Ciencias ambientales, ingeniería, producción y tecnologías: las carreras que la UNLC sumó en una década y que redefinieron su perfil en Villa de Merlo.
La Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC) atraviesa una etapa muy distinta a la de sus inicios. La ampliación de su oferta académica marcó un punto de inflexión para la casa de estudios con sede en Villa de Merlo, que pasó de sostener un puñado de carreras fundacionales a desplegar un abanico mucho más amplio de propuestas de formación.
Ese crecimiento no fue casual. La UNLC nació con un perfil claramente ligado al territorio, el ambiente, los recursos naturales y las demandas de desarrollo de la región. Sobre esa base, los primeros años de funcionamiento sirvieron para consolidar una identidad que después se tradujo en nuevas alternativas para los jóvenes de la zona.
Del territorio a nuevas disciplinas
Con el correr del tiempo, la llegada de nuevas carreras habilitó que la Universidad incursionara en otros campos de formación. Así, cada vez más estudiantes encontraron en Villa de Merlo una opción concreta para cursar estudios universitarios sin tener que emigrar.
Uno de los momentos clave de ese proceso fue la incorporación de carreras de grado y pregrado vinculadas con las ciencias ambientales, la ingeniería, la producción y las tecnologías. La apuesta por propuestas como las ingenierías ligadas a los recursos hídricos y al ambiente terminó de profundizar el sello distintivo de la institución.
Detrás de esa decisión hubo una premisa que acompañó a la UNLC desde el primer día: una universidad nacional debía generar oportunidades de formación en el propio territorio y, a la vez, aportar al desarrollo regional mediante la generación y transferencia de conocimiento.
Más aulas, más investigación, más vínculos
La formación profesional no fue el único frente que se expandió. A las carreras se sumaron actividades de investigación, extensión y vinculación, lo que permitió dejar atrás la etapa en la que el gran desafío era simplemente poner en marcha las primeras propuestas académicas.
El crecimiento también se notó en la matrícula. La comunidad universitaria se volvió cada vez más numerosa y el campus se transformó en un punto de encuentro para estudiantes llegados de distintas localidades y provincias. Cada nueva cohorte aportó sus propias historias y le dio otra dimensión a la vida universitaria merlina.
De ese modo, la UNLC ganó visibilidad en Villa de Merlo y en todo el Valle del Conlara, con una presencia que excedió lo estrictamente áulico.
Una universidad que sale al territorio
Otro eje que se fortaleció fue el vínculo con organismos públicos, instituciones educativas, organizaciones sociales y sectores productivos. Esa articulación permitió que muchas actividades universitarias se desarrollaran directamente en el territorio, por fuera de las aulas.
En paralelo, cobraron peso las propuestas de posgrado, capacitación y formación continua, que ampliaron la relación de la Universidad con profesionales y con distintos actores de la comunidad.
Para la UNLC, la expansión académica se convirtió en uno de los principales indicadores de su consolidación. La institución ya no era solo la que había abierto sus puertas con las carreras iniciales: se había transformado en una comunidad académica en crecimiento, con nuevas disciplinas, más estudiantes y una presencia cada vez mayor en la región.
Ese mismo crecimiento plantea ahora un desafío que la propia Universidad reconoce: contar con la infraestructura necesaria para acompañar la expansión.