Di María brilló, Central gritó campeón y Santiago vivió un final que nadie esperaba
El termómetro marcaba 34 grados, pero el clima real en Santiago del Estero fue otro. Di María brilló con dos goles, Central gritó campeón y, cuando el partido se terminaba, la cancha explotó. ¿Qué pasó después del tercer gol?
El estadio Madre de Ciudades fue un hervidero. Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional tras vencer 3-1 a Estudiantes, pero el partido terminó de forma abrupta por una batalla campal que se desató en pleno campo de juego y siguió en la zona de vestuarios.
Los 34 grados que asfixiaron a todos en Santiago del Estero quedaron chicos frente al clima que se vivió dentro de la cancha. El Canalla gritó campeón en un encuentro que tuvo dos caras y que desnudó lo mejor y lo peor del fútbol argentino.
Di María, el factor desequilibrante
A sus 38 años, Ángel Di María fue la carta que cambió el rumbo. El Pincha había arrancado arriba con una buena acción de Piovi, Tobio Burgos y Carrillo que capitalizó Castro. Pero Di María lo empató con un tiro libre exquisito al palo del arquero y después ejecutó un penal con clase para el segundo.
El penal, sancionado por Darío Herrera a instancias del VAR (Jorge Baliño), generó dudas: no quedó claro si hubo infracción de González Pirez a Copetti. Estudiantes, golpeado por las lesiones de Neves, su reemplazante Jalil Elías y Carrillo, nunca se rindió y estuvo en partido hasta el final.
La bronca que explotó
El clima ya venía caliente desde antes. Los resquemores mutuos se arrastraban desde fines del año pasado, cuando los jugadores del Pincha le hicieron el pasillo de espaldas a Central tras el decreto de la AFA que lo consagró campeón por ser el equipo con más puntos acumulados en la tabla anual. Ese enojo se expuso en la conferencia de prensa de Leandro González Pirez y Ovando, y se trasladó a un partido áspero que Herrera no logró controlar. De entrada fue permisivo con una infracción de Navarro a Neves, que terminó con fractura de muñeca izquierda.
La bronca alcanzó su punto máximo cuando Julián Fernández selló el tercero de Central con un contragolpe. El festejo provocativo de Sández desató una reacción en cadena que derivó en una gresca imparable.
Papelón y festejo
El final quedará grabado en la memoria. Hubo trompadas en el césped y en el acceso a los vestuarios, donde se vio muy exaltado al presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, junto a dirigentes como Gorostergui, Alayes y Angeleri. “¡Toda culpa tuya, sos un ladrón!”, le gritó la Brujita a Herrera en medio de la batalla.
Verón ya había mostrado su enojo antes por los problemas de los hinchas en el ingreso y durante el partido por el arbitraje. “Maltrataron a la gente y la impunidad que manejan para robarte es increíble”, había posteado en su Instagram.
Los de La Plata, semifinalistas de la Libertadores y con pelea en la Copa Argentina, se sintieron despojados por el arbitraje y explotaron tras la derrota. Incluso aplaudieron con ironía a la terna arbitral durante la entrega de medallas. Central, con Di María a la cabeza, fingió demencia tras la gresca y festejó con todo su 14° título oficial.
En Santiago del Estero, los Ángeles y Demonios que sobrevolaron la cancha fueron la fiel expresión de un fútbol argentino que a veces reparte más escándalos que trofeos.