Desde la UNSE, una becaria del CONICET quiere controlar células con luz roja: para qué serviría
La optogenética suele trabajar con luz azul, pero esta becaria del CONICET egresada de la UNSE apunta a otra frecuencia: la roja. Qué cambia y por qué podría abrir la puerta a aplicaciones biomédicas más precisas.
La optogenética, esa disciplina que combina genética y luz para manipular células, tiene en Santiago del Estero a una de sus investigadoras emergentes. Delfina Jerez, egresada de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE) y becaria doctoral del CONICET, estudia proteínas sensibles a la luz roja que podrían dar lugar a herramientas biomédicas más precisas.
La científica presentó los avances de su trabajo en diálogo con Radio Universidad, en el marco de los descubrimientos que viene acumulando este campo de la biología moderna.
Qué es la optogenética y por qué importa
La técnica consiste en controlar procesos biológicos a través de proteínas que reaccionan a la luz. Mediante herramientas de ingeniería genética, ciertas células pueden producir esas proteínas y modificar su actividad cuando reciben un estímulo luminoso.
La gran ventaja es la precisión: permite intervenir sobre células específicas con una exactitud espacial y temporal notable, y de manera reversible. En neurociencias, eso habilita estudiar circuitos neuronales vinculados a la memoria, el sueño, las emociones, el aprendizaje y la conducta. También se aplica en investigaciones sobre Parkinson y epilepsia.
"Podemos modificar experimentalmente la actividad de determinadas neuronas y observar cómo cambia una respuesta o un comportamiento", explicó Jerez, y remarcó que esos conocimientos podrían sentar las bases de nuevos tratamientos a futuro.
Por qué la luz roja y no la azul
El trabajo doctoral de Jerez se desarrolla en el Instituto de Nanosistemas y se concentra en los fitocromos bacterianos: proteínas que responden a la luz roja y a la roja lejana, cercana al infrarrojo.
La mayoría de las herramientas optogenéticas tradicionales utiliza luz azul. Las proteínas que estudia Jerez tienen otras características, potencialmente más útiles para aplicaciones biomédicas.
"La luz roja puede penetrar más profundamente en los tejidos biológicos que la luz azul, porque sufre menos dispersión y absorción en determinados tejidos", señaló la investigadora.
Esa propiedad permitiría reducir posibles efectos fototóxicos y ampliar el rango de usos de estas herramientas en sistemas biológicos.
En concreto, Jerez estudia un fitocromo de la bacteria Xanthomonas campestris, cuya estructura cambia de manera significativa cuando recibe determinados estímulos luminosos. El primer objetivo es entender cómo se producen esas modificaciones y cómo afectan el funcionamiento de la proteína, para lo cual combina técnicas de biología estructural y biofísica.
Con esos conocimientos, la investigación apunta a avanzar en una herramienta optogenética mediante ingeniería de proteínas, aprovechando esos cambios estructurales para controlar potencialmente otras funciones biológicas de interés clínico y biotecnológico.
"Esto puede abrir posibilidades para estudiar y, a futuro, regular procesos celulares de una manera mucho más precisa, con potenciales aplicaciones biotecnológicas y, sobre todo, biomédicas", sostuvo.
Ciencia desde una universidad pública del interior
Jerez también se refirió al rol de la universidad pública en la formación de científicos y en la generación de oportunidades para los jóvenes. Como egresada de la UNSE, le interesa transmitir que es posible iniciar una trayectoria científica desde instituciones del interior del país.
"Me gustaría decirles que se animen a hacer ciencia, que tengan esa curiosidad y que no sientan que para dedicarse a la investigación tienen que irse necesariamente a otro país o venir de una universidad de una gran ciudad", expresó.
En esa línea, destacó que la universidad pública no solo forma profesionales: también permite descubrir vocaciones y acceder a oportunidades que muchos estudiantes desconocen al comenzar sus carreras.
La becaria doctoral valoró además la calidad de la investigación argentina y el trabajo cotidiano de docentes, investigadores y equipos de laboratorio para producir conocimiento y participar en proyectos de alcance internacional.
No obstante, advirtió que el desarrollo científico necesita condiciones que sostengan los proyectos en el largo plazo.
"Para que la ciencia pueda crecer necesita inversión, continuidad y oportunidades. No alcanza con tener una buena idea: también hacen falta equipos, formación, recursos y grupos de trabajo que puedan sostenerla", planteó.
Por último, alentó a los estudiantes a acercarse a sus docentes, hacer preguntas y explorar las posibilidades que ofrece la investigación. "En Argentina se puede hacer ciencia. Desde nuestras universidades se puede generar conocimiento que aporte al mundo y vale la pena apostar por esa posibilidad", concluyó.