Día del Playero: la dura confesión de un trabajador de estaciones de servicio en Salta sobre sus turnos
Un playero salteño con más de 20 años en el oficio revela cómo es trabajar en una estación de servicio: turnos eternos, clientes difíciles y un sueldo que no alcanza. ¿Qué más contó?
Este jueves se celebró en Argentina el Día del Playero, una fecha que reconoce el trabajo de quienes atienden y despachan combustible en las estaciones de servicio de todo el país. La efeméride pone el foco en un oficio que no conoce descanso: ni feriados, ni clima adverso, ni fiestas.
En Salta, el móvil de Radio LUP recorrió la ciudad para hablar con uno de esos trabajadores, un playero con más de dos décadas en el rubro, que contó cómo es realmente la jornada detrás del surtidor.
Turnos que no perdonan
El entrevistado fue contundente al describir la exigencia del puesto: la dedicación es constante, sin importar la fecha ni las condiciones del tiempo. “Tenemos turno mañana, turno tarde, turno noche, feriado, Navidad, Año Nuevo, clavado acá, lluvia, trueno, nieve, lo que sea”, detalló.
La rutina, marcada por horarios rotativos, implica estar disponible incluso cuando el resto de la ciudad descansa. Una realidad que pocas veces se visibiliza y que esta fecha busca poner en valor.
El trato con los clientes: entre la bronca y el afecto
El trabajador también se refirió a las situaciones emocionales que debe manejar a diario. “Por ahí vienen nerviosos y quieren 'descargar' con uno, pero dentro de todo hay gente chura todavía y me gusta estar en contacto con los clientes”, señaló, dejando en claro que el vínculo vecinal es una de las partes que más disfruta.
Sin embargo, no todo es amabilidad. El playero recordó episodios violentos que vivió en la playa de estacionamiento: “Un cliente llegó enojado y hasta escupió o quería pegar, a toda clase de peligro estamos expuestos nosotros acá”, afirmó, al evocar los momentos más complejos de su trayectoria.
El sueldo, la otra pelea
Por último, el empleado analizó la situación salarial del sector y el impacto de los costos de vida en su familia. “No nos damos los gustos pero llegamos, aunque estamos luchando y vendría bien un aumentito más para quedar tranquilitos”, concluyó.