Desde su celda, este recluso manejaba un negocio que dejó perplejos a los investigadores: ¿qué encontraron en los allanamientos?
Un recluso condenado por violencia territorial ahora enfrenta cargos adicionales por operar desde su celda. ¿Cómo logró montar una red de drogas tras las rejas y qué objetos inusuales descubrieron en los allanamientos?
Un recluso de la cárcel de Piñero sumó una nueva condena por delitos cometidos desde el encierro, revelando una red de narcomenudeo que operaba incluso tras las rejas. Sergio “Checho” Bareiro (33) aceptó una pena de cuatro años por vender estupefacientes dentro del penal y estar ligado a tres búnkeres en barrio Ludueña, acumulando así doce años de prisión.
Bareiro, ya condenado previamente por su rol en la violencia territorial que afectó a Ludueña en 2022, volvió a ser investigado en 2025 por venta de drogas al menudeo en esa zona del noroeste rosarino. Los detectives descubrieron que había montado un quiosco de drogas en su propia celda, lo que llevó a allanamientos de la Policía de Investigaciones el pasado 23 de mayo.
Además de la requisa en el penal de Piñero, los agentes irrumpieron en tres direcciones: Junín al 5100 (ex 2200), Patagones entre Minetti y Casilda, y Minetti al 5000 (ex 2100). En estos procedimientos, secuestraron marihuana (tanto prensada como cogollos) y dosis de cocaína listas para la venta.
También detuvieron a cinco personas identificadas como Vanesa y Joana C.; Kevin C., Máximo R. y Romelia S., quienes continúan ligadas a la investigación. Como dato llamativo, incautaron un pote de creatina y bicarbonato de sodio, sustancias legales pero que la Fiscalía consideró elementos incriminantes para sustentar la hipótesis de comercialización de estupefacientes.
¿Para qué usaban la creatina y el bicarbonato?
La creatina, un suplemento utilizado por deportistas, se ha convertido en un material de preferencia para el estiramiento de cocaína, maximizando las ganancias a costa de la pureza de la droga. El bicarbonato de sodio, en tanto, es usado por los llamados “piperos” para cocinar la cocaína y consumirla en forma de crack, es decir, fumada.
Bareiro, conocido por el sobrenombre de Checho, estuvo prófugo casi dos años hasta su detención el 20 de mayo de 2024 en Minetti y Felipe Moré durante un operativo del Comando Radioeléctrico. Había logrado esquivar varias tandas de allanamientos destinados a desbaratar el grupo delictivo que integraba, una violenta banda subsidiaria de Los Monos.
En junio de 2025, el juez Pablo Pinto lo condenó a 8 años de prisión al convalidar un acuerdo abreviado entre el fiscal Pablo Socca y la defensa. Fue considerado miembro de una asociación ilícita –delito agravado por la participación de un menor de edad–, encubrimiento y siete casos de extorsión a comerciantes, actuando como mando medio de la banda de Mauro Gerez, Andy Benítez, Julián Aguirre y Matías “Pino” César, líderes condenados a penas de 9 a 20 años.
Ahora, Checho acordó otra pena de 4 años de prisión por venta de drogas en calidad de coautor, a instancias de un acuerdo entre la fiscal Mercedes Banchio y la defensa. La sentencia fue homologada por el juez Rodrigo Santana, imponiéndole la pena única de 12 años de prisión.