Diez toros de una cabaña del Valle Medio pasaron por la manga: qué buscaban los veterinarios
Un grupo de profesionales recorre los campos del Valle Medio con una idea que puede cambiarle las cuentas a más de un productor: dejar de manejarse por costumbre y empezar a medir. La clave está en una ventana de tres meses que reordena todo el rodeo, y en lo que encontraron al revisar diez toros de una cabaña de la zona.
En buena parte de los campos del Valle Medio, las decisiones sobre el rodeo todavía se apoyan en lo que el abuelo aprendió y el padre repitió. Esa experiencia vale, pero tiene un problema: sin registros, nadie sabe si el año pasado el establecimiento ganó o perdió plata. La médica veterinaria Daiana Bastías trabaja justamente sobre esa grieta, al frente de un proyecto que busca reemplazar la costumbre por datos medibles.
Bastías egresó de la Universidad Nacional de Río Negro, da clases en esa misma casa de estudios y recorre establecimientos desde Darwin y Chimpay hasta Pomona, además de otros puntos de la zona cuando la actividad lo exige. Desde hace cerca de un año participa de una investigación que analiza el paso de un rodeo continuo a uno estacionado, con foco en indicadores productivos, reproductivos y sanitarios.
El problema de no medir
En los sistemas extensivos es posible completar un ciclo entero sin un solo indicador que permita comparar. Se tiene una sensación general de que al rodeo le fue bien o mal, pero sin números resulta imposible saber dónde estuvo el error ni dónde apareció una chance de mejorar.
“Vos ganás, perdés, o no te das cuenta y en realidad el año pasado estabas 50% arriba o tuviste una merma”, grafica la veterinaria.
La diferencia llega cuando los procesos empiezan a anotarse: cuántas preñeces hubo, en qué momento se dieron, cómo vienen las pariciones, en qué condición están los animales, qué calidad reproductiva tienen los toros y cómo está la sanidad. Todo eso se convierte en información para decidir. No alcanza con producir: hay que saber cómo se está produciendo.
Bastías detecta ahí una resistencia cultural difícil de mover: hacer las cosas como siempre porque “siempre se hizo así”. Lo resume con una frase que escucha seguido: “Mi abuelo lo hizo así, mi papá lo hizo así y yo toda la vida lo hice así y a mí me funciona”. El desafío, dice, es demostrar que se puede mejorar sin que los costos se disparen. “Con lo mismo o con menos pueden ganar mucho más teniendo ordenado todo el trabajo”.
Concentrar el servicio para ordenar todo lo demás
El corazón del proyecto es la diferencia entre un rodeo continuo y uno estacionado. En el primero, el toro convive con las vacas los doce meses. En el segundo se fija una ventana de servicio: en la región suele trabajarse con tres meses, por ejemplo entre octubre y diciembre, y después los machos se retiran. Ese cambio reordena toda la cadena posterior.
“La idea es pasar de rodeo continuo a rodeo estacionado, esa es la propuesta de la Universidad”, explica Bastías.
Si el servicio se concentra, las pariciones también. Y con pariciones agrupadas se pueden planificar mejor las tareas sanitarias, la alimentación, el seguimiento de los terneros y, más adelante, las ventas. La meta es llegar a esos tres meses de servicio y a un período de parición bien definido.
El sistema permite distinguir una “cabeza” y una “cola” de parición. Cuando la cola se estira demasiado, el dato deja de ser una curiosidad y se transforma en una alerta. Una parición retrasada puede estar señalando un problema reproductivo o sanitario, y ahí entra el diagnóstico veterinario. Entre las causas posibles aparecen las enfermedades venéreas, por eso importa controlar machos y hembras: en los toros se hacen raspajes para detectar tricomoniasis y campilobacteriosis, y en las vacas se realizan sangrados para diagnosticar brucelosis.
El toro no se elige solo por la vitrina
Una de las tareas específicas de Bastías dentro del proyecto es evaluar la calidad seminal de los toros. El trabajo incluye ejemplares de establecimientos con fuerte presencia en exposiciones ganaderas. Uno de los casos analizados es la cabaña El Encuentro, cuyos toros vienen cosechando buenos resultados en las principales muestras de la región. Allí se evaluaron diez animales.
La clave es que la apariencia o los antecedentes productivos no alcanzan para determinar la aptitud reproductiva. Un toro puede tener genética de elite y una presentación impecable y, aun así, mostrar en un momento puntual un problema en el semen. Por eso el análisis funciona como respaldo. “Nunca un solo eyaculado te va a dar un resultado final”, aclara la profesional.
La advertencia tiene peso: un resultado desfavorable no implica descartar al animal de inmediato. Puede tratarse de una situación transitoria o de una patología que afecta temporalmente la producción seminal. En esos casos hay que identificar la causa y seguir la evolución.
Cómo se evalúa un toro en la manga
El procedimiento arranca en el campo, en la propia manga. La extracción se hace por electroeyaculación, con estímulos sobre las glándulas accesorias del aparato reproductor. Una vez obtenida la muestra, el tiempo juega en contra: hay que mantenerla en condiciones controladas y analizarla rápido.
Primero va el análisis macroscópico: volumen, aspecto, coloración y pH. Una muestra demasiado diluida o con color fuera de lo normal ya da las primeras pistas. Después llega el estudio microscópico: motilidad masal, motilidad individual y concentración espermática, más el recuento de espermatozoides con cámara y las herramientas de medición que aporta la Universidad. Con todo eso se establece con precisión la calidad reproductiva del animal.
En los diez toros evaluados en El Encuentro los resultados fueron muy buenos. El dato importa porque son animales destinados a ser padres de rodeos y, potencialmente, a transferir genética a otros productores.
La genética que nace en el Valle y podría quedarse en el Valle
El paso siguiente es más ambicioso: aprovechar la genética de los toros producidos en la región para ofrecerla a otros productores a través de semen congelado. La idea es elaborar pajuelas que permitan usar esos reproductores en programas de inseminación artificial.
La lógica productiva es concreta. Los toros criados en el Valle Medio están adaptados al ambiente local, y esa adaptación puede ser una ventaja frente a reproductores de otras zonas que, aunque tengan excelentes antecedentes, necesitan atravesar un período de acostumbramiento o directamente no responden igual a las condiciones del lugar. “Son toros de acá, preparados para la zona”, sintetiza Bastías.
Para avanzar con las pajuelas falta infraestructura y respaldo de laboratorio. La extracción puede hacerse en la zona, pero el procesamiento, el congelado y la certificación deben pasar por un laboratorio habilitado. Ya hay conversaciones para articular el trabajo con un laboratorio de Neuquén mediante un convenio. La limitante principal es la inversión en equipamiento: existen máquinas que automatizan el llenado y sellado de las pajuelas a una velocidad muy superior al trabajo manual. La posibilidad técnica está, y también está la materia prima estratégica: genética producida y seleccionada en el propio territorio.
No alcanza con ordenar el servicio
Aunque la evaluación seminal ocupa un lugar central, el trabajo de Bastías va más allá de los toros. El proyecto también contempla pasturas, pastoreo, rotación y herramientas de manejo holístico. La razón es simple: ninguna variable por sí sola explica el resultado de un establecimiento.
Se puede tener un rodeo estacionado y bien planificado, pero si el campo no tiene alimento suficiente en el momento justo, el sistema igual falla. Por eso las decisiones deben ajustarse a cada establecimiento y a cada ciclo. Bastías pone el ejemplo de la sequía: si el pasto no alcanza para sostener a las vacas con sus requerimientos, el destete precoz puede volverse una necesidad.
“Depende mucho de la situación. Si estamos en sequía y no hay pasto, hago un destete precoz y ese año, en ese momento, es en lo que voy a estar centrado”, plantea.
La clave es no pensar cada herramienta por separado. Manejo del rodeo, alimentación, reproducción, sanidad y planificación tienen que formar parte de una misma estrategia.
Una palabra simple con impacto grande
Todo el trabajo apunta, en el fondo, a instalar una idea sencilla pero de alto impacto productivo: orden. Ordenar el servicio, las pariciones y la sanidad. Evaluar a los toros antes de usarlos. Medir resultados. Analizar el alimento disponible. Detectar problemas reproductivos. Comparar indicadores entre años y, con todo eso, decidir.
Así se deja atrás una producción basada solo en la costumbre y se avanza hacia sistemas donde cada decisión tiene respaldo. El proyecto junto a la Universidad Nacional de Río Negro sigue en etapa de investigación y necesita tiempo para mostrar resultados comparables, pero varias herramientas ya están disponibles para los productores: la evaluación reproductiva de los toros, el control sanitario, la planificación del servicio y la concentración de las pariciones.
En una región que busca consolidar una estructura agrícola-ganadera cada vez más diversificada, ese aporte profesional suma. El Valle Medio no solo necesita producir más: necesita producir mejor, medir lo que hace y aprovechar al máximo los recursos que tiene.
De la aeronáutica al campo
El recorrido de Bastías tiene una particularidad. Siempre estuvo cerca de los animales, pero al terminar la escuela técnica eligió otro rumbo y arrancó ingeniería aeronáutica en Córdoba. Duró un año. La ciudad y la distancia con su lugar de origen pesaron más que el buen rendimiento académico. Volvió y empezó veterinaria, esta vez sí terminó: hace cinco años se recibió en la Universidad Nacional de Río Negro.
Su vínculo con la producción viene de familia, ligada a pasturas, fardos y rollos, una actividad que le mostró de cerca la importancia de la alimentación y del manejo de recursos. Hoy combina la docencia con el trabajo de campo y la investigación. Vive en Darwin y desde ahí se mueve por una amplia zona del Valle Medio.
Su tarea refleja un cambio en el rol del veterinario dentro de los sistemas productivos. Ya no se trata solo de atender un animal enfermo o resolver una urgencia sanitaria: la mirada apunta a prevenir, medir, planificar y acompañar al productor en la toma de decisiones.
Proyecto “Cría bovina patagónica en transición hacia las Buenas Prácticas de Manejo”. Integrantes: Paola Fernanda Peralta; Verónica Mariela Favere; Alejandro José Larriestra; Alicia Laura Reumann; Vanesa Antonela Vistarop; Daiana Ailín Bastías; Virginia Susana Pitte.
