Detectó una mochila, salvó a 50 mil personas y terminó siendo acusado de terrorismo
Salvó a miles de personas de una bomba olímpica, pero el FBI lo convirtió en el principal sospechoso. ¿Cómo un héroe terminó siendo perseguido por todos?
Richard Jewell evitó una masacre en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Su rápida acción salvó cientos de vidas. Pero en lugar de ser aclamado, el FBI lo señaló como el principal sospechoso. Su vida se convirtió en una pesadilla mediática y judicial.
¿Qué pasó aquella noche en el Centennial Park?
El 27 de julio de 1996, Jewell trabajaba como guardia de seguridad privada en el parque olímpico. Cerca de 50 mil personas disfrutaban de un concierto de la banda Jack Mack and The Heart Attacks. De repente, notó una mochila verde abandonada debajo de un banco.
Sin tocarla, preguntó a los presentes si era de alguien. Nadie respondió. "Cuando nadie dijo ser el dueño, los pelos de mi nuca se erizaron y la adrenalina empezó a correr por mi cuerpo. Pero debía actuar con profesionalismo", recordó después.
Jewell activó el protocolo antiexplosivos y comenzó a evacuar la zona. Minutos después, una llamada al 911 advirtió: "Hay una bomba en el Centennial. Tienen menos de 30 minutos". A los nueve minutos, el artefacto estalló.
La explosión causó la muerte de una mujer de 44 años y dejó más de un centenar de heridos. Un camarógrafo turco falleció de un ataque cardíaco mientras corría a cubrir el suceso. Aun así, la tragedia pudo ser mucho mayor: la bomba era la más potente jamás fabricada por un aficionado según el FBI.
De héroe a sospechoso en 72 horas
Al día siguiente, la CNN entrevistó a Jewell como el héroe que había evitado una masacre. Pero apenas tres días después, el diario Atlanta Journal-Constitution reveló que el FBI lo consideraba el único sospechoso.
Los agentes federales lo engañaron para interrogarlo sin abogado, le sacaron muestras de pelo y huellas, y lo hicieron grabar quince veces el mensaje de la llamada al 911. Mientras tanto, periodistas acampaban en la puerta de su casa. Su teléfono se publicó y recibía más de mil llamadas diarias de insultos y amenazas.
"Una de las cosas que peor me hizo, que más me dolió, fue que mi mamá estaba muy orgullosa de lo que había hecho su hijo. Por una vez en la vida, todos sabían que su hijo había hecho algo bueno", confesó Jewell años después.
El perfil que lo condenó
El FBI construyó su sospecha sobre prejuicios: su gordura, su frustración por no ser policía, su vida con la madre y su escaso éxito social. Para los investigadores, Jewell encajaba en el perfil de un terrorista que busca reconocimiento.
Además, recordaron el caso de Jimmy Wade Pearson, un policía que en Los Ángeles 84 plantó una bomba para hacerse el héroe. La opinión pública dio por hecho que Jewell había hecho lo mismo. Sin embargo, una semana después de la explosión, el FBI determinó que era imposible que Jewell hubiera hecho la llamada al 911 desde un teléfono público, pero la noticia no tuvo impacto.
La verdad tardó, pero llegó
Tres meses después, el FBI exculpó a Jewell. La fiscal general Janet Reno le envió una carta de disculpa manuscrita. El verdadero culpable era Eric Rudolph, un extremista que también atentó contra un bar lésbico y dos clínicas abortistas, causando tres muertos y 150 heridos.
Jewell demandó a varios medios por difamación. Llegó a acuerdos extrajudiciales con la CNN y el New York Post, entre otros. Solo el Atlanta Journal no transigió; años después de su muerte, la Corte determinó que el diario había actuado según fuentes oficiales.
Un final trágico
Richard Jewell murió en 2007, a los 44 años, víctima de un infarto masivo. La diabetes le había amputado varios dedos del pie y su hígado fallaba. Su esposa Dana lo encontró en el piso de su habitación al volver del trabajo.
Antes de morir, logró cumplir su sueño: ser policía en un pequeño pueblo. Fue condecorado por su valor. Clint Eastwood llevó su historia al cine en 2019, devolviéndole el reconocimiento que la vida le negó.




