Las autoridades escolares sancionaron a los estudiantes señalados y les pidieron que se disculparan, pero el tema no volvió a tener mayor repercusión hasta principios de octubre. En ese lapso, los adolescentes siguieron asistiendo a clases con normalidad.
El escenario cambió cuando comenzaron a circular versiones sobre más fotografías. Sofía se enteró por conversaciones entre estudiantes y familias, no por una comunicación oficial. También escuchó que uno de los menores habría exigido dinero a otro para no divulgar información del caso.
De acuerdo con su relato, las fotos originales salían de redes sociales y se compartían en grupos digitales. Describió un espacio donde circulaban las imágenes sin modificar y otro en Discord donde se intercambiaban las versiones generadas con inteligencia artificial. Recordó una foto tomada dentro del colegio a una compañera vestida con normalidad. Mencionó rumores sobre una posible comercialización del material, aunque aclaró que desconoce si hubo pagos, quién los recibió o si eso ocurrió.
Para Sofía, lo más difícil fue aceptar que uno de los acusados era su amigo y compañero de aula. Al principio le costó creer las acusaciones y habló con él junto a otros chicos. La tensión subió cuando algunos estudiantes intentaron enfrentarlos físicamente y las autoridades tuvieron que intervenir. Desde el martes, contó, los señalados dejaron de ir presencialmente.
La sentada frente al colegio
Las protestas se organizaron por grupos de mensajería creados por las propias alumnas. Uno reunió entre 70 y 90 adolescentes; otro, para coordinar medidas, llegó a unos 200. Primero esperaron una respuesta institucional. Al no considerarla suficiente, convocaron una sentada frente al colegio, acompañadas por sus familias.
La manifestación juntó a estudiantes de distintos cursos y a padres. Algunos adultos interrumpieron el tránsito en las inmediaciones mientras los adolescentes permanecían sentados frente a la entrada. Sofía fue una de las primeras en tomar la palabra para exigir explicaciones. En un momento les propusieron trasladar la reunión adentro del edificio, pero varios se negaron porque perderían visibilidad.
La adolescente cuestionó la comunicación institucional de los primeros días: les pidieron que no hablaran más del tema para evitar rumores y algunos docentes no sabían la magnitud de lo ocurrido. Sin embargo, reconoció que después las autoridades empezaron a organizar jornadas de diálogo. “Fue tarde, la verdad, pero queremos rescatar que ahora se están haciendo cargo”, expresó. Su mirada contrasta con la de las tres alumnas afectadas, que todavía cuestionan la respuesta que recibieron cuando expusieron su situación.
Los videos de las protestas se viralizaron y motivaron reacciones de estudiantes de otros colegios, que relataron experiencias similares de manipulación de fotos y circulación sin consentimiento. Sofía contó que también recibió comentarios de adultos que preguntaban cómo acceder al material, algo que aumentó su preocupación por la exposición de sus compañeras. “Sentí mucha impotencia, mucha rabia, de que estos chicos hayan decidido hacer esto con fotos de sus amigas”, dijo, y pidió cuidar la identidad de las afectadas: “Las chicas no quieren que se sepa su nombre. Ya están cansadas de todo el tiempo y la atención de la prensa”.
Al inicio de las protestas, las familias y las estudiantes estimaban que las afectadas podían ser entre 40 y 50. Después, la información sobre la investigación judicial indicó que se habían identificado 45 casos. LA NACION volvió a ingresar al Colegio Modelo Lomas para pedir la palabra de sus autoridades, pero otra vez se negaron a hablar. El establecimiento tampoco respondió consultas previas de este medio.